21 dic. 2006

Fill in the Blanks - Jugando con un texto de Deleuze

Cara Amiga,

A ver que le parece el juego que le propongo. Descubra cual es la palabra que falta en el siguiente texto de Deleuze:

"Bien comprendió Nietzsche, por haberlo vivido él mismo, en qué radica el misterio de la vida de _______________. _______________ se apropia las virtudes ascéticas -humildad, pobreza, castidad- para ponerlas al servicio de fines completamente particulares, inesperados, en verdad muy poco ascéticos. Hace de ellos la expresión de su singularidad. No son en su caso fines morales, ni medios religiosos para alguna otra vida, sino más bien los «efectos» de la filosofía misma. Pues no hay en absoluto otra vida para _____________. Humildad, pobreza y castidad se vuelven de inmediato efectos de una vida particularmente rica y sobreabundante, tan poderosa como para haber conquistado el pensamiento y puesto a sus órdenes cualquier otro instinto, efectos de lo que Spinoza llama Naturaleza: una vida que ya no se vive conforme a la necesidad, en función de medios y fines, sino conforme a una producción, una productividad, una potencia, en función de causas y efectos. Humildad, pobreza y castidad son su (de _____________) manera de ser un Gran Viviente y de hacer de su propio cuerpo el templo de una causa demasiado orgullosa, demasiado rica, demasiado sensual. De modo que, atacando a _____________, cae uno en la vergüenza de atacar una apariencia modesta, pobre y casta, lo cual centuplica la rabia impotente; y _____________ no ofrece dónde hacer presa, aunque sea presa de todos los ataques.
Ahí recibe todo su sentido la soledad de _____________. Pues no puede integrarse en medio social alguno, no casa con ninguno."


Atentamente,

Teófilo.

20 nov. 2006

Flavio Josefo y ciertas formas de la muerte (final)

Mi querido Teófilo,
Sé que la lectura del extensísimo discurso que vengo hoy a terminar de transcribir se volverá harto incómoda por no contar con la fluidez de las páginas. Pero creo que si se aviene en disponer todos los pertrechos para gozar una hora de su tiempo sin nada ajeno que perturbe su tranquilidad y atención podrá realizar la lectura sin pausa de estas cinco epístolas, que bien podrían reunirse bajo un mismo acápite si algún otro quisiese redactarlo. Así, con esa disposición serían sorteadas las dificultades técnicas imbricadas en el soporte de las epístolas...
No le distraigo más con mis disquisiciones y consideraciones. He aquí el final del discurso:
"Sabéis que no hubo ciudad siria que no acuchillase a los judíos con más crueldad que los romanos. Incluso los damascenos, sin pretexto alguno, llenaron su población de cadáveres de nuestra gente, degollando a dieciocho mil judíos con sus mujeres e hijos. Los muertos y atormentados en Egipto sabemos que fueron más de sesenta mil. Perecieron en tierra extraña sin que nada se opusiese a los enemigos. ¿No teníamos sobradas razones para esperar la victoria los que luchamos contra los romanos en nuestro país? Poseríamos armas, murallas, fortalezas inexpugnables y valor para defender nuestra independencia, por la que nos sublevamos. Pero estas ventajas no nos bastaron más que por corto tiempo y solamente inflamaron nuestras esperanzas antes de acabar siendo el origen de nuestras miserias. Todo fue a parar a las manos del enemigo como para hacer más glorioso su triunfo, y no para salvación de quien lo había preparado. Sin duda son bienaventurados los que murieron en la guerra, porque cayeron defendiendo, y no traicionando, su libertad. ¿Y quién no tendrá compasión de la enorme muchedumbre sojuzgada por los romanos? ¿Y quién no se apresurará a morir antes que sufrir sus mismas desventuras? Algunos perecieron en el potro, bajo los azotes o en el fuego; otros fueron medio devorados por las fieras, y reservados para ser devorados del todo, a fin de que nuestro enemigo se ría y se divierta. Y los que viven aún son más desgraciados que ellos, porque ansían una muerte que no llega. ¿dónde está la gran ciudad, la metrópoli de la nación judía? Muchos muros la rodeaban, muchas fortalezas y altas torres la defendían, apenas tenía cabida para tantas armas y sus defensores se contaban por decenas de millar. ¿Dónde está la ciudad convencida de que Dios habitaba en ella? De raíz ha sido destruida, y sólo tiene un monumento: el campamento de sus destructores que se yergue sobre sus ruinas. Algunos desventurados ancianos se revuelcan en las cenizas del templo, y hay algunas mujeres con vida para que el enemigo cometa sus torpezas. ¿Quién rumiará estas cosas y se sentirá con fuerzas para ver la luz del sol, aunque viva exento de peligro? ¿Quién es tan enemigo de su patria o tan poco viril que no se arrepienta de haber vivido hasta ahora?¡Ojalá hubiésemos muerto antes de presenciar la ciudad demolida por manos hostiles y el santo templo borrado de la faz de la tierra! Pero ya que nos había animado la ilusión de poder vengarnos, advertid también ahora que, siendo todo vano, salvo nuestra desesperación, debemos morir con bravura. Apiadémonos de nosotros mismos, de nuestras mujeres y de nuestros hijos mientras podemos. Nacimos para fallecer y para lo mismo nacieron los que engendramos. Los fuertes no evitarán la muerte. No es natural ni obligado que abusen de nosotros, que nos esclavicen, y que nuestras mujeres y nuestros hijos sufran afrentas. Esto lo toleran los cobardes que no eligen la muerte que en su mano tienen. Nos rebelamos contra los romanos confiados en exceso en nuestra valentía y no prestamos oídos a sus invitaciones de salvación. ¿Por ventura existe alguien que niegue su ira contra nosotros si nos toman vivos? ¡Desdichados serán los jóvenes cuyo robusto cuerpo soporte los tormentos! ¡Desventurados serán los hombres maduros incapaces de soportarlos! Tendrán que oir con las manos atadas la voz de su hijo pidiendo socorro. Pero nuestras diestras están libres aún, sostienen una espada que reclama ser empleada con gloria. ¡Burlemos, pues, la esclavitud! ¡Salgamos de este mundo en libertad con nuestras familias! Lo exigen nuestras leyes, lo impetran nuestros hijos y nuestras esposas. Dios nos ha puesto en tal necesidad. Los romanos, por el contrario, temen que muramos antes de que nos capturen. Apresurémonos, pues, a dejarles, en lugar del gozo que esperan en perjuicio nuestro el estupor por nuestra muerte y la admiración por nuestro valor."
Mis cariños para usted.
Teófila.

17 nov. 2006

Flavio Josefo y ciertas formas de la muerte (cont)

Mi querido Teófilo,
Continúo pues con el discurso que le estoy transcribiendo desde hace varias epístolas ya (1, 2, 3):
"Supongamos que nos hubieran criado en la creencia de que el sumo bien es el vivir y el peor mal fallecer; las presentes circunstancias nos enseñan, no obstante, que debemos soportar el trance con valor, pues es voluntad de Dios y además ineludible. Dios, según parece, determinó que toda la nación judía se viese privada de una vida que sabía no emplearíamos debidamente. No echéis la culpa de vuestro estado actual a vosotros mismos, ni creáis que los romanos son los causantes de que todos perezcamos. Estas cosas no han sucedido por su poder. Ha intervenido una causa más poderosa, haciendo que les ofreciésemos la oportunidad de convertirse en vencedores. ¿Con qué armas murieron los judíos de Cesárea? No pensaban rebelarse, celebraban la fiesta del día séptimo, no habían movido un dedo contra los ciudadanos de Cesárea, pero éstos se arrojaron en tropel sobre ellos, los degollaron, acuchillaron a sus mujeres e hijos, sin respeto alguno de los romanos, que no nos trataron como enemigos hasta que nos sublevamos. Pero quizá alguien diga que el pueblo de Cesárea estaba en discordia constante con los nuestros y que aprovecharon la menor ocasión para saciar su antiguo rencor. ¿Qué diremos entonces de los de Escitópolis, que se atrevieron a hacer guerra con nosotros por causa de los griegos? No se aventuraron a juntarse con nosotros para tomar venganza de los romanos. Ya veis cuán poco nos aprovechó nuestra lealtad y benevolencia para con ellos. Fueron despedazados y muertos con sus familias, lo que fue la recompensa por haberles ayudado, porque la destrucción de los otros que habían querido impedir, la sufrieron también como si fueran culpables. Sería interminable contar todo lo sucedido."

Mi estimado, quizás en la próxima pueda terminar la transcripción...
Con afecto.
Teófila.

11 nov. 2006

El piano de Mine Kawakami

Cara Teófila,

Estoy segura que disfrutaría de esta villa en la que resido tanto como yo. Ayer tuve la oportunidad de asistir a una pequeña tertulia en el Colegio Fonseca en la que Mine Kawakami -hija del Representante ante la Cristiandad del Emperador de Cipango- brindó un brillante concierto de pianoforte para solaz de los asistentes.

Varias cosas podría contarle de esta joven algo nómade que a contrapelo de mis temores no nos brindó un largo y soporífero concierto sino todo lo contrario. Intercalaba explicaciones de sus obras a la manera -con vuesa licencia- de la música programática: podrá entender que las dulces explicaciones en un torpe castellano de esta sencilla artista hacían en sí mismas las delicias de todos nosotros. El concierto versó sobre Cipango y el Nuevo Mundo. Del País del Sol Naciente y del Alto Perú trajo sus recuerdos de infancia y sus viajes, en la que su curiosidad y capacidad de asombro ante las maravillas de la naturaleza, las leyendas y la delicadeza humana, se transformaba en bellos y breves piezas de música muy ecléctica en el estilo. De su amada Cuba trajo el relato que ya conocerá de admiración ante la idiosincrasia caribeña frente a la situación de carencia, transformado en tumbaos, ese sonido tan tradicional de pianoforte cubano tocado casi como percusión (sólo le encontré un ejemplo, -de otro artista y no demasiado bonito- en el que el tumbao del pianoforte está en el fondo). Igualmente puede escuchar 1, 2, 3, y hasta 4 breves extractos de la música de Mine.

No se olvide entonces de viajar, de asombrarse y de crear.
Suyo como siempre.
Teófilo.

PD: No se crea que me olvido del otro asunto, ya hablaremos luego.

