21 dic 2006
Fill in the Blanks - Jugando con un texto de Deleuze
A ver que le parece el juego que le propongo. Descubra cual es la palabra que falta en el siguiente texto de Deleuze:
"Bien comprendió Nietzsche, por haberlo vivido él mismo, en qué radica el misterio de la vida de _______________. _______________ se apropia las virtudes ascéticas -humildad, pobreza, castidad- para ponerlas al servicio de fines completamente particulares, inesperados, en verdad muy poco ascéticos. Hace de ellos la expresión de su singularidad. No son en su caso fines morales, ni medios religiosos para alguna otra vida, sino más bien los «efectos» de la filosofía misma. Pues no hay en absoluto otra vida para _____________. Humildad, pobreza y castidad se vuelven de inmediato efectos de una vida particularmente rica y sobreabundante, tan poderosa como para haber conquistado el pensamiento y puesto a sus órdenes cualquier otro instinto, efectos de lo que Spinoza llama Naturaleza: una vida que ya no se vive conforme a la necesidad, en función de medios y fines, sino conforme a una producción, una productividad, una potencia, en función de causas y efectos. Humildad, pobreza y castidad son su (de _____________) manera de ser un Gran Viviente y de hacer de su propio cuerpo el templo de una causa demasiado orgullosa, demasiado rica, demasiado sensual. De modo que, atacando a _____________, cae uno en la vergüenza de atacar una apariencia modesta, pobre y casta, lo cual centuplica la rabia impotente; y _____________ no ofrece dónde hacer presa, aunque sea presa de todos los ataques.
Ahí recibe todo su sentido la soledad de _____________. Pues no puede integrarse en medio social alguno, no casa con ninguno."
Atentamente,
Teófilo.
11 nov 2006
El piano de Mine Kawakami
Cara Teófila,Estoy segura que disfrutaría de esta villa en la que resido tanto como yo. Ayer tuve la oportunidad de asistir a una pequeña tertulia en el Colegio Fonseca en la que Mine Kawakami -hija del Representante ante la Cristiandad del Emperador de Cipango- brindó un brillante concierto de pianoforte para solaz de los asistentes.
Varias cosas podría contarle de esta joven algo nómade que a contrapelo de mis temores no nos brindó un largo y soporífero concierto sino todo lo contrario. Intercalaba explicaciones de sus obras a la manera -con vuesa licencia- de la música programática: podrá entender que las dulces explicaciones en un torpe castellano de esta sencilla artista hacían en sí mismas las delicias de todos nosotros. El concierto versó sobre Cipango y el Nuevo Mundo. Del País del Sol Naciente y del Alto Perú trajo sus recuerdos de infancia y sus viajes, en la que su curiosidad y capacidad de asombro ante las maravillas de la naturaleza, las leyendas y la delicadeza humana, se transformaba en bellos y breves piezas de música muy ecléctica en el estilo. De su amada Cuba trajo el relato que ya conocerá de admiración ante la idiosincrasia caribeña frente a la situación de carencia, transformado en tumbaos, ese sonido tan tradicional de pianoforte cubano tocado casi como percusión (sólo le encontré un ejemplo, -de otro artista y no demasiado bonito- en el que el tumbao del pianoforte está en el fondo). Igualmente puede escuchar 1, 2, 3, y hasta 4 breves extractos de la música de Mine.
No se olvide entonces de viajar, de asombrarse y de crear.
Suyo como siempre.
Teófilo.
PD: No se crea que me olvido del otro asunto, ya hablaremos luego.
23 oct 2006
Savater en la casa del Duque de Alba
El franciscano Fernando Savater fue requerido por una citación de la Santa Inquisición a viajar a la ciudad que me acoge. Enterado de esto, el Duque de Alba le extendió una invitación ya que no quiso perder la oportunidad de codearse con este intelectual requerido por diversas cortes europeas. Así, organizó una velada en su palacio al que fueron invitados unos pocos, pero a la que otros cuantos se nos fue franqueado el paso, quedándonos de pie en los altos del salón mientras los invitados comían, a la espera de las palabras del filósofo.
