26 jun. 2007

Digresión acerca de la explicación del cambio en las ciencias sociales


Cara Teófila,

Últimamente se la ve a vuestra merced muy interesada por las ciencias sociales -sus recientes y largas epístolas acerca de la explicación de la opresión en la historia, en la pluma de Simone Weil, así lo denotan. En particular motiva la presente la afirmación de este último acerca de "Las causas de la evolución social no deben buscarse ya sino en los esfuerzos cotidianos de los hombres considerados como individuos".

Volvamos sólo unos instantes a la cuestión del paso del medioevo al renacimiento en las ciencias. Una de las formas de explicar el cambio es entender los sistemas complejos como intrínsecamente creativos, es decir, generando continuamente nuevas posibilidades de las que sólo una pequeña parte sobrevivirá, haciendo evolucionar al sistema. Se quiere a veces encontrar en naturaleza algunos ejemplos, como la de un amplio gallinero cerrado en el que a las aves se les muestra el alimento al otro lado de la alambrada. Los animales, al azar, buscarán por todos medios de llegar a su objetivo. Si abrimos en algún lugar de la valla un hueco, finalmente alguna lo encontrará y lograrán salir. Si es una sola gallina tardará más en encontrarlo que si son muchas. Quedará para otra oportunidad intentar probar que el antropocentrismo renacentista provocó una meteórica multiplicación de las gallinas lo que aceleró el que algunas de ellas lograran en pocos siglos lo que desde la antigua Grecia no se había alcanzado.

La pérdida de interés en estudiar seres angélicos y fuerzas omnímodas se puede denominar al menos como la eliminación de una distracción que permite alcanzar objetivos más importantes. Por otro lado, la “democratización” del conocimiento que implicó la puesta del hombre en el centro del universo, la aparición de más instituciones y colectivos interesados en la investigación, el respeto a todo el saber existente (incluido el técnico) y por supuesto la imprenta, multiplicaron la cantidad de individuos deseosos de encontrar respuestas a las más variadas preguntas. No hay que olvidar que junto con las matemáticas floreció la alquimia y todo tipo de modelos no mecanicistas creció junto con los hoy reconocidos científicos. Y por supuesto, tener presente que la escolástica continuó al menos durante dos siglos impávida ante un mundo al que ya no reconocía. Podríamos entonces arriesgar que de ese caldo en ebullición, según una imagen que recuerda al pensamiento complejo de Prigogine (le adjunto un sello conmemorativo), salieron las bifurcaciones aleatorias y no necesarias, que incidieron sobre el mismo sistema, creando eso que se dio en llamar Ciencia Moderna.

Saludos afectuosos,
Teófilo.

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