10 nov. 2006

Flavio Josefo y ciertas formas de la muerte (cont)

Mi querido Teófilo,
Tal como le prometí, le transcribo en parte la continuación del discurso cuyo comienzo ya le envié en mi anterior:
"Grande fue mi error al pensar que ayudaba a hombres valerosos que peleaban por la libertad con voluntad de vivir con honor o morir. Pero veo que no sois mejores que los demás en audacia ni en valentía. La muerte os arredra, aunque os libraría de miserias indecibles, como si debiéseis dilatarla o esperar que alguien os aconsejase. Desde antiguo, desde que tenemos razón, las leyes de nuestra patria y Dios nismo nos enseñaron de continuo, tanto a nosotros como a nuestros abuelos, que corroboraron la doctrina con sus actos y con su fortaleza de alma, que la vida es triste para el hombre, no la muerte. Ésta liberta nuestras almas y las envía a un lugar puro, donde serán insensibles a las desdichas. El alma, mientras sigue ligada al cuerpo, sufre sus miserias, y, a decir verdad, ambos están como muertos, porque la unión de lo divino con lo mortal es desagradable. Ciertamente, grande es el poder del alma, incluso prisionera de un cuerpo perecedero, porque se sirve de él como de instrumento, le anima interiormente y le obliga a hacer cosas ajenas a su mortal naturaleza. Sin embargo, en cuanto queda exenta del peso que la hace gravitar hacia la tierra, relacionándola con ella, va al sitio que le es propio y disfruta del bendito poder y de las facultades cuyos resultados y acciones no se pueden impedir. Es invisible tanto a los ojos humanos como al mismo Dios, porque ni aún estando en el cuerpo es posible verla. Llega a él de una manera invisible y tampoco es perceptible cuando de él se desprende. Posee un naturaleza libre e incorruptible; no obstante, causa el cambio del cuerpo, porque dondequiera que haya alma, habrá vigor y vida, y de dondequiera que se aparte, lo abandonado se marchita y fenece. Tanto lo excede en inmortalidad. Probaré lo que digo refiriéndome al sueño, en el que las almas, en sí recogidas, libres de la distracción de las opresiones corporales, descansan dulcemente y conversan con Dios por el parentesco que con Él tienen. Están en todo lugar y presienten las cosas futuras. ¿Por qué tememos, si nos complacemos con el descanso del sueño? ¿No es absurdo perseguir la libertad mientras vivimos, y espantarnos de la que es eterna? Nosotros, criados en esta doctrina, debemos transformarnos en un ejemplo para los demás con nuestra presteza en morir. Si necesitamos ajena corroboración en este asunto, fijémonos en los indios que profesan la filosofía. Estos varones buenos soportan de mala gana la vida, como una servidumbre necesaria, y procuran libertar sus almas de sus cuerpos. Tal es su deseo de existencia inmortal, que, sin desgracias ni enfermedades que lo justifiquen, dicen a los demás que que están a punto de irse. Nadie lo impide; todos los llaman dichosos y les entregan mensajes para sus familiares difuntos, con tanta firmeza y certidumbre creen que las almas conversan entre sí en el otro mundo. En cuanto oyen los recados que deben dar en el más allá, entregan sus cuerpos al fuego y, a fin de que el alma se separe pura del cuerpo, se extinguen en medio de himnos de alabanza; sus amigos íntimos los acompañan a la muerte con mayor enterza que el resto de los humanos cundo despide a los que salen de viaje. Después lloran por sí mismos, considerando bienaventurados a los otros al ver que se incorporan al número de los seres inmortales. ¿No nos avergonzaremos de ser menos sabios que los indios? ¿Despreciaremos por cobardía las leyes de nuestro país, que toda la humanidad imita?"

Con afecto.
Teófila.

8 nov. 2006

Flavio Josefo y ciertas formas de la muerte (cont.)

Mi querido Teófilo,
Espero no le apabulle el alud de cartas que le estoy enviando. No sé si es el aire de estas tierras o qué, pero algo hay que me ha provocado cierta especie de febrilidad extraña pues es muy pausada y metódica. En fin...
En mi última misiva le proponía detenernos en unos párrafos de "La Guerra de los Judíos" de Flavio Josefo. A continuación le transcribo estos otros:
"Hace mucho, compañeros míos, resolvimos no servir a los romanos ni a otro Dios que el nuestro, el único verdadero, Señor de la humanidad, y ha sonado el momento de poner en práctica nuestra resolución. No incurramos ahora en contradicciones. Decidimos eso cuando no estábamos en peligro; en este instante debemos pensar no sólo en el cautiverio, sino en otros castigos insoportables, es decir, en el supuesto de que los romanos nos capturen vivos. Fuimos los primeros en sublevarnos, y los últimos en pelear. Y creo que es una gracia divina que podamos morir aún sin dilación, y libres, a diferencia de todos los otros que fueron vencidos inesperadamente. Es cosa cierta que triunfarán de nosotros en el espacio de un día, pero tenemos la facultad de perecer gloriosamente con nuestros más caros amigos. El enemigo, aunque desee capturarnos vivos, no logrará evitarlo. Vemos claramente que es imposible vencerlos. Tuvimos que conocer la voluntad de Dios desde el principio, cuando, codiciando defender nuestra libertad, nos sucedía mal todo lo que emprendíamos, por culpa nuestra y por la de nuestros enemigos; tuvimos que comprender que la nación judía, antaño favorecida de Dios, estaba condenada a la destrucción, porque si El nos ayudara, o sólo estuviera levemente irritado contra nosotros, jamás hubiese permitido que sucumbieran tantos hombres o que nuestra ciudad santa fuese quemada y demolida por el adversario. Débil era la esperanza de ser los únicos que nos salváramos, de que conserváramos nuestra libertad, como si no hubiésemos pecado contra Dios, ni hubiésemos sido partícipes en los pecados de los demás. Mas, al menos, enseñamos a los otros hombres a luchar por su independencia. Por consiguiente, considerad cómo Dios nos ha convencido de lo vano de nuestras ilusiones poniéndonos en una situación en la que nos vemos impotentes. No nos ha aprovechado la naturaleza de estas defensas inexpugnables. El mismo Dios se encarga de desengañarnos, a pesar de nuestra abundancia de víveres, de armas y de otros pertrechos. El fuego que se lanzó contra nuestros enemigos, se volvió después de su propio grado contra nuestra muralla. Así pagamos nuestros muchos pecados, que cometimos como locos y soberbios contra nuestros compatriotas; recibimos el castigo, no de mano de nuestros grandes enemigos, los romanos, sino de Dios. Castiguémosnos con nuestras manos, que serán más moderadas que las del contrario. Permitamos que nuestras mujeres perezcan sin injuria y que nuestros hijos mueran sin probar el amargo sabor de la libertad. Una vez hayan expirado, hagámonos mutuamente ese favor para ser libres, y conquistaremos gloriosa tumba. Pero antes quememos nuestro dinero y la fortaleza, pues seguro estoy de que los romanos lamentarán no poder apresar nuestros cuerpos ni nuestras riquezas. Dejemos solamente los víveres como testimonio de que no sucumbimos de hambres, sino de que preferimos la muerte al cautiverio, como determinamos al principio."

Mi dilecto, anhelo interesarle en estas lecturas que le propongo y prometo en las próxima epístolas enviarle la continuación y final de este discurso, ya que su extensión es tanta que he debido parcelarlo en sendas misivas.
Con afecto, y recompense al carbonero por su solicitud al hacerle llegar mis cartas.
Teófila.

5 nov. 2006

Flavio Josefo y ciertas formas de la muerte

Mi queridísimo Teófilo,
¿Tiene usted ya en sus manos la copia de los textos de Flavio Josefo? Es de esperar que así sea...
Y si así es, y la copia obra en su poder, ¿qué le parece detenernos en estos párrafos?:
"Amigos míos, ¿por qué deseamos tanto darnos muerte? ¿Por qué levantamos la discordia entre dos cosas tan unidas como son el alma y el cuerpo? ¿Pretenderá alguien que no soy el mismo hombre de antes? Los romanos harto saben de esto. Es hermoso perecer en la guerra, pero según las leyes de la guerra, a manos de los vencedores. Si, por tanto, pido misericordia a los romanos, merezco morir por mi mano y con mi espada; pero si ellos consideran digno de perdonar al enemigo, ¿cuánto no más justamente debemos nosotros perdonarnos los unos a los otros? Gran locura es hacer a nosotros mismos lo que ellos intentaron. Confieso abiertamente que es brava cosa morir por la libertad, pero en la batalla y por los que procuran quitárnosla. Ahora nuestros enemigos no nos esperan en orden de combate y no nos quieren matar. Tan cobarde es el hombre que se niega a morir cuando debe, como el que lo pretende cuando pasó la sazón. ¿Por qué tememos presentarnos ante los romanos? ¿Nos arredra la muerte? Pues lo que tenemos miedo que nos den los enemigos, ¿lo buscaremos por ventura nosotros mismos? Diréis que seremos esclavos. ¿Somos muy libres en este instante? Tal vez digais que es cosa de varón fuerte matarse a sí mismo. Pero yo os aseguro que es de hombre muy cobarde, pues estimo que lo es el piloto que, temeroso de la tempestad, hunde el barco para evitarla. El suicidio es un crimen muy ajeno a la ntauraleza de todos los animales, ejemplo de impiedad contra Dios, Creador nuestro. No hay ningún animal que se de él mismo la muerte, que la busque por su voluntad. Ley común a todos es desear la vida, por cuyo motivo tenemos por enemigos a quienes atentan contra ella, y los que lo perpetran a traición son castigados. ¿No creéis que Dios se enoja mucho cuando una de sus criaturas maltrata lo que El le concedió? De El recibimos el ser; debemos, pues, también dejar a su voluntad el acto de arrebatárnoslo. Los cuerpos de todos los hombres son mortales y fueron creados de materia corruptible; pero el alma es inmortal, es la porción de divinidad que anima nuestros cuerpos. Si se destruye o se abusa de lo que un hombre nos dejó en depósito, somos tachados de pérfidos; si alguno expulsa de sus cuerpo este divino depósito, ¿imagina acaso que lo ignora Aquél a quien ofende? Nuestras leyes permiten castigar con justicia al esclavo que huye de su señor, aunque éste sea perverso. ¿Y procuraremos huir de Dios, que es el mejor de los señores, sin pensar que nos hacemos culpables de impiedad? ¿Ignoráis que los que acaban su vida naturalmente y pagan su deuda a Dios, cuando Este quiere ser pagado, gozan de eterna dicha y tanto su casa como su posteridad permanecen? Sus almas quedan puras, alcanzan un lugar muy santo en el cielo y vuelven, con el girar de las edades, a gozar de cuerpos limpios, mientras las de aquéllos que usaron sus manos contra sí mismos s en hunden en los más sombríos parajes del Hades, y Dios, su Padre, castiga a los ofensores en su posteridad. Por cuya razón Dios aborrece talos actos, y el crimen es sancionado por nuestro más sabio legislador. Nuestras leyes establecen que el cuerpo del suicida permanezca insepultado hasta que cierre la noche, siendo, en cambio, lícito enterrar aún a nuestros enemigos. Las leyes de otras naciones mandan cortar las manos de los muertos que las emplearon en arrebatarse la vida, reconociendo que lo mismo que el cuerpo es ajeno al alma, la mano es distinta del cuerpo. Por consiguiente, amigos, es necesario juzgar bien, y no añadir a las calamidades nacidas de los hombres una ofensa contra nuestro Creador. Si queremos salvarnos, hagámoslo; no será inglorioso lograrlo por medio de nuestros enemigos, a quienes hemos dado tantas muestras de valor. Y si nos decidimos a morir, será muy honroso hacerlo por las manos de los que nos prendan. No correré al campo de mis enemigos para ser traidor a mí mismo, porque sería entonces mucho más loco que los que de grado lo hacen. Estos procuran conservar sus vidas, yo lo haría en busca de mi propia muerte. En verdad deseo que los romanos me quiten la vida; si ellos me matasen habiendo prometido respetarme, moriré con alegría llevando conmigo su perfidia como consuelo más grande que la misma victoria."