La disquisición de Savater discurrió sobre la educación y, en particular, acerca de la importancia de formar al príncipe –entendiendo a éste con un sentido universalizador de la condición humana, Vd. comprenderá. Me resultó vigorizante la forma en que construyade su discurso alrededor de la Ética y con herramientas estrictamente filosóficas, aunque con moderadas conclusiones, dada su condición.
Le transcribo algunas de sus palabras, de acuerdo al espejo de mi lábil memoria.
“En este país la gente se enorgullece de mantener sus opiniones a lo largo de toda la vida. Aprenden tres o cuatro cosas a los veinte años y se quedan con ella hasta usar bastón. Imaginaros cuando hace millones de años alguien propuso bajar de los árboles, qué hubiera pasado si se le hubiera hecho caso a la opinión mayoritaria de quedarse arriba de los árboles, donde era evidente que todos estábamos más seguros”
Con respecto a ciertas demandas de sectores conservadores acerca de procesos actuales de liberalización de la enseñanza, Savater puntualizó que dichos sectores “cuando son débiles piden libertad de acuerdo a los principios de los otros y cuando son fuertes niegan dicha libertad a los demás de acuerdo a sus propios principios”.
Finalmente emitió una opinión, tomada si mal no recuerdo de Hannah Arendt, que reza que “para que los alumnos sean revolucionarios, los maestros deben ser conservadores” , ya que en caso contrario los alumnos son meras herramientas de las ideas del docente y tienen dificultada para la reacción. Al respecto de esta última no puedo definirme entre aceptarla con una racional simpatía o temerla por el doble filo que acompaña muchas veces a la recta ratio.
Espero que los sofocos estacionales no la inhiban de disfrutar los placeres de esta corta vida que nos ha tocado en gracia. Aquí de momento las lluvias arrecian.
Suyo,
Teófilo.
17 oct 2006
Dilthey citado en las tertulias de Spinoza y sus amigos
Paciente Teófila,
A raíz de la injusta expulsión de Spinoza, estuve repasando algunas de las notas que tomé cuando obligado por las circunstancias debí recalar un tiempo en Ámsterdam, donde tuve el muy poco frecuente honor de asistir a algunas de esas maravillosas tertulias con hombres como Spinoza, Juan de Prado y otros emigrados españoles. En uno de los coloquios de ese inquietante cenáculo, el judío nos transmitió parte de una conferencia sobre el concepto de Paradigma dictada por Dilthey, a quien Spinoza valoraba enormemente por su sentido de la tolerancia:
“Este universo inmenso, inabarcable, inescrutable se refleja de vario modo en los videntes religiosos, en los poetas y en los filósofos. Todos están sometidos al poder del lugar y de la hora. Toda concepción del mundo está condicionada históricamente; por tanto, es limitada, relativa. Parece resultar de esto una tremenda anarquía del pensamiento. Pero precisamente la conciencia histórica, que ha provocado esa duda absoluta, puede también determinar sus límites. En primer lugar, las ideas del mundo se han diferenciado según una ley interna. Aquí mis ideas se remontaron a las grandes formas fundamentales de ellas, tales como acababan de presentárseme mientras sonaba, en la imagen de los tres grupos de filósofos. Estos tipos de visión del mundo se afirman unos junto a otros en el curso de los siglos. Y en segundo lugar, el principio liberador; las concepciones del mundo se fundan en la naturaleza del universo y en la relación del espíritu finito que las concibe con ellas mismas. Así, cada una de ellas expresa, dentro de nuestros límites intelectuales, un aspecto del universo. Todas son, por ende, verdaderas. Pero todas son unilaterales. Nos está vedado contemplar juntos esos aspectos. Sólo podemos ver la pura luz de la verdad en un rayo refractario de distintos modos.”
Sólo ahora es que reparo en el hecho de que la solución adoptada por Dilthey es de alguna manera un "compromiso místico" entre materialistas e idealistas, lo que me deja en la más espantosa soledad ontológica.
