4 sept. 2006

La Gran Guerra y los ciudadanos sobresalientes enviados al frente

Cara Teófila,

Seguramente alguien se habrá encargado de hacer la relación de personalidades muertas en la primera guerra mundial, cuando el avance tecnológico pilló in fraganti a la proverbial crueldad humana humillándola con toneladas de carne humana putrefacta. Por mi parte le comento dos ejemplos a sendos lados de Alsacia y Lorena.

En 1914 Alemania declaraba la guerra a Rusia e invadía Francia. Los miembros del legendario grupo del “Jinete Azul” August Macke y Franz Marc se enrolaron voluntariamente para defender su patria, muriendo ambos en el frente, en 1914 y 1916.
El día en que Paul Klee (foto) recibe la noticia de la muerte de su amigo Marc, es llamado a filas y luego de algunas semanas con los reclutas comenzaba su directa preparación para ir al campo de batalla. Entonces es repentinamente trasladado a salvo en una división de reserva. Con motivo de la muerte de Franz Marc, Albert Weissgerber y otros, el rey de Baviera había ordenado proteger la vida del resto sus artistas. Así, el padre de Klee informó a las autoridades sobre la condición de su hijo y entonces en cierta manera gracias también a la muerte de su amigo Marc, Klee se salva de los peligros del frente, recibiendo el muy marcial encargo de pintar aviones. Me imagino al superior diciendo algo así como: "Así que el señorito es artista ¿no? pues a ver si me pintas estos cincuenta aviones". Igualmente, le permitían seguir con su trabajo artístico cuando salía del trabajo.

En el lado francés, Durkheim que había dado una de las páginas más importantes en las ciencias sociales, se deja llevar por el patriotismo y la propaganda, publicando un estudio al parecer no muy bueno sobre la “mentalidad alemana”, que pretendía explicar un supuesto carácter mórbido y patológico de los germanos. También escribió arengas propagandísticas varias como “Cartas a todos los Franceses”.
Sus estudiantes con los que creara la prestigiosa cátedra de Sociología y Educación en la Sorbona, desde donde irradiaba el anuario L’Année Sociologique marcharon al frente. Con excepción de Marcel Mauss, todo murieron, incluyendo su hijo en 1915. Durkheim que mantuvo sus ocupaciones patrióticas, nunca se recuperó de esta pérdida, muriendo dos años después.

Conociéndola me defiendo alegando que la maliciosa relación entre el patriotismo de Durkheim con la muerte de sus alumnos no es mía sino de ciertos antropólogos norteamericanos de los que ya le he hablado con anterioridad. Yo comprendo la actitud del francés nacido en el seno de una familia judía en la conflictiva Lorena: París bien vale una misa.
Escuchando una musiquilla de Eleni Karandriou me despido siempre con mis mejores deseos para Vd. y su familia,

Teófilo.

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