En espera de su correo y con afecto inclaudicable.
Teófila.

2 nov. 2006

Flavio Josefo y una cierta ruda maravillosa y una cierta baaras y ciertos manantiales y pechos.

Mi querido Teófilo,
¿Recuerda cuando le hablaba de Josefo entre otras cosas? Pues bien, hogaño traigo para su solaz un extenso párrafo del mismo aquel libro de antaño.
"En aquel lugar -refiérese Josefo a Maqueronte- crecían plantas de ruda maravillosa, pues no era inferior ni en altura ni en grosor a una higuera de tamaño normal. Decían que ya existía en tiempos de Herodes y hubiera vivido más aún si no la hubieran cortado después los judíos que se apoderaron de la plaza. En el valle que limita la ciudad por septentrión hay un punto llamado Baaras, que produce una raíz del mismo nombre: tiene el color de la llama y hacia el aterdecer despide un rayo semejante a una exhalación. No se deja arrancar, sino que se escapa de las manos, a menos que se la riegue con orina de mujer o con flujo menstrual, y aún así los que la tocan tienen la muerte segura si no la llevan arrastrando con las manos. También existe otro modo inocuo de desarraigarla, que es el siguiente: se excava en torno de la raíz hasta que queda casi al descubierto y se ata entonces a ella un perro, que, al intentar seguir a su dueño, la arranca cayendo muerto, después de lo cual se puede coger sin miedo. Todas esas molestias para cosecharla se ven recompensadas con una gran virtud: si se lleva a los enfermos, aleja inmediatamente los demonios, llamados asimismo espíritus malos, que se apoderan de los hombres y los matan si no se los socorre. Nacen también fuentes de agua caliente de diferente sabor, amargo el de unas, dulce el de otras; y manantiales de agua fría, unos tras otros, no sólo en los lugares bajos. Pero, lo cual es más admirable, hay cierta cueva poco profunda, cubierta por el resalte de una roca, encima de la cual se ven dos pechos, por así decirlo, a escasa distancia el uno del otro, de los que brotan, respectivamente, un manantial de agua helada y otro de agua hirviendo, mezcladas las cuales se obtiene un baño muy grato. Sirven de remedio para muchas enfermedades, sobre todo las nerviosas. En aquel mismo sitio se encuentran minas de azufre y de alumbre."

Para quien me escribe las palabras de Josefo que cito rememoran historias sobre la mandrágora y otras tantas sobre hechos acaecidos a Fray Servando en los jardines del rey. Ya entretendré sus ojos con estas dichosas historias, mi amigo.

Con afecto.
Teófila.

23 oct. 2006

Savater en la casa del Duque de Alba

Cara Teófila,

El franciscano Fernando Savater fue requerido por una citación de la Santa Inquisición a viajar a la ciudad que me acoge. Enterado de esto, el Duque de Alba le extendió una invitación ya que no quiso perder la oportunidad de codearse con este intelectual requerido por diversas cortes europeas. Así, organizó una velada en su palacio al que fueron invitados unos pocos, pero a la que otros cuantos se nos fue franqueado el paso, quedándonos de pie en los altos del salón mientras los invitados comían, a la espera de las palabras del filósofo.

La disquisición de Savater discurrió sobre la educación y, en particular, acerca de la importancia de formar al príncipe –entendiendo a éste con un sentido universalizador de la condición humana, Vd. comprenderá. Me resultó vigorizante la forma en que construyade su discurso alrededor de la Ética y con herramientas estrictamente filosóficas, aunque con moderadas conclusiones, dada su condición.

Le transcribo algunas de sus palabras, de acuerdo al espejo de mi lábil memoria.
“En este país la gente se enorgullece de mantener sus opiniones a lo largo de toda la vida. Aprenden tres o cuatro cosas a los veinte años y se quedan con ella hasta usar bastón. Imaginaros cuando hace millones de años alguien propuso bajar de los árboles, qué hubiera pasado si se le hubiera hecho caso a la opinión mayoritaria de quedarse arriba de los árboles, donde era evidente que todos estábamos más seguros”
Con respecto a ciertas demandas de sectores conservadores acerca de procesos actuales de liberalización de la enseñanza, Savater puntualizó que dichos sectores “cuando son débiles piden libertad de acuerdo a los principios de los otros y cuando son fuertes niegan dicha libertad a los demás de acuerdo a sus propios principios”.
Finalmente emitió una opinión, tomada si mal no recuerdo de Hannah Arendt, que reza que “para que los alumnos sean revolucionarios, los maestros deben ser conservadores” , ya que en caso contrario los alumnos son meras herramientas de las ideas del docente y tienen dificultada para la reacción. Al respecto de esta última no puedo definirme entre aceptarla con una racional simpatía o temerla por el doble filo que acompaña muchas veces a la recta ratio.

Espero que los sofocos estacionales no la inhiban de disfrutar los placeres de esta corta vida que nos ha tocado en gracia. Aquí de momento las lluvias arrecian.
Suyo,
Teófilo.

17 oct. 2006

Dilthey citado en las tertulias de Spinoza y sus amigos

Paciente Teófila,

A raíz de la injusta expulsión de Spinoza, estuve repasando algunas de las notas que tomé cuando obligado por las circunstancias debí recalar un tiempo en Ámsterdam, donde tuve el muy poco frecuente honor de asistir a algunas de esas maravillosas tertulias con hombres como Spinoza, Juan de Prado y otros emigrados españoles. En uno de los coloquios de ese inquietante cenáculo, el judío nos transmitió parte de una conferencia sobre el concepto de Paradigma dictada por Dilthey, a quien Spinoza valoraba enormemente por su sentido de la tolerancia:

“Este universo inmenso, inabarcable, inescrutable se refleja de vario modo en los videntes religiosos, en los poetas y en los filósofos. Todos están sometidos al poder del lugar y de la hora. Toda concepción del mundo está condicionada históricamente; por tanto, es limitada, relativa. Parece resultar de esto una tremenda anarquía del pensamiento. Pero precisamente la conciencia histórica, que ha provocado esa duda absoluta, puede también determinar sus límites. En primer lugar, las ideas del mundo se han diferenciado según una ley interna. Aquí mis ideas se remontaron a las grandes formas fundamentales de ellas, tales como acababan de presentárseme mientras sonaba, en la imagen de los tres grupos de filósofos. Estos tipos de visión del mundo se afirman unos junto a otros en el curso de los siglos. Y en segundo lugar, el principio liberador; las concepciones del mundo se fundan en la naturaleza del universo y en la relación del espíritu finito que las concibe con ellas mismas. Así, cada una de ellas expresa, dentro de nuestros límites intelectuales, un aspecto del universo. Todas son, por ende, verdaderas. Pero todas son unilaterales. Nos está vedado contemplar juntos esos aspectos. Sólo podemos ver la pura luz de la verdad en un rayo refractario de distintos modos.”

Sólo ahora es que reparo en el hecho de que la solución adoptada por Dilthey es de alguna manera un "compromiso místico" entre materialistas e idealistas, lo que me deja en la más espantosa soledad ontológica.

De todos modos jovial, la saluda como el primer día.

Teófilo.

7 oct. 2006

Spinoza quitado de la protección de sus pares

Spinoza - Foto: WikipediaPaciente Teófila,

Sabe Vd. que a veces mis preocupaciones exceden con muchos mis atenciones a vueso afecto y gracia, pero me ha escrito un amigo desde Amsterdam para relatarme con pena las circunstancias en las que Spinoza fue expulsado de la sinagoga. Le transcribo la rabiosa fórmula con la que se lo han comunicado. "Excomulgamos, maldecimos y separamos a Baruch de Espinosa, con el consentimiento de Dios bendito y con el de toda esta comunidad; delante de estos libros de la Ley, que contienen trescientos trece preceptos; la excomunión que Josué lanzó sobre Jericó, la maldición que Elias profirió contra los niños y todas las maldiciones escritas en el libro de la Ley; que sea maldito de día, y maldito de noche; maldito cuando se acueste y cuando se levante; maldito cuando salga y cuando entre; que Dios no lo perdone; que su cólera y su furor se inflamen contra este hombre y traigan sobre él todas las maldiciones escritas en el libro de la Ley; que Dios borre su nombre del cielo y lo separe de todas las tribus de Israel, etc."

Triste fórmula de perseguidos devenidos en perseguidores, donde quedan patentes ciertas regularidades en la bajeza del comportamiento humano.
Invariablemente suyo,
Teófilo.

6 oct. 2006

Boas y el particularismo histórico

Cara Teófila

Me pareció procedente enviaros unas breves notas que estuve haciendo acerca de Franz Boas

Los antecedentes
Luego de los prejuicios etnocentristas de la Ilustración y a la luz de las teorías evolucionistas decimonónicas, se empezaban a agolpar a las puertas de la Antropología un cúmulo de teorías cada cual más temeraria que, basándose en datos sesgados, establecían relaciones entre elementos culturales distantes o formas de determinismo cultural sin criterios científicos claros. Aparece en escena Franz Boas (1858-1942), fundador del primer departamento universitario de Antropología en EE.UU., para exigir una profesionalización de la investigación de campo y sobre todo para atacar un uso descuidado del método comparativo que hubiera parecido inaceptable a los mismos Morgan o Tylor.

