9 dic. 2011

"Cat on a hot Tin Roof "- Tennessee Williams (I)

Mi distante Teófilo,
Me informan que está próximo a migrar del frío hacia el sur buscando aires más cálidos como las grullas blancas de "No puedo imaginar el mañana"; entonces recordé este hermoso e incisivo inicio de obra:

"De persona a persona
Sin duda es una pena que una proporción tan grande del trabajo creativo esté estrechamente relacionado con la personalidad de quien lo hace.
Es triste, vergonzoso y poco atractivo que las emociones que conmueven al crador con la suficiente profundidad como para exigir su expresión y cargarla de cierto nivel de luz y de poder, estén casi todas arraigadas, por transformadas que se muestren en su superficie, en las preocupaciones particulares y a veces peculiares del propio artista, en ese mundo especial, en las pasiones e imágens propias de aquél que cada uno de nosotros teje sobre sí mismo desde el nacimiento hasta la muerte, una red de monstruosa complejidad, desplegada a una velocidad incalculable y de una longitud que supera toda medida, desde la boca de la araña hasta sus propias percepciones singulares.
Es una idea solitaria, una condición solitaria, sobre la cual resulta tan aterrador pensar que por lo general no lo hacemos. Y por eso hablamos entre nosotros, nos escribimos y nos mandamos telegramas, nos llamamos desde corta y larga distancia a través de la tierra y el mar, nos estrechamos las manos al reunirnos y al separarnos, nos peleamos e incluso nos destruimos entre nosotros a raíz de este esfuerzo, siempre en cierta forma coartado, de romper los muros que nos separan. Como dijo una vez un personaje de una pieza: "Todos estamos sentenciados a un confinamiento solitario dentro de nuestra propia piel."
El lirismo personal es el grito que un prisionero lanza a otro desde la celda solitaria donde cada un o está confinado durante toda su vida.
Una vez vi a un grupo de niñitas en una vereda de Mississippi, disfrazadas como muñecas con las galas descartadas de sus madres y hermanas, todas cubiertas de vestidos de baile harapientos y sombreros de plumas y chinelas de tacón alto, que jugaban a representar una reunión de damas en un salón, imitando a la perfección las educadas efusiones y las tontas sonrisas sureñas. Pero una niña no estaba satisfecha con la atención que las otras prestaban a su arrebatada representación, se encontraban demasiado enfrascadas en sus propias representaciones para conformarla, así que extendió sus bracitos flacos, echó hacia atrás su cuello flauito y gritó dirigiéndose al cielo sordo y a sus compañeras de juego igualmente desentendidas: "¡Mírenme, mírenme, mírenme!"
En ese momento, las chinelas de tacón alto de su madre hicieron que perdiera el equilibrio y cayó en la vereda en un aullante enredo de satén blanco manchado y tul rosa desgarrado, pero igual nadie la miró.
Me pregunto si ahora no es una escritora del sur.
Por cierto, no son sólo los escritores sureños con inclinaciones líricas quienes se comprometen en semejante histrionismo y gritan: "¡Mírenme!" Tal vez es una parábola de todos los artistas. Y no siempre nos tropezamos y aterrizamos en un enredo de adornos que nos sientan mal. Sin embargo, es bueno ser consciente de ese peligro y no contentarse con un pedido de atención, saber que a partir del lirismo personal, del histrionismo callejero, debe crearse algo que no sólo atraerá a los observadores sino a los participantes en la representación.
Por mi parte, trato empeñosamente de hacerlo. (...)"


Aquí le envío la primer parte; sé que gusta de las lecturas breves. Le enviaré en unos días el resto.
Con afecto.
Teófila

1 comentario:

Teofilo dijo...

Dice Tenesius Gulielmus (vulgarmente llamado Tennessee Williams) que "Es una idea solitaria, una condición solitaria, sobre la cual resulta tan aterrador pensar que por lo general no lo hacemos." ¿Por qué conociendo ese terror insiste vuesa merced entonces en traer esa glosa a mi mente?

No se si agradecerle por abrir mis ojos o maldecirla por emitir esa luz cegadora.

De todos modos fiel,
Teófilo.