De todos modos jovial, la saluda como el primer día.
Teófilo.
7 oct 2006
Spinoza quitado de la protección de sus pares
Paciente Teófila,Sabe Vd. que a veces mis preocupaciones exceden con muchos mis atenciones a vueso afecto y gracia, pero me ha escrito un amigo desde Amsterdam para relatarme con pena las circunstancias en las que Spinoza fue expulsado de la sinagoga. Le transcribo la rabiosa fórmula con la que se lo han comunicado. "Excomulgamos, maldecimos y separamos a Baruch de Espinosa, con el consentimiento de Dios bendito y con el de toda esta comunidad; delante de estos libros de la Ley, que contienen trescientos trece preceptos; la excomunión que Josué lanzó sobre Jericó, la maldición que Elias profirió contra los niños y todas las maldiciones escritas en el libro de la Ley; que sea maldito de día, y maldito de noche; maldito cuando se acueste y cuando se levante; maldito cuando salga y cuando entre; que Dios no lo perdone; que su cólera y su furor se inflamen contra este hombre y traigan sobre él todas las maldiciones escritas en el libro de la Ley; que Dios borre su nombre del cielo y lo separe de todas las tribus de Israel, etc."
Triste fórmula de perseguidos devenidos en perseguidores, donde quedan patentes ciertas regularidades en la bajeza del comportamiento humano.
Invariablemente suyo,
Teófilo.
6 oct 2006
Boas y el particularismo histórico
Cara TeófilaMe pareció procedente enviaros unas breves notas que estuve haciendo acerca de Franz Boas
Los antecedentes
Luego de los prejuicios etnocentristas de la Ilustración y a la luz de las teorías evolucionistas decimonónicas, se empezaban a agolpar a las puertas de la Antropología un cúmulo de teorías cada cual más temeraria que, basándose en datos sesgados, establecían relaciones entre elementos culturales distantes o formas de determinismo cultural sin criterios científicos claros. Aparece en escena Franz Boas (1858-1942), fundador del primer departamento universitario de Antropología en EE.UU., para exigir una profesionalización de la investigación de campo y sobre todo para atacar un uso descuidado del método comparativo que hubiera parecido inaceptable a los mismos Morgan o Tylor.
La Posición de Boas
Boas postula que el trabajo de campo y la recogida de datos son más importantes, más prestigiosos y más científicos que la teorización a cualquier escala, grande o pequeña. Además, para el antropólogo doctorado en Kiel, la difusión es más fácil de justificar que las causas internas independientes como las que defiende el evolucionismo. En “The Limitations of the comparative method” Boas no pone en duda la existencia de muchas y notables semejanzas culturales que no podrían explicarse por difusión, pero afirma que esto no basta para dar por establecida la uniformidad de la historia. Este posicionamiento que lo acompañó a lo largo de su vida lo llevó a un purismo metodológico que despreciaba las generalizaciones en las que siempre encontraba casos negativos. Pero con las probabilidades reemplazando a las certezas mecanicistas en los nuevos horizontes abiertos por la teoría de la relatividad y la mecánica cuántica, Marvin Harris se pregunta por qué entonces los antropólogos deberían exigir a sus leyes que no admitieran excepciones. Boas, de todos modos, sostuvo que la acumulación de datos etnográficos crearía necesariamente las bases para la generalización, una afirmación que según el citado Harris tiene grandes debilidades. La primera de ellas es que una recogida de datos sin hipótesis nos llevaría necesariamente a nuestra conclusión inicial acerca del carácter caótico de la naturaleza, algo derrotista para un científico social. Además, es claro que en cualquier estudio de campo no sólo se recogen ciertos hechos, sino que a la vez se de-jan otros atrás, y esto sucede independientemente de que la investigación esté orientada por una hipótesis formal consciente o no lo esté. De aquí se desprende un error filosófico básico: no existe una recopilación “objetiva” de datos; aunque se haga siguiendo ideas eclécticas, el trabajo de campo se basa en una serie de premisas que condicionarán los muestreos, aunque éstos luego se intenten presentar como variables objetivas. En este sentido fue paradigmático el amplísimo estudio que hizo Boas acerca de los kwakiutl y en particular del potlach, criticado posteriormente por ser un análisis demasiado influido por una visión emic, es decir, que tomaba demasiado en cuenta los puntos de vista de los protagonistas culturales.