La Posición de Boas
Boas postula que el trabajo de campo y la recogida de datos son más importantes, más prestigiosos y más científicos que la teorización a cualquier escala, grande o pequeña. Además, para el antropólogo doctorado en Kiel, la difusión es más fácil de justificar que las causas internas independientes como las que defiende el evolucionismo. En “The Limitations of the comparative method” Boas no pone en duda la existencia de muchas y notables semejanzas culturales que no podrían explicarse por difusión, pero afirma que esto no basta para dar por establecida la uniformidad de la historia. Este posicionamiento que lo acompañó a lo largo de su vida lo llevó a un purismo metodológico que despreciaba las generalizaciones en las que siempre encontraba casos negativos. Pero con las probabilidades reemplazando a las certezas mecanicistas en los nuevos horizontes abiertos por la teoría de la relatividad y la mecánica cuántica, Marvin Harris se pregunta por qué entonces los antropólogos deberían exigir a sus leyes que no admitieran excepciones. Boas, de todos modos, sostuvo que la acumulación de datos etnográficos crearía necesariamente las bases para la generalización, una afirmación que según el citado Harris tiene grandes debilidades. La primera de ellas es que una recogida de datos sin hipótesis nos llevaría necesariamente a nuestra conclusión inicial acerca del carácter caótico de la naturaleza, algo derrotista para un científico social. Además, es claro que en cualquier estudio de campo no sólo se recogen ciertos hechos, sino que a la vez se de-jan otros atrás, y esto sucede independientemente de que la investigación esté orientada por una hipótesis formal consciente o no lo esté. De aquí se desprende un error filosófico básico: no existe una recopilación “objetiva” de datos; aunque se haga siguiendo ideas eclécticas, el trabajo de campo se basa en una serie de premisas que condicionarán los muestreos, aunque éstos luego se intenten presentar como variables objetivas. En este sentido fue paradigmático el amplísimo estudio que hizo Boas acerca de los kwakiutl y en particular del potlach, criticado posteriormente por ser un análisis demasiado influido por una visión emic, es decir, que tomaba demasiado en cuenta los puntos de vista de los protagonistas culturales.

El legado:
Su acercamiento a posiciones neokantianas así como su completo rechazo al materialismo es entendible en un momento de avance del marxismo, pero no se debe mezclar a la ligera sus posiciones antievolucionistas y contrarias a la generalización en las ciencias sociales, con aquellas de otros contemporáneos suyos que veían en el avance de la ciencia un ataque a la moral dominante. La lista de los antropólogos que de entre los discípulos de Boas alcanzaron fama e influencia da testimonio de su importancia capital en la historia de la disciplina, y me permito citar a cuatro entre tantos otros: Kroeber, Lowie, Sapir y Benedict. Su contribución más importante tal vez sea el desarrollo del trabajo de campo, en una época en la que muchos de sus contemporáneos eran incapaces de so-meterse a una disciplina científica. Sus últimas palabras antes de morir fueron para otra de sus grandes luchas dentro y fuera de la Antropología: la necesidad de una constante vigilancia contra el racismo.

Entonces Teófila, espero que no haya abusado de vuesa infinita paciencia.
Teófilo

Bibliografía:
Harris, Marvin, El Desarrollo de la teoría antropológica, Madrid, Siglo XXI, 2005 Bohannan, P.-Glazer, Marc: Antropología, Madrid, McGraw Hill, 1992

3 oct. 2006

Marguerite Yourcenar: Mishima o la visión del vacío

Cara Teófila,

Por ese extraña dificultad que plantea a veces coger los libros necesarios para el progreso académico, busqué en mi magra biblioteca alguno que no tuviera la más mínima utilidad formal. Encontréme entonces con uno de los últimos obsequios que Vd. me hiciere, el ensayo sobre el escritor japonés Yukio Mishima de vuesa querida Marguerite Yourcenar.

Debo decirle que sus párrafos no terminaban de convencerme. A veces las problemáticas de corte psicológico suelen mostrárseme algo farragosas, así cómo los análisis de obras que no he leído, por mi poca paciencia antes las opiniones que no puedo rebatir. Sin embargo, mantuve cierto interés tal vez por el morbo de conocer los detalles de un suicidio cuyo sabor promete Marguerite desde las primeras páginas, a lo que se sumaba mi inveterado interés por las biografías de todos aquellos que luchan denodadamente por salir del vacío de un ADN nunca suficientemente diferenciador. O eso creí durante 130 páginas en las que no esperaba más que cierto exotismo de una escritora cosmopolita y misteriosa, hasta que en las últimas páginas el título se volvió estremecedor: “La visión del vacío”. Un alegato al polvo, dos cabezas cortadas, esa muerte de Mishina que en su gratuidad tan absoluta nos quita incluso la autocomplacencia de juzgarla inútil para así calmar nuestra conciencia. Y el regalo de un impresor descuidado o absolutamente delicado que nos entrega al final del libro dos hojas en blanco, las páginas más vacías que he leído desde que un colombiano bonachón cerrara su novela recordando la antigua admonición de que al último “se lo están comiendo las hormigas....

Teófilo

1 oct. 2006

La modestia intelectual de Spinoza y Descartes

Spinoza - Foto: WikipediaCara Teófila,

Bien sabe Vd. que Spinoza en la escuela del ex-jesuita Van den Ende no sólo aprendió latín, física y matemáticas sino también el novedoso cartesianismo. Fíjese entonces como a la manera de Descartes en la introducción al Discurso del Método, el holandés expulsado de la sinagoga inaugura su Tractatus de intelectus emendatione con una justificación introspectiva. Dice Spinoza que después que la experiencia le: “ha enseñado que todas las cosas que suceden con frecuencia en la vida ordinaria son vanas y fútiles, como veía que todas aquellas que eran para mí causa y objeto de temor, no contenían en sí mismas ni bien ni mal alguno a nos ser en cuanto a mi ánimo era afectado por ellas, me decidí, finalmente, a investigar si existía algo que fuera un bien verdadero y capaz de comunicarse y de tal naturaleza que, por sí solo, rechazados todos los demás, afectara el ánimo; más aún, si existiría algo que, hallado y poseído, me hiciera gozar eternamente de una alegría continua y suprema”

Observe cómo Descartes algunas décadas antes en las primeras páginas de su inveterado Discurso había escrito que “habiendo resuelto no buscar otra ciencia que la que se pudiera hallar en mí mismo o bien en el gran libro del mundo, empleé el resto de mi juventud en viajar, en ver cortes y ejércitos, en frecuentar personas de diversos humores y condiciones, en recoger diversas experiencias, en ponerme a prueba a mi mismo en los casos que la fortuna me ponía delante y, en todas las ocasiones, a hacer sobres las cosas que se presentaba una reflexión tal que de ellas pudieras sacar algún provecho (...) Y yo sentía siempre un vivo deseo de aprender a distinguir lo verdadero de lo falso, para ver claro en mis acciones y caminar con seguridad en esta vida”

De más está decir que la modestia introspectiva de sendos maestros no sólo encaja en su discurso global, sino que resulta además saludable para una larga vida en esta joven Holanda rodeada de enormes estados nunca del todo convencidos de los beneficios de liberalizar el consumo de cannabis, el aborto, la eutanasia y la prostitución.

No la entretengo más con mis juegos intelectuales. Envíeles mis saludos si lo ve a Le Mettrie, a quien recordaba ayer a raíz de las cariñosas palabras que le dedica Marvin Harris en su Desarrollo de la Teoría Antropológica.
Con emociones indelebles,

Teófilo.

23 sept. 2006

Una bonita selección de textos filosóficos clásicos

Dilecta Amiga,
Fíjese Vd. que buena colección que he agregado a mi biblioteca. Invítola a hacer lo mismo, sabiendo de antemano que éstos no brindarán el placer de permitirnos recorrer con la mirada los desparejos lomos según se disponen los textos en su correspondiente anaquel.
Saludos varios,
Teófilo.

PD: Permítase ver también el listado completo de libros disponibles esta "Biblioteca Upasika", donde hallará tanto zarzas como rosas.

4 sept. 2006

La Gran Guerra y los ciudadanos sobresalientes enviados al frente

Cara Teófila,

Seguramente alguien se habrá encargado de hacer la relación de personalidades muertas en la primera guerra mundial, cuando el avance tecnológico pilló in fraganti a la proverbial crueldad humana humillándola con toneladas de carne humana putrefacta. Por mi parte le comento dos ejemplos a sendos lados de Alsacia y Lorena.

En 1914 Alemania declaraba la guerra a Rusia e invadía Francia. Los miembros del legendario grupo del “Jinete Azul” August Macke y Franz Marc se enrolaron voluntariamente para defender su patria, muriendo ambos en el frente, en 1914 y 1916.
El día en que Paul Klee (foto) recibe la noticia de la muerte de su amigo Marc, es llamado a filas y luego de algunas semanas con los reclutas comenzaba su directa preparación para ir al campo de batalla. Entonces es repentinamente trasladado a salvo en una división de reserva. Con motivo de la muerte de Franz Marc, Albert Weissgerber y otros, el rey de Baviera había ordenado proteger la vida del resto sus artistas. Así, el padre de Klee informó a las autoridades sobre la condición de su hijo y entonces en cierta manera gracias también a la muerte de su amigo Marc, Klee se salva de los peligros del frente, recibiendo el muy marcial encargo de pintar aviones. Me imagino al superior diciendo algo así como: "Así que el señorito es artista ¿no? pues a ver si me pintas estos cincuenta aviones". Igualmente, le permitían seguir con su trabajo artístico cuando salía del trabajo.

En el lado francés, Durkheim que había dado una de las páginas más importantes en las ciencias sociales, se deja llevar por el patriotismo y la propaganda, publicando un estudio al parecer no muy bueno sobre la “mentalidad alemana”, que pretendía explicar un supuesto carácter mórbido y patológico de los germanos. También escribió arengas propagandísticas varias como “Cartas a todos los Franceses”.
Sus estudiantes con los que creara la prestigiosa cátedra de Sociología y Educación en la Sorbona, desde donde irradiaba el anuario L’Année Sociologique marcharon al frente. Con excepción de Marcel Mauss, todo murieron, incluyendo su hijo en 1915. Durkheim que mantuvo sus ocupaciones patrióticas, nunca se recuperó de esta pérdida, muriendo dos años después.

Conociéndola me defiendo alegando que la maliciosa relación entre el patriotismo de Durkheim con la muerte de sus alumnos no es mía sino de ciertos antropólogos norteamericanos de los que ya le he hablado con anterioridad. Yo comprendo la actitud del francés nacido en el seno de una familia judía en la conflictiva Lorena: París bien vale una misa.
Escuchando una musiquilla de Eleni Karandriou me despido siempre con mis mejores deseos para Vd. y su familia,

Teófilo.

