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19 dic 2011

"No puedo imaginar el mañana" - Tennessee Williams

Mi querido Teófilo,
Y aquí le regalo mis últimas citas:
"UNO. - (...) Hiciste tantos cumplidos al lugar, en las noches en que llegabas del hotel mortuorio donde vivís. Siempre me decís lo agradable que es algo, el aire cálido en invierno, el aire fresco en verano, el jardín de palmeras, incluso el cielo, como si perteneciera a la casa. Está bien, ahora podés quedarte si querés. No te cruzarás en mi camino, no me cruzaré en el tuyo. Después de un par de días, apenas nos notaremos mutuamente. Será como hablar con nosotros mismos, o como oír un pájaro o un grillo afuera, en algún lugar. (Hay una pausa. DOS junta las cartas, las agrega al mazo. Después UNO prosigue.) (...)"

Y ya me fui, de aquí no hay regreso; creámelo.
Con el afecto de la memoria.
Teófila.


18 dic 2011

"The Night of th Iguana" - Tennessee Williams

Mi apreciado Teófilo,
Y hete aquí, en el epígrafe de "La noche de la iguana", a Emily Dickinson, "esa solterona lírica de Amherst, Massachussets, que tenía un corazón estricto y salvaje bajo su blusa de tafeta":
"And so as kinsmen met a-night
We talked between the rooms
Until the moss had reached our lips
And covered up our names."

y yo me voy alejando ya definitivamente de usted; sólo quedan unas últimas y breves citas.
Con afecto.
Teófila

12 dic 2011

"Cat on a hot Tin Roof "- Tennessee Williams (III)

Mi querido Teófilo,
Ha recibido usted mi primer misiva, y mi segunda misiva, y ahora recibe usted el final del prefacio a "La gata sobre el tejado de zinc caliente" que le vengo enviando en sucesivas entregas:
"Esta afirmación típicamente emotiva, si no retórica, parece sugerir que, en ese momento, creía tener una relación sumamente personal, incluso íntima, con los espectadores de teatro. Lo creía y lo sigo creyendo. En una época, mi timidez morbosa me impidió tener una comunicación demasiado directa con la gente y posiblemente por eso empecé a escribir piezas y cuentos. Pero incluso ahora, cuando esa timidez que me traba la lengua, me hace sonrojar, me mantiene silencioso y replegado, ha desaparecido con el paso de la problemática juventud de la cual surgía, sigo encontrando más fácil "acercarme" a multitudes de extraños en la silenciosa oscuridad de la platea y los palcos de teatro, que a individuos ubicados del otro lado de la mesa. El que sean extraños en cierta forma los vuelve más familiares y me resulta más fácil acercarme a ellos, más fácil hablarles.
Por supuesto, sé que a veces doy demasiado por descontados simpatías e intereses correlativos en aquellos a quienes les hablo abiertamente, y esto ha llevado a rechazos lo suficientemente doloreosos y costosos como para inspirarme más prudencia. Pero cuando sopeso una cosa en relación con la otra, una fácil coincidencia con un duro respeto, el equilibrio se inclina hacia el mismo lado y, sea cual fuere el riesgo de que me den vuelta la espalda, no quiero hablar con la gente exclusivamente sobre los aspectos superficiales de su vida, el tipo de cosas de las cuales los conocidos se ríen y sobre las que charlan en las situaciones sociales comunes.
Siento que la gente está harta de eso y el cielo sabe que yo también, antes y después del pequeño intervalo de tiemo en el cual capto su atención y digo lo que tengo que decirle. La discreción de la conversación social, incluso entre amigos, sólo es superada por la discreción de "los seis pies profundo", esa tumba donde absolutamente nada se dice. Emily Dickinson, esa solterona lírica de Amherst, Massachussets, que tenía un corazón estricto y salvaje bajo su blusa de tafeta, comentó irónicamente ese tipo de discurso póstumo entre amigos en estas líneas:

Morí por la belleza, pero apenas me había
acomodado en la tumba,
cuando uno que murió por la verdad fue depositado
en un cuarto adyacente.