30 ago. 2006

Menipo según Luciano de Samosata

Mi querido Teófilo,
Sepa comprender mi impaciencia, pero no he recibido noticias suyas desde hace tiempo ya. Mi escritura se vuelve nerviosa y los cantos salmodiosos de los benedectinos están; nada más que eso. Están y son salmodiosos. Están y son salmodiosos y extraños. Están y están; y cubren la habitación con sólo voces. Casi una única voz...
Nos autem gloriari oportet
in cruce Domini nostri

Me distraigo. Deseaba escuchar su voz a mi lado y de sus labios leer diálogos muy "visibles", tales cuales estos de Luciano:
1
Diógenes da a Pólux, que va a subir a la vida, algunos encargos para Menipo, los filósofos, los ricos, los jóvenes hermosos y fuertes, y los pobres, referentes a la vanidad humana y a la igualdad que reina en los infiernos.
DIÓGENES Y POLUX
DIÓGENES. - Pólux, te encargo, apenas subas a la tierra, puesto que a tí, según creo, te toca resucitar mañana que si ves por alguna parte a Menipo el cínico, y lo encontrarás probablemente en Corinto, en los alrededores del Cranion o en el Liceo, riéndose de las disputas de los filósofos , le digas: "Menipo, Diógenes te invita, si es que las cosas de la tierra te han hecho ya reír bastante, a que vayas abajo, donde todavía has de reirte muchos más. Ahí la risa está contenida por la duda, por aquello tan repetido de ¿quién sabe absolutamente lo que hay después de la vida? Pero abajo no cesarás, con seguridad, de reírte, como yo lo hago, principalmente cuando veas a los ricos, a los sátrapas y a los tiranos empequeñecidos, oscurecidos, sin distinguirse por otra cosa que por el gemido, y relajados enternamente y envilecidos con el recuerdo de sus grandezas de arriba." Esto le dices; y añádele que venga con las alforjas bien repletas de altramuces o que se traiga la cena de Hécate, si por acaso la encuentra desparramada en el camino,o un huevo expiatorio o alguna cosa por el estilo.
POLUX. - Se lo diré Diógenes. Mas para que lo conozca mejor, ¿qué aspecto es el suyo?
DIÓGENES. - Es viejo; calvo; lleva un manto lleno de agujeros, abierto a todos los vientos y remendado con piezas de varios colores; siempre está riéndose y se entretiene parte del tiempo en burlarse de eso fantasmones de filósofos.

Mis cariños para usted, mi amigo.
Teófila.

29 ago. 2006

Menipo según Velazquez

Mi añorado Teófilo,
Muchos motivos tenía Menipo de Gadara para reir, al igual que Diógenes de Sínope. Velázquez nos presenta su modo de reir magistralmente a mi parecer, y creo que en ello podremos convenir (observe como en este sitio la autora habla de la "sonrisa cínica").
Mucho me agradaría leer alguna de las trece sátiras que dicen escribió Menipo.
Con sonrisas.
Teófila.

22 ago. 2006

Los Fescennini versus y la fascinación de Teófila

Mi querido Teófilo,
Un tibio pudor roza la indecencia y sólo puedo comentarle que Teófila fascinada se halla al presenciar esos procaces diálogos al son de flautas y flautines.
Mas si lo desea puede admirar algunos carmina: saliaria, fratrum arvalium...
Con picardía.
Teófila.

20 ago. 2006

Calímaco y la tristeza de Teófila

Mi querido Teófilo,
La tristeza de Teófila arrecia. Pequeños epigramas caen en sus ojos sólo para recordarle que alguna vez se aferró a un credo. Así, Calímaco le susurra:
"Odio el poema cíclico, y no me agrada el camino donde se arrastran los pasos de la multitud; tengo horror del amante que se ofrece a todos; no bebo de la fuente común, me disgusta todo lo público".

Añoro su cercanía, mi querido.
Con amabilidad.
Teófila.

9 ago. 2006

No soy de aquí ni soy de allá

Mi querido Teófilo,

Un primer acorde profundo, calmo y eternamente feliz suena: no puedo menos que enamorarme en ese primer instante. Y enamorada, pedir al cantor que una y otra vez vuelva a cantar su canción.

No soy de aquí..., ni soy de allá,
no tengo edad, ni porvenir,
y ser feliz es mi color de identidad.

Suya y con afecto.
Teófila.

8 ago. 2006

Freud y los antropólogos


Repimporroteadora Teófila,

Dentro de los escritos recomendados por los ancianos de la Escuela Epicurea Salmanticae se encuentra un compendio de textos canónicos de la antropología*. Recién he comenzado con los primeros, correspondientes a los llamados “evolucionistas”: Spencer, Morgan y Tylor. En el ramo denominado de la Antropología Cultural Temprana me he detenido en el señor Franz Boas, que al mencionar a Freud me hizo retrotraer a la introducción realizada por los mismos compiladores –norteamericanos a la sazón-, en la que rezan lo siguiente:

Dos grandes pensadores han sido omitidos en este libro, ya que tuvieron impacto en el entorno general de la antropología más que en la propia antropología. Son Marx y Freud. Ambos forman parte del “Zeitgeist”, y sólo en este sentido son parte de la antropología. Ambos estaban interesados por la antropología, aunque Marx vivió antes de que la palabra significase lo que significa hoy; Freud leyó extensamente sobre ella. La malinterpretaron tanto como nadie lo había hecho; es decir, usaron materiales antropológicos con fines no antropológicos y con fines que los mismos antropólogos tienden a desaprobar.
La importancia de Freud para la antropología no se encuentra en obras tales como “Totem and Tabu”, en la que pretende versar sobre antropología; y tampoco son relevantes sus trabajos posteriores como “Civilization and Its Discontents”, el cual se asigna a estudiantes no graduados en cursos de ciencia social. Más bien, viene de sus primeros escritos —su libro con Brener, “On Histeria”; su pieza maestra “The Interpretation of Dreams”, y las “Three Contributions”. Estos libros no podían, posiblemente, ser seleccionados en una obra que quiere mostrar los pasos históricos del desarrollo de la antropología —aunque el Capítulo 1. de “The Interpretation of the Dreams” puede ser muy bien uno de los documentos germinales de todos los tiempos para la antropología (a pesar del hecho de que pocos antropólogos lo han leído).

Franz Boas (1842-1942) , del que debería tal vez remarcar que es germano-norteamericano, en su artículo “Los Métodos de la Etnología” (1920) profundiza y luego resume en lo siguiente:

“Mientras que podemos dar la bienvenida a la aplicación de todo avance en el método de la investigación psicológica, no podemos aceptar como avance en el método etnológico la cruda trasferencia de una novela, método unilateral de investigación psicológica del individuo a fenómenos sociales cuyo origen se demuestra históricamente que está determinado y sujeto a las influencias que no son en absoluto comparables a las que controlan la psicología del individuo.”

Sabe Vd. mejor que yo que nuestras disertaciones acerca de la Historia del Teatro aceptábamos sin tapujos el nacimiento del tabú del incesto y de la ceremonia equilibrante de la represión según lo narra Freud en “Tótem y Tabú”. Para expiar nuestro espíritu científico, agregábamos en letra pequeña el autoexculpador calificativo de “cuentito” al relato del creador del psicoanálisis y nos consolábamos con el carácter siempre pragmático y nunca científico de los asuntos que tratábamos siempre en función de la producción de sentido espectacular. Por esto mismo la versión de Levi Strauss que ubicaba a la prohibición del incesto en necesidades puramente económicas de la sociedad nos pareció por ser fría y calculadora, poco atractiva para darle una que de otra manera hubiera sido una muy merecida atención.

Espero no aburrirla demasiado con tan largas epístolas que me permito en mi aparentemente elegido libremente exilio.
Lejano y suyo,
Teófilo.

* Antropología. Lecturas. Paul Bohannan y Mark Glazer*. McGraw-Hill, Madrid, 1993. 2da Edición.

7 ago. 2006

Escuchando a Cafrune

Amabilísimo Teófilo,
Más interesada en escuchar bellezas tales como "Cuando llegue el alba" mi alma se distrae y desatiende los deberes impuestos por un estudio tan mamotrético cuan inútil y aburrido.
Envíole mis afectos más empedernidos.
Suya,
Teófila.

1 ago. 2006

La comuna de París

Mi querido Teófilo,
Lentamente me recupero de ciertas penosas dolencias. Mis manos nuevamente pueden pulsar casi sin querer las teclas y escribir. Mis ojos se han deleitado sin más con la lectura de sus deliciosas epístolas. Las varias y numerosas y difíciles cuestiones que en ellas sus epístolas expone, objeto serán para nuestro estimado amigo en común-Henry Efwervren- de sendas misivas. Yo, mientras, me amasijo entre palabras famosas: "Pero París en armas era la revolución en armas."
Déjeme, mi amigo, con mis nimias veleidades y salude sobre mi cuerpo las frescas tibiezas que su antojo disponga.
Con cariño y repuesta.
Teófila.
P.D.: Tenga piedad.

31 jul. 2006

Tirando de la madeja apareció Ludwig Wittgenstein

Cara Teófila,

Sabrá Vd. que parte de mi interés en la Filosofía ha de verse relacionado con el inveterado placer de tirar de la madeja. Comienzo esta semana a leer el libro “Éticas Contemporáneas” de Enrique Bonete Perales, profesor de la Escuela Salmanticae en el cual se interna en el pensamiento de varios pensadores. Aparece en primer lugar un tal Ludwig Wittgenstein y su Tractatus Lógico-Philosophicus.. Resulta que el buen señor Bonete supone a poco empezar que “el lector conoce las tesis fundamentales de este libro”, y que en caso contrario mucho de lo que diga resultaría gratuito.

Así que sin absolutamente ningún pesar, cogí de mi biblioteca la versión en inglés del Tractatus, ya que en castellano sólo encontré algunos fragmentos. Desde el primer lugar, más allá de cierta dificultad por sostener la concentración en un texto tan radical, traté de imaginarme la conflictiva personalidad de una persona que en los albores del siglo XX se embarcaba en la moderna (es decir, casi medieval) tarea de explicar la totalidad de lo que puede ser explicado. ¿A qué reaccionaba con tanta radicalidad? Así que no tuve más remedio que volver a tirar de la madeja y consultar su biografía, de la que le transcribo algunos fragmentos.

Parece ser que el austriaco Wittgenstein nace en 1889 en el seno de las familias más ricas de Europa. En 1906 Al acabar sus estudios de bachillerato, se matriculó en la Escuela Técnica Superior de Charlotenburg (Berlín). Más tarde , ya como ingeniero, se dedicó a problemas de aeronáutica y fue cuando empezó a interesarle la filosofía.

W. se enroló como soldado de artillería al estallar la Gran Guerra, había realizado 2 años de estudios universitarios en Berlín, durante 3 años en Manchester y durante 1 en Cambridge. En el ejercito austriaco eligió (a pesar de su familia y conexiones) servir a su patria en el nivel más bajo. Sin embargo, y debido a su audacia y temeridad casi suicida terminó la guerra con el grado de oficial y cuatro importantes medallas al valor. Durante la campaña tuvo tiempo de escribir el Tractatus

W. conoce personalmente a Bertrand Rusell -quien se transformara en una especie de mentor- el 18 de octubre de 1911; el 2 de noviembre Rusell le escribe a su amiga Lady Ottoline "Creo que mi ingeniero alemán está loco. Opina que no es posible conocer ninguna cosa empírica. Le invité a que admitiese que no había ningún rinoceronte en la habitación, pero se negó". Discrepó también del pacifismo de Rusell, llegando a donar un millón de coronas al ejército austriaco para que desarrolle un mortero.