Me preguntó suavemente por qué desfallecí.
" Por la belleza", repliqué.
"Y yo por la verdad; las dos on una,
hermanos somos", dijo él.

Y así, como los parientes se encuentran por la noche,
hablamos de un cuarto al otro,
hasta que el musgo alcanzó nuestros labios
y cubrió nuestros nombres.

Entre tanto, quiero seguir hablando con ustedes sobre las cosas por las que vivimos y morimos, con tanta libertad e intimidad como si los conociera mejor que cualquier otra persona."
TENNESSEE WILLIAMS



Con afecto.
Teófila.



11 dic 2011

"Cat on a hot Tin Roof "- Tennessee Williams (II)

Mi siempre distante Teófilo,
Ha recibido usted mi primer misiva y me complazco ahora en continuar completando la transcripción prometida:

"(...)
El hecho de que quiero que observen lo que hago para darles un posible placer y para hacerles conocer cosas que creo conocer mejor que ustedes -porque mi mundo es diferente del de ustedes, tan diferente como el mundo de cada hombre lo es del de los demás-, no es suficiente excusa para un lirismo personal que todavía no domina el truco necesario de elevarse por encima de lo singular hacia la preocupación plural, de lo personal a lo que tiene importancia general. Pero durante años y años, que pueden haber pasado como un sueño debido a esta obsesion, he tratado de aprender cómo hacer ese truco y realizarlo, y a veces siento que puedo lograrlo. Por momentos, cuando el arrebatado actor callejero que en mí grita "¡Mírenme!", siento que mi azaroso calzado y mis fantásticas galas tal vez no me hagan perder el equilibrio. Entonces, súbitamente, ustedes compañeros actores del espectáculo callejero, me conceden su atención y me permiten mantenerla, al menos durante el intervalo que va de las 20:40 a las 23 y unos minutos.
Este mes de marzo harán once años del momento en que estaba a sólo nueve meses -mucho más cerca de lo que suponía- de ese acontecimiento largamente demorado pero siempre esperado para el cual vivía: el momento en que por primera vez captaría y retendría la atención del público. En esa ocasion escribí mi primer prefacio a una pieza larga. El último párrafo decía así:

"Hay demasiado que decir y no suficiente tiempo para decirlo. Tampoco hay suficiente poder. No soy un buen escritor. A veces, por cierto, soy muy mal escritor. Difícilmente haya un escritor exitoso en mi ámbito que no pueda trazar círculos alrededor de mi manuscritos, pero creo que escribir es algo más orgánico que las palabra, algo más cercano al ser y la accion. Quiero trabajar con un teatro más plástico que aquel con el cual he trabajado antes. Nunca ni por un momento, he dudado de que hay personas -¡millones!- a quienes decirles cosas. Nos acercamos unos a otros gradualmente pero con amor. Ee el corto alcance de mis brazos lo que se interpone, no la longuitud y multiplicidad de los suyos. Con amor y con honestidad el abrazo es inevitable."
(...)"


Solácese y aguarde mi próxima carta.
Con afecto.
Teófila.

9 dic 2011

"Cat on a hot Tin Roof "- Tennessee Williams (I)

Mi distante Teófilo,
Me informan que está próximo a migrar del frío hacia el sur buscando aires más cálidos como las grullas blancas de "No puedo imaginar el mañana"; entonces recordé este hermoso e incisivo inicio de obra:

"De persona a persona
Sin duda es una pena que una proporción tan grande del trabajo creativo esté estrechamente relacionado con la personalidad de quien lo hace.
Es triste, vergonzoso y poco atractivo que las emociones que conmueven al crador con la suficiente profundidad como para exigir su expresión y cargarla de cierto nivel de luz y de poder, estén casi todas arraigadas, por transformadas que se muestren en su superficie, en las preocupaciones particulares y a veces peculiares del propio artista, en ese mundo especial, en las pasiones e imágens propias de aquél que cada uno de nosotros teje sobre sí mismo desde el nacimiento hasta la muerte, una red de monstruosa complejidad, desplegada a una velocidad incalculable y de una longitud que supera toda medida, desde la boca de la araña hasta sus propias percepciones singulares.
Es una idea solitaria, una condición solitaria, sobre la cual resulta tan aterrador pensar que por lo general no lo hacemos. Y por eso hablamos entre nosotros, nos escribimos y nos mandamos telegramas, nos llamamos desde corta y larga distancia a través de la tierra y el mar, nos estrechamos las manos al reunirnos y al separarnos, nos peleamos e incluso nos destruimos entre nosotros a raíz de este esfuerzo, siempre en cierta forma coartado, de romper los muros que nos separan. Como dijo una vez un personaje de una pieza: "Todos estamos sentenciados a un confinamiento solitario dentro de nuestra propia piel."
El lirismo personal es el grito que un prisionero lanza a otro desde la celda solitaria donde cada un o está confinado durante toda su vida.
Una vez vi a un grupo de niñitas en una vereda de Mississippi, disfrazadas como muñecas con las galas descartadas de sus madres y hermanas, todas cubiertas de vestidos de baile harapientos y sombreros de plumas y chinelas de tacón alto, que jugaban a representar una reunión de damas en un salón, imitando a la perfección las educadas efusiones y las tontas sonrisas sureñas. Pero una niña no estaba satisfecha con la atención que las otras prestaban a su arrebatada representación, se encontraban demasiado enfrascadas en sus propias representaciones para conformarla, así que extendió sus bracitos flacos, echó hacia atrás su cuello flauito y gritó dirigiéndose al cielo sordo y a sus compañeras de juego igualmente desentendidas: "¡Mírenme, mírenme, mírenme!"
En ese momento, las chinelas de tacón alto de su madre hicieron que perdiera el equilibrio y cayó en la vereda en un aullante enredo de satén blanco manchado y tul rosa desgarrado, pero igual nadie la miró.
Me pregunto si ahora no es una escritora del sur.
Por cierto, no son sólo los escritores sureños con inclinaciones líricas quienes se comprometen en semejante histrionismo y gritan: "¡Mírenme!" Tal vez es una parábola de todos los artistas. Y no siempre nos tropezamos y aterrizamos en un enredo de adornos que nos sientan mal. Sin embargo, es bueno ser consciente de ese peligro y no contentarse con un pedido de atención, saber que a partir del lirismo personal, del histrionismo callejero, debe crearse algo que no sólo atraerá a los observadores sino a los participantes en la representación.
Por mi parte, trato empeñosamente de hacerlo. (...)"


Aquí le envío la primer parte; sé que gusta de las lecturas breves. Le enviaré en unos días el resto.
Con afecto.
Teófila

27 nov 2011

Heródoto y teatro

Mi amantísimo,
Sé que le han llegado rumores bien fundados que relatan mi estado de abulia y abandono de mí misma. Entonces iré de inmediato a invitarle a que se entretenga con nuestro amigo:
"Por su parte Periandro, el que informó a Trasibulo de la respuesta del oráculo, era hijo de Cípselo y tirano de Corinto. Pues bien, al decir de los corintios (y con ello coinciden los lesbios), en el curso de su vida fue testigo de un extraordinario portento: la llegada al Ténaro, a lomos de un delfín, de Arión de Metimna, que era un citaredo sin par entre los de su época y el primer individuo, que nosotros sepamos, que compuso un ditirambo, le dio este nombre y lo hizo representar en Corinto."

Vuelvo a mis quehaceres.
Afectuosísima
Teófila.

24 ago 2011

Jean-Luc Lagarce

Mi amantísimo,
Habiendo ya participado generosamente en el intercambio de regalos con que hemos reanudado nuestro epistolario, le transcribo unas palabras de Lagarce en "Music-Hall":
"El jefe-burlón -entonces- ofreciéndome el lugar:
'La casa es suya, sheniorita'
¡Casa! Este masacote informe de suburbio gris,
semillero de perdedores.
'Pero le advierto -dice esto
para coronar su discurso- con una historia así,
no va a venir mucho público,
no hay que esperar gran cosa, ni ganancias ni nada.
Porcentaje sobre el bar, porque hay un bar, ¿no
le habían dicho? Porcentaje, imposible, usted
esta soñando -querida sheniora-
no, no se puede esperar mucha ganancia y aplausos tampoco,
por supuesto,
son muy lentos y cerrados por aquí y poco entusiastas,
pero los aplausos, ¿para qué sirven?
¿Eh?

Para una ilusión de triunfo, para nada más, y tampoco
-agrega jefe-burlón, con la complicidad silenciosa
de sus muchachos-
y tampoco, es seguro que vengan,
son desconfiados y no tienen sentido del humor,
y un espectáculo sin historia es un chiste, ¿no?
¿Eh? ¿Eh?'
Y yo, siempre lo mismo, un viejo número que tengo,
desde hace ya mucho tiempo, y que uso muy seguido,
y sin ir más lejos esta tarde, sin ir más lejos,
y yo
sonriente, lentamente y con desenvoltura,
la Chica que se las sabe todas y siempre salió
del pantano,
porque es un pantano,
acá también, ríanse, acá también,
y sin ir más lejos que hoy..."
Con aires de desear más.
Teófila.


22 oct 2007

El enfoque dramático del sociólogo Erving Goffman

Cara Teófila
Espero que sepa su merced disculpar mi falta de atenciones durante estas últimas semanas. Le escribo deseando que se encuentre bien junto con los suyos.
Aprovecho la ocasión para comentarle una tertulia compartida recientemente con Erving Goffman a propósito de su libro “La presentación de la persona en la vida cotidiana”. Sabe su merced que estas epístolas nuestras me impiden extenderme demasiado, por lo que me ciño tan solo a la perspectiva elegida por Erving en su análisis de la vida social: el de la representación dramática. En él sigue a pies juntillas el viejo adagio de que la vida cotidiana es representación y que los individuos en su familia o su trabajo no hacen otra cosa que guiar y controlar la visión que otros se hacen de él. Ya imagina usted que a Goffman no le importen cuestiones estrictamente teatrales, pero sepa que no pude evitar matizar durante dicha tertulia que el teatro tiene la posibilidad de ser menos mentiente que la vida cotidiana.
Pero no era de mis opiniones de las que quería hablar sin de las de este hombre nacido en las frías de colonias inglesas en América, quien define como una de las principales fallas de este enfoque dramático que el público desaparece y los actores con los que el individuo interactúa son a la vez actores y público, eliminándose en muchos casos además la posibilidad del ensayo.
De una de las fuentes semióticas de mi juventud, las publicaciones periódicas ilustradas del editor hamburgués Columbus, recuerdo el pensamiento que introducía una historia de generales en la china mítica, y rezaba “China es tan grande y tan vieja que todo lo que sucede ha sucedido ya alguna vez”

La ensalza y la festeja,
Teófilo.

5 nov 2005

El Teatro en Calipso

Querida Teófila,

El único teatro que vi desde que abandoné la Atlántida -más allá del de Tesalónica, claro- fue casualmente, en la Isla de Calipso. Era una especie de auto profano y folcklorico pagado por el Rey, donde se iban sucediendo imágenes religiosas y folckloricas, textos grabados y músicas, con un marco adecuado dado por unas 20 actores-bailarines amateur en sus trajes típicos, con buena calidad de sonido e iluminación. Vamos, que lo vi solo unos 10 minutos, un par de "escenas", porque más me hubiera aburrido. Pero se notaba que había una dirección preocupada por cierta calidad.

A lo que voy, una presentación folcklórica, realizada por aficionados con una más o menos cuidada puesta en escena, es más verdadera que cualquier obra teatral que se ve por ahí (incluyendo por supuesto a una obra teatral que trate de representar algo como lo que describo). Y esa gente ni sabía que tenían más fuerza que una obra de teatro, dicho esto último por necesidades retóricas claro.

En la cena final con los iniciados, después de la comida, vino el baile. Al principio todo bien, una danza típica de los eventos sociales de más baja estofa. Pero al final vino el famoso "¡¡¡que cante, que cante!!!" Y surgieron unos fandangos listillos, que va cantando uno y otro. Alguna danza de la botella. Después vi que la métrica de estos fandangos es la misma que las coplas. Nada, que poder reproducir ese tipo de cosas en una escena, con los remitentes originales, puede ser
interesante.

Suyo,