En 1947 renunció a su cátedra y se retiró a vivir en completa soledad, que fue cuando escribió las "Investigaciones Filosóficas"

En el pensamiento de Wittgenstein pueden distinguirse dos etapas. La primera viene marcada por la publicación del Tractatus logico-philosophicus (1921-1922), en el que trata de dar una salida a los problemas no resueltos del positivismo clásico respecto a las matemáticas, la ciencia y la filosofía. Para él, la filosofía no es un saber, sino una actividad, y su finalidad es aclarar las proposiciones; así, la filosofía se circunscribe a un análisis del lenguaje. La segunda etapa queda definida por su obra Investigaciones filosóficas, publicada póstumamente en 1953. Este libro da origen a la corriente denominada filosofía analítica, que centra su reflexión en el estudio del lenguaje como único modo de resolver los problemas filosóficos.

Vuelve a Austria el 25 de agosto. El 13 había muerto su tío Paul. A pesar de la guerra es uno de los hombres más ricos de Europa. Se deshace de su fortuna entregándosela a sus hermanos, con el compromiso oficial que no se la restituyese nunca, ni en la más mínima parte. Ahora duda sobre que profesión seguir. Piensa en hacerse sacerdote o monje, al final se prepara como maestro de escuela.

Podría contarle mucho más cosas pero no quiero extenderme tanto. Vueso fiel amigo Henry Efwervren ya nos había introducido a Wittgenstein, lo cual no hace sino aumentar mis respetos hacia él. La dejo entonces con una frase del austriaco -nacionalizado británico luego de la anexión de Austria por Alemania- Ludwig W. que le hubiera gustado a Borges para darle grandilocuencia a algún pasaje: “So too at death the world does not alter, but comes to an end.”

Invariablemente suyo,
Teófilo.

26 jul. 2006

Los Tapices Flamencos de la Catedral de Zamora

Viajera Teófila,

Le cuento que el médico me diagnosticó tristitia dominici diei en un estado leve, pero para que no empeore me recetó descansar con algún corto viaje. Por eso recalé con mis tristes huesos en la bella villa de Zamora, llamada sin exageración “el museo vivo del románico” por la huella artística que el siglo XII dejó en sus muchas y notables iglesias ubicadas casi todas dentro de una alta fortificación a orillas del Duero, como puede ver en la siguiente imagen.

Me dediqué entonces a recorrerlas una a una, por lo que hacerle una descripción exhaustiva la abrumaría más de lo habitual para mis aburridas epístolas. Por cuestiones de tiempo no pude visitar la iglesia de San Pedro de la Nave, en las afueras de la ciudadela. Dicho templo es continuamente recordado por ser uno de los pocos edificios visigóticos –esto es, prerrománicos- que se encuentran en buenas condiciones en la península. De las que efectivamente logré visitar en peregrinación le resaltaré simplemente la pequeña iglesia de Santiago de los Caballeros, donde habría velado sus armas el Cid y la magnificente Catedral de Zamora, con su singular cimborrio de inspiración bizantina, de la que le envío un dibujo.

De la Catedral poco más puedo decirle ya que estaba en obras, pero logré sin embargo deslizarme en el Museo Catedralicio, en el cual además de diversas bagatelas litúrgicas destacan en su magnificencia una serie de tapices de los cuales le envío dos reproducciones en un tamaño bastante grande para que pueda disfrutar en parte la profusión de detalles. Debo decirle que los colores ya notan bastante el paso del tiempo ya que proceden del siglo XV y pueden haber sido bastante maltratados, ya que no sólo se utilizaban como adorno de calles en diversos eventos sino que aparentemente han podido ser usados en alguna época como alfombras, imagínese Vd. Sabía Vd. que en aquella época España que dominaba Flandes era el principal cliente de la importante industria del tapiz que florecía en distintas ciudades. Al perder esos dominios, se creó la Real Fábrica de Tapices en España, para la cual pintores de la talla de Goya realizaron numerosos "cartones pintados" que eran utilizados luego para realizar los tapices. Estas obras de Goya hoy son muy respetadas (mire esta de unos gitanos midiéndose con unos mozos los favores de la señorita), pero en la época recibían agrios comentarios de los fabricantes de tapices que se veían en serios aprietos para repetir con tejidos los leves cambios de luz de la obra de Goya.

A Ud. siempre tan interesada en la cultura clásica le interesarán sendos tapices que le envío.
Tapices de la Catedral de Zamora - Tarquino Prisco
El primero que le envío fue creado con motivo de Tarquino Prisco, quinto rey de Roma y uno de los que más embellecieron la ciudad. Es admirable de este tipo de obras su capacidad para presentar en un mismo espacio profusión de ideas, épocas y conceptos. En este sentido son los once tapices de la Guerra de Troya, de los que se conservan sólo cuatro, que con pocas palabras y muchas imágenes describen la historia de la guerra que es sinónimo de epopeya.
Le envío la Lámina número 3: “La Muerte de Troilo, Aquiles y Paris”. En esta serie de láminas el texto está en Francés e incluye debajo una traducción resumida en latín. Tenga en cuenta el tamaño de estos tapices: alrededor de 9 metros por cuatro y medio cada uno.
Tapices de la Catedral de Zamora - La Guerra de Troya - La Muerte de Troilo, Aquiles y Paris
Todos además incluyen palabras aquí y allá para aclarar personajes y alegorías.

Luego de mi recorrido por las callejuelas de Zamora, me decidí a tomar una cerveza fría en una taberna de la Plaza Mayor, para luego poner rumbo a las tierras que me acogen desde hace algunos años.
Suyo, como siempre.

Teófilo.

18 jul. 2006

Poetica Adulescentis

Mi excéntrica pero nunca peripatética Teófila,

Poniendo algo de orden en mi pequeño estudio encontré una caja con los revueltos papeles que dejara atrás Martín Soga antes de decidir en un impulso propio de su romántica inmadurez viajar a encontrarse según dijo, y aún me río del tópico, con los monjes del Templo de Rashmaputrij. Son una serie de notas de baja calidad que reflejan el citado carácter y que espero a su vuelta olvide por completo dedicándose a tareas más piadosas y propias de un muchacho de su edad. A continuación le trascribo un ejemplo de esta que bien podríamos dar a llamar poetica adulescentis.
Me despido, que el carbonero que lleva mis cartas vuelve ahora mismo para el pueblo y además es ya hora de ir a rezar mis maitines
Teófilo.

Durante el máximo de tiempo posible

No te preocupes
ya termina
en sólo un momento
cuando la oscuridad ceda
la ventana se cerrará
entrará aire fresco
y saldrás

Encontrarás qué hacer
pasarás el día
haciendo lo necesario
para tener que pensar
en sólo y nada más que
cuando llegue la noche
no saber y sentir
ese insaciable
hambre
de siempre.

Podrás salir más de un día,
dos siete veinte cien
Unir el día y la noche
con un abrazo conmovedor
y serán entonces semanas, meses
Pero inexorablemente una noche
entre la cena y dormirte
entre acostarte y dormir
entre cerrar los ojos y morir
entre nacer y vislumbrar
entre despertar y salir
Igual siempre algún día
el hambre volverá y entonces
otra vez deberás
encontrar la forma de
remover la tierra
de preparar tu estómago
o al menos, de salir
y tratar de morir esta vez
durante el máximo de tiempo posible.

13 jul. 2006

“Los Sueños de la Razón” de José Antonio Marina

Paciente Teófila,

No crea Vd. que mi humilde biblioteca está formado solamente por libros robados, la mayoría de ellos fueron adquiridos con buenas artes, o bien fueron regalos como es el caso de “Los Sueños de la Razón” de José Antonio Marina que obsequiara mi graciosa hermana en mi última visita a su hacienda en la Española.

He decidido separar mis comentarios en dos epístolas, para así no agobiar los favores de vuesa dulce paciencia. Más adelante intentaré reflexionar sobre el autor y sobre la cocina de este libro, del cual bien sabe Vd. que como filogastronómico en este momento me interesa particularmente. Pero no quise retrasar más mi carta esperando que pueda leerla cuando visite los Champs Elysées.

Pero ahora le contaré sobre el "contenido" de este libro, inscripto en la estructura de un viajero curioso y “objetivo” que visita el lugar de los hechos en compañía del amigo sabio que lo ilumina con sus conclusiones. Marina incluye el correctísimo subtítulo “Ensayo sobre la experiencia política”. Asi, lo más interesante para el autor es "considerar la Revolución (Francesa) como una gigantesca experiencia política". Viajero y amigos, sendos alter ego de Marina, se internan en los meses de Revolución. Allí por ejemplo, por un lado encontraríamos a los girondinos, para quienes "la ley es el resultado de la voluntad general entendida como mayoría en la votación", en una postura parecida a la de los recientemente creados Estados Unidos de América. Por el otro los jacobinos, vencedores bajo Robespierre, para quienes "la voluntad general nada tiene que ver con las votaciones", sino que son algo "objetivo, intemporal, sagrado como la verdad": quien llegue a encontrar ese deseo profundo se convierte en la voz de la nación. Estas y todas las principales discusiones se van sucediendo a lo largo del libro, intentando repetir la imagen de ser una Revolución que se iba discutiendo día a día.

Su protagonista que es un rico hacendado cubano que marcha con su tío que había sido elegido diputado de los colonos de Saint Domingue (actual Haití) para los Estados Generales convocados por el Rey de Francia en 1788 con el fin de resolver sus problemas económicos. Como tal, tiene la posibilidad de codearse con todos los grandes personajes gestores de las ideas y las acciones, por lo que para un no iniciado como yo en el los días de gestión de la revolución resulta una más que atractiva forma de sumergirse en la época.

En el epílogo tal vez encontremos una descripción más clara de las intenciones de Marina, que aunque ferviente defensor de la inteligencia como motor de la humanidad, se posiciona contra la "arrogancia de la razón", que pretende mejorar la sociedad introduciendo reglas nuevas, planificando desde arriba. Marina se basa en Friedrich Hayek, cuando señala que este tipo de racionalista "constructivista" se manifiesta en tres fases: 1) sobreestimación de la razón, 2) desilusión, 3) Exaltación de la Voluntad. Y habla así sea de Robespierre, Hitler o Stalin. Contra la "arrogancia fatal", la alternativa natural de Hayek es el "orden espontáneo" donde la evolución es fruto de la interacción entre infinitos comportamientos individuales.

Esperando no haberla cansado con tales infelices pensamientos, la saluda atentamente y le promete enviarle una epístola acerca de Marina como filósofo y cocinero de libros.

Teófilo.

Post Scriptum: La Imagen que ilustra esta nota es el grabado de Goya titulado "El Sueño de la Razón Produce Monstruos"

Imbécil, idiota y estúpido

El Dr. Paracelso amablemente nos remite las siguientes definiciones, tomadas de http://www.1de3.com/boletin/ej1.htm

"Es una curiosa etimología la de la palabra imbécil, que es una de las primeras que acude a la mente cuando de insultar se trata.
Llegó a nosotros en el siglo XVII a través del francés imbécille, aunque viene de lejos. El significado de esta palabra ha variado a lo largo de la historia, pues en un principio los romanos llamaban imbéciles a las personas débiles y flojas que no se podían sostener sin la ayuda de un bastón, y lo decían sin ningún tinte peyorativo, sin ánimo de ofender a nadie. Se trataba de una afirmación o descripción y no de un insulto.
La palabra imbecillis se formaba a partir de los términos latinos in (sobre, apoyado en) y bacillus (bastón, cayado) y definía al que no se sostenía por su propio pie, ya fuera por vejez, por enfermedad, por debilidad o por el motivo que fuera. Ocurre que el término sufrió una modificación semántica que nos llevó de la debilidad física a la debilidad mental, y de la falta de firmeza a la idiotez.
En el Diccionario se puede leer: 1-alelado, escaso de razón, 2-(en desuso) flaco, débil.

El término idiota es un término médico que expresa un retraso mental más grave que el término imbécil. Nos llegó en el siglo XII a través del francés idiot, como mera adaptación de la forma latina idiota (persona ignorante) derivada, por su parte, del griego idiotés (hombre de la calle, plebeyo, particular). Este significado de inexperto e ignorante tuvo cierta vigencia en la europa medieval, ya que en los monasterios se llamaba idiota al miembro de la comunidad que no dominaba el latín y lo hablaba deslizando errores; de ahí el término idiotismo que define el uso incorrecto de una lengua (por ejemplo: la expresión A pies juntillas es un idiotismo al no concordar en género). Otros dicen que viene del latín idiota que , a su vez, deriva del griego idiotes=privado y éste de la raíz griega idios =propio, particular. Otros más, hablan de que significa aquel a quien no le interesa la política.
Otra voz habitual en el repertorio de insultos es estúpido. Este término proviene del sustantivo latino stupidus (sorprendido, asombrado, aturdido), derivado del verbo stupere (sorprenderse, asombrarse, aturdirse), que han dado lugar a palabras como estupor (asombro, pasmo) y estupendo (admirable, asombroso, pasmoso), estupefacto (atónito, pasmado) y estupefaciente (que causa pasmo, estupor).
Y es precisamente el continuo aspecto de pasmo y asombro que tienen los necios y tontos de baba, lo que envileció el significado original durante el siglo XIX y lo cargó de aspectos negativos hasta llegar al significado actual."

12 jul. 2006

Prólogo de la Fundamentación de la metafísica de las costumbres, de Kant

Cara Teófila,

Al terminar hoy mis tareas en la Alcaldía, decidí darme un chapuzón en el río que sabrá Vd. que por esta época es ideal para revitalizar nuestros anquilosadas articulaciones citadinas.

De acuerdo a lo previsto cumplo en enviarle mis primeras reflexiones acerca del Prólogo de la Fundamentación de la metafísica de las costumbres, de Immanuel Kant.
En el mismo, establece el alemán el plan de trabajo que seguirá a lo largo de esta obra. Con una búsqueda de sentido divulgativo, decide que este orden será ir desde el conocimiento vulgar al avanzado. Asimismo, se despacha contra los diletantes de su época, que confunden peras con manzanas, lo "empírico con lo racional, en mezclas de toda laya". Intenta con distintos medios realzar el carácter científico de la Filosofía, que como tal requiere sus especializaciones y sobre todo su "crítica", que en Kant significa acotar los campos de acción para que las conclusiones sean más efectivas.

Repite algunas sus habituales definiciones que convendrá tener en cuenta todo a lo largo de su obra: "Puede llamarse empírica toda filosofía que arraiga en fundamentos de la experiencia; pero la que presenta sus teorías derivándolas exclusivamente de principios a priori, se llama filosofía pura. Esta última, cuando es meramente formal, se llama lógica; pero si se limita a determinados objetos del entendimiento, se llama entonces metafísica."

A continuación corresponderá hablar de cada una de los capítulos:
  1. Primer capítulo.- Tránsito del conocimiento moral vulgar de la razón al conocimiento filosófico.
  2. Segundo capítulo.- Tránsito de la filosofía moral popular a la metafísica de las costumbres.
  3. Tercer capítulo.- Último paso de la metafísica de las costumbres a la crítica de la razón pura práctica.
Trataremos denodadamente entonces de acercarnos a la "naturaleza de la cosa" según Kant.
Estudioso la saluda

Teófilo.

11 jul. 2006

Marcha al Suplicio de Berlioz


Dulce Teófila,
Ahora que está próxima a visitar París, no olvide consultar el programa de la Ópera que periódicamente repone la obra de la que le quiero hablar. Se trata del 4to Movimiento de la Sinfonía Fantástica de Berlioz, llamada la "Marcha al suplicio" (escúchela aquí *). Esta Sinfonía, subtitulada “Episodio de la Vida de un Artista”, es autobiográfica y describe con sonidos sus amores convulsos con Harriet, con quien finalmente se casó. Luego de soñar, y tratar de olvidarse de la artista y experimentar la soledad, llega la Marcha del Suplicio. El artista se envenena con una dosis de odio, insuficiente para matarlo, pero que lo somete a las más variadas visiones: Sueña que ha matado a la mujer que ama, que lo condenan y que asiste a su propia ejecución. El cortejo avanza a los sones de una marcha enérgica y sombría, unas veces solemne y brillantes otra acompañada de un ruido apagado de pasos que sucede sin transición al más ruidos estrépito. Al final reaparece los cuatro primeros compases como un último pensamiento de amor.
Esta obra es presentada como la primera composición de música psicológica.

Berlioz fue un escritor, crítico y compositor francés, (1803-1869) que trabajó sobre todo en París e influyó a músicos como Tchaikovski, Strauss y Liszt. Llamado el padre de la instrumentación moderna, escribió un importante tratado. Es recordado por ser uno de los impulsores de la Música de Programa: netamente narrativa y realista, donde con frecuencia se añade comentario literario, como fue en este caso.

Espero que la obra propuesta sea de vueso agrado.
Teófilo.

* Estos músicos se hacen entender en Real Audio. Si quiere la obra completa, encuéntrela aquí

10 jul. 2006

Una verdadera Bitácora es Leaving Salónica

Dulce Teófila,
Desafíola a hacer un repaso de las innumerables epístolas que hemos intercambiado en Salónica. Debo decirle con alegría que con él hemos logrado materializar un interesante apunte de notas que de otra manera hubiera quedado relegados a jeroglíficas notas en informales cuadernos.
  • En Octubre comenzamos fijando nuestras primeras impresiones, con Bukowski, Rimbaud, Wiesel & Pinter y Jung
  • En Noviembre la correspondencia se intensificó. Herman Hesse me provocó varios comentarios, y también hice algunos otros algo morales que a la distancia tienen el sólo valor de registro. También Wallace, Papini, Poe, Tolouse-Lautrec. Me envió una frase de Nietzsche que hoy he copiado en las paredes de mi celda. Ya desde esta temprana época comenzó Vd. a ilustrarme con los clásicos: recordará seguramente "Adoro a Lesbia en los versos de Cátulo". Introdujo Vd. también a Platón, la tortuga de Zenón, entre otras menudencias.
  • Diciembre estuvo pletórico de autores: Saramago, Kosinsky, Dante y Cervantes, Carpentier y Saer, Hesse y los psicólogos, el simpático Juan Bergua (el último ilustrado). Vd. incluyó unos versos desgarrados de los que fui crítico en su momento pero que hoy los he reconsiderado más que positivamente, creo que Vd. sabrá disculpar mi exceso de celo. Y hubo frases, recomendaciones de Lupus, vueso retrato por primera vez publicado, etc...
Y aquí acabo estas primeras notas, la invito en lo sucesivo releer algunos meses de epístolas y ver como el tiempo no sólo separa los elementos pesados de los livianos sino las buenas palabras de las fútiles y vanas.
Suyo,
Teófilo.

9 jul. 2006

Madame Bovary, de Gustave Flaubert

Caricatura de Flaubert de la Revista Especulo de la UCMPolifacética Teófila,
Vuesa Biblioteca no fue la única que sufrió el apurado expolio de este su humilde servidor. También en la Biblioteca familiar deben haber notado algunos huecos aquí y alla. Es el caso de "Madame Bovary", novela sobre la cual antes de aventurar conclusiones me remitiré a la bastante clara y escueta contratapa de la edición 2005 de Losada/La Página por mí robada y hoy terminada de leer.

"Gustave Flaubert (Francia, 1821-1880) es el creador de uno de los personajes más complejos e inolvidables de la literatura: Emma Bovary. Esta novela que se publicó por primera vez en 1857 cuenta la vida, la obra, la secreta pasión y la muerte de una mujer infiel. Emma es una señora bien casada, que estimulada por sus lecturas románticas y por el medio burgués al que pertenece sale de pronto a la búsqueda de aventuras amorosas "como un Quijote con faldas", como la definió Ortega y Gasset. Sus pensamientos, sus fantasías y los encantamientos en los que va perdiendo contacto con el mundo real han sido narrados con tal maestría, que tienen vigencia después d emás de cien años y significaron una clave para el desarrollo de la novela moderna. Consultado Flaubert en muchas oportunidades acerca de quién había sido su modelo, contestó con la célebre frase "Madame Bovary soy yo". Con estas palabras, el autor resumía su teoría literaria y contribuía a su propia leyenda."

Simplemente agregar lo mismo que le decía acerca de aquella obra de violín: el escándalo que causó Mme Bovary como la controversia de aquel concierto fue en sendos casos signo de su valiente originalidad.
Manténgame al tanto de sus avances en la filosofía gastronómica.
Saludos de su Teófilo.

Post Scriptum: A Vd. que le agrada la música añadida: el patetismo de Madame Bovary combinaría adecuadamente con el Concierto de Aranjuez de Joaquín Rodrigo

6 jul. 2006

Rojo y Negro: Stendhal y Nietzsche

Caricatura de Stendhal de Caricature ZoneRomántica Teófila,

¿Que la ha llevado mi querida amiga a Vd. en los días de mi tormentosa huida del país allende los mares a esconder entre mis apurados petates un raído ejemplar de la novela "Rojo y Negro" del francés Stendhal? Se podría pensar que la culpable fue vuesa alma proclive a exacerbar la pasiones de algún modo formales del romanticismo, pero eso sería injusto para con Vd. Y lo sería además con Stendhal, en cuya novela el entrañable personaje Julien Sorel se acerca más al atormentado soldado de Woyzeck, misteriosa obra cuasiexpresionista de principios del ochocientos, que a los personajes del Hernani del romántico estricto Victor Hugo. El destino de Sorel sigue el mismo recorrido que el de un meteoro que antes de destruirse y con él amplias superficies en su brutal colisión con la tierra, describe una brillante parábola que los poetas alaban y de la cual los crédulos intentan extraer alguna gracia. Así descripto, Julien sería un romántico como Schubert o más bien, como Chopin, ya que este último no alardeaba de sus propias penas (escuche).

Sin embargo, el personaje de Stendhal no se conforma con creer y llevar la fe en su propia pasión hasta las últimas consecuencias. No podemos tampoco confundir su orgullo con emociones o razones clasistas: Sorel ante todo se define por lo que es: un ser libre. O deberíamos decir mejor, por lo que no es: Ante todo, no es un lacayo. Los intereses de la crítica en insistir en las definiciones políticas del propio Stendhal como monárquico, o bien asimilando siempre la democracia al populismo no me hacen olvidar sin embargo un trasfondo que se deja entrever en la personalidad de Julien Sorel en la que se sitúa a sí mismo, y me permitirá el tópico, "más allá del bien y del mal". Sorel se interesa por su poder personal, por no cejar en sus empeños, por no ser tratado como lacayo. Respeta a los ricos pero por su capacidad de hacerse respetar y como desafío a su propia habilidad, pero en el fondo se burla de su brutal ignorancia sobre la vida cómo él mismo la vislumbra. La Iglesia es sólo un trampolín para el conocimiento y el poder. Las mujeres son objeto de su pasión, mezclado con su necesidad de verse respetado. Sigue estas directrices sin explicarse porqué, sino dándolas por supuestas y necesarias para su espíritu. Y en todo esto se puede vislumbrar una adolescencia tormentosa, o lo que me causa alguna curiosidad que es un chispazo de posicionamientos humanos como los que serán conocidos a fines del mismo siglo a través de la pluma de Nietzsche.

En este punto, y una vez planteada mi inquietud, me retiro de la batalla ya que haber descubierto una relación entre llevar el ideal romántico al paroxismo y la filosofía del bigotudo alemán no es más que otra muestra de la necesidad de verme sumergido en la biblioteca de la Escuela Epicurea Salmanticae en vez de buscar nuevamente la conocida formulación china para preparar la pólvora.
Más allá de estos fútiles comentarios, puedo concluir que leer las 547 páginas de "Rojo y Negro" resultó un ejercicio llevado a cabo con extrema fruición, y que no deja de ser un libro más que recomendable para jóvenes inquietos que no se asusten con el número 547.

Suyo y sin novedad,

Teófilo

17 jun. 2006

Concierto para Violin Nro 1 en Re M, op. 35 1er mov - Allegro Moderato

Óptima Teófila
Sabrá Vd que a último momento, los ancianos de la venerable Escuela Epicurea Salmanticae intentaron probar mis recursos académicos con una nueva prueba. En un exceso neoplatonista renegaron de la importancia de las ciencias experimentales -al estudio de las cuales ellos mismos me habían previamente instado- y me encomendaron como contrapartida estudiar la Historia de la Música, por eso de alimentar todos los aspectos del espíritu y Vd. sabrá cuántas cosas más.
El asunto es que leyendo vuestra reciente epístola sobre Schopenhauer, el párrafo en que ponía como los hechos trascendentales de su tiempo a Kant, las ciencias y el redescubrimiento de la filosofía oriental. Pensaba que importantes esos descubrimientos que de los que cuya importancia se olvida simplemente porque sus conclusiones se volvieron habituales hasta la obviedad. Los tres aspectos que rescata Schopenhauer sólo los domina algún filosófico lector, aunque estén presentes en el lenguaje de la mayoría de los hijos del Señor.
Y recordé la pieza de Tchaikovski que debí estudiar para la ocasión y cuyo nombre ilustra esta epístola. Un concierto con complicadísimos pasajes de violín y que fue rechazado sistemáticamente por todos los grandes violinistas de la Europa romanticista, porque simplemente era "imposible de tocar". Hasta que alguien vislumbró como podía hacerlo, y la presentó finalmente si mal no recuerdo por primera vez en Londres. El asunto es que esta pieza en nuestros días es simplemente "una obra virtuosa más", a la que los reputados violinistas no le tienen ya tanto temor. Es que Tchaikovski con esa obra llevó la antorcha un poco más allá, si me permite la expresión. De la misma manera que el alemán con su visión global de la cosa en sí.
Aprovechando al máximo las horas que no debo dedicar ya al sagrado estudio y aunque Vd. no lo crea, insomne.
La saluda
Teófilo.

15 jun. 2006

El Fundamento de la Moral. Schopenhauer.

Mi querido Teófilo,
No me reproche usted mi largo silencio. Quizás haya pensado que lo tengo en el olvido... ¡Nada de eso! Tierno amigo mío, su presencia colma el cuarto en que me encuentro recluida y alegra mis trajines. Escuche, la Real Sociedad Danesa plantea una cuestión por demás interesante en los siguientes términos:
Philosophiae moralis fons et fundamentum utrum in idea moralitatis, quae inmediate conscientia contineatur, et ceteris notionibus fundamentalibus, quae ex illa prodeant, explicandis quaerenda sunt, an in alio cognoscendi principio?
Arthur está, para mí -lectora de sus manuscritos-, en pleno trabajo. Una tarea se desprende de sus propias palabras:
Para comprender bien esta crítica, cuyo objetivo es socavar hasta el fondo la ética kantiana, será muy necesario para el lector tomar este libro del Fundamento de Kant, al que se refiere en primer lugar (no abarca más que 128-XIV páginas, y en Rosenkranz 100 páginas en total), y releerlo muy atentamente, a fin de tenerlo presente en su conjunto.
Mi invitación para usted, entonces; juntos aboquémosnos a esta grata tarea. Kant puede parecer soso, y lo es, pero ya sabremos ponerle sal y azúcar nosotros, mi querido. No perdamos de vista las otras dos grandes influencias insoslayables -siempre según Arthur-:
En estos últimos cincuenta años, tres cosas han influido en nosotros: la filosofía de Kant; los progresos incomparables de todas las ciencias naturales, que hacen que en la vida de la humanidad de las épocas anteriores no sean ya frente a la nuestra, sino una infancia; y, en fin, el conocimiento de la literatura sánscrita, del brahmanismo y del budismo, las dos religiones más antiguas y más difundidas que ha tenido la humanidad, es decir, las primeras de todas en el sentido del tiempo y del espacio: ellas fueron incluso la religión primitiva y nacional de nuestra propia raza, asiática como ya se sabe, que vuelve a tener ahora noticias de ellas en su patria extraña.
Con afecto.
Teófila.

31 may. 2006

Un episodio de lid amorosa entre Alcibíades y Sócrates

Mi querido Teófilo,
¿Recuerda usted? Le había dicho que le transcribiría el elogio de Alcibíades a Sócrates en el Banquete en casa de Agatón...
"Así, pues, amigos, una vez que se hubo apagado la lámpara y los esclavos estuvieron fuera, creí que no debía andarme con rodeos ante él, sino decirle noblemente lo que me había propuesto.
Le dije entonces, sacudiéndole: "Sócrates ¿duermes?"
"No, por cierto" -me contestó.
"¿Sabes lo que he resuelto?
"¿Qué es exactamente? -dijo.
"Tú, me parece -continué yo-, eres el único digno de convertirte en mi amante y veo que no te atreves a declararte a mí. En cuanto a mí respecta, mis sentimientos son así. Considero que es una gran insensaez no complacerte a ti en esto y en cualquier otra cosa que necesitaras de mi hacienda o de mis amigos, pues para mí no hay nada más importante que el hacerme lo mejor posible y opino que ninguno me puede ayudar en esto con más autoridad que tú. Yo, por lo tanto, sentiría ante los prudentes mayor vergüenza de no otorgarle mi favor a un hombre de tal índole, que de otorgárselo ante el vulgo y los insensatos."
"Después de oírme, Sócrates, con suma ironía y muy en consonancia con su modo acostumbrado de proceder, me dijo"¡Ah! querido Alcibíades, tal vez no seas realmente un hombre frívolo, si resulta verdad eso que dices de mí y existe en mi una virtud por la cual tú pudieras hacerte mejor. En ese caso, verías en mí una belleza indescriptible y muy superior a tu bella figura. Por consiguiente, si la ves en mí y pretendes participarla conmigo y cambiar belleza por belleza, no es poca la ganancia que piensas sacar de mí: lo que intentas es adquirir algo que es bello de verdad y trueque de lo que es bello en apariencia, y lo que pretendes es en realidad cambiar oro por bronce. Sin embargo, ¡oh bienaventurado!, mira mejor, no se te vaya a escapar que yo no valgo nada, pues la vista de la inteligencia comienza a ver agudamente cuando comienza a cesar en su vigor la de los ojos, y tú todavía te encuentras lejos de esto."
"Mis sentimientos son ésos - le dije yo después de oírle-, y ninguno d ellos ha sido expresado de otro modo que tal y como los pienso. Tú, por tu parte, toma la determinación que juzgues mejor para ti y para mí."
"En esto último -replicó-, tienes razón. En adelante, pues,
tomaremos juntos una decisión y haremos sobre esto y sobre lo demás, lo que nos parezca a los dos lo mejor."
"Entonces, al escuchar esto, después de las palabras que yo había dicho y lanzado como dardos, creí que estaba herido. Me levanté, sin darle ya lugar a que dijera nada, le cubrí con mi manto -pues era invierno- y arrebujándome debajo del raído capote de ése que veis ahí, ceñí con mis brazos a ese hombre verdaderamente divino y admirable y pasé acostado a su lado la noche entera. Y tampoco en esto, Sócrates, dirás que miento. Pues bien, pese a esto que hice, hasta tal punto extremo se sobrepuso a mí, me menospreció, se burló de mi belleza y me injurió -y eso que yo creía de ella que valía algo, ¡oh, jueces!, pues jueces sois de la soberbia de Sócrates-, que... sabedlo bien, por los dioses y por las diosas, ¡me levanté tras haber dormido con Sócrates, ni más ni menos que si me hubiera acostado con mi padre o con mi hermano mayor!."

Con afecto le envío mis guiños.
Teófila.