El legado:
Su acercamiento a posiciones neokantianas así como su completo rechazo al materialismo es entendible en un momento de avance del marxismo, pero no se debe mezclar a la ligera sus posiciones antievolucionistas y contrarias a la generalización en las ciencias sociales, con aquellas de otros contemporáneos suyos que veían en el avance de la ciencia un ataque a la moral dominante. La lista de los antropólogos que de entre los discípulos de Boas alcanzaron fama e influencia da testimonio de su importancia capital en la historia de la disciplina, y me permito citar a cuatro entre tantos otros: Kroeber, Lowie, Sapir y Benedict. Su contribución más importante tal vez sea el desarrollo del trabajo de campo, en una época en la que muchos de sus contemporáneos eran incapaces de so-meterse a una disciplina científica. Sus últimas palabras antes de morir fueron para otra de sus grandes luchas dentro y fuera de la Antropología: la necesidad de una constante vigilancia contra el racismo.
Entonces Teófila, espero que no haya abusado de vuesa infinita paciencia.
Teófilo
Bibliografía: Harris, Marvin, El Desarrollo de la teoría antropológica, Madrid, Siglo XXI, 2005 Bohannan, P.-Glazer, Marc: Antropología, Madrid, McGraw Hill, 1992
3 oct 2006
Marguerite Yourcenar: Mishima o la visión del vacío
Cara Teófila,Por ese extraña dificultad que plantea a veces coger los libros necesarios para el progreso académico, busqué en mi magra biblioteca alguno que no tuviera la más mínima utilidad formal. Encontréme entonces con uno de los últimos obsequios que Vd. me hiciere, el ensayo sobre el escritor japonés Yukio Mishima de vuesa querida Marguerite Yourcenar.
Debo decirle que sus párrafos no terminaban de convencerme. A veces las problemáticas de corte psicológico suelen mostrárseme algo farragosas, así cómo los análisis de obras que no he leído, por mi poca paciencia antes las opiniones que no puedo rebatir. Sin embargo, mantuve cierto interés tal vez por el morbo de conocer los detalles de un suicidio cuyo sabor promete Marguerite desde las primeras páginas, a lo que se sumaba mi inveterado interés por las biografías de todos aquellos que luchan denodadamente por salir del vacío de un ADN nunca suficientemente diferenciador. O eso creí durante 130 páginas en las que no esperaba más que cierto exotismo de una escritora cosmopolita y misteriosa, hasta que en las últimas páginas el título se volvió estremecedor: “La visión del vacío”. Un alegato al polvo, dos cabezas cortadas, esa muerte de Mishina que en su gratuidad tan absoluta nos quita incluso la autocomplacencia de juzgarla inútil para así calmar nuestra conciencia. Y el regalo de un impresor descuidado o absolutamente delicado que nos entrega al final del libro dos hojas en blanco, las páginas más vacías que he leído desde que un colombiano bonachón cerrara su novela recordando la antigua admonición de que al último “se lo están comiendo las hormigas....”
Teófilo
1 oct 2006
La modestia intelectual de Spinoza y Descartes
Cara Teófila,Bien sabe Vd. que Spinoza en la escuela del ex-jesuita Van den Ende no sólo aprendió latín, física y matemáticas sino también el novedoso cartesianismo. Fíjese entonces como a la manera de Descartes en la introducción al Discurso del Método, el holandés expulsado de la sinagoga inaugura su Tractatus de intelectus emendatione con una justificación introspectiva. Dice Spinoza que después que la experiencia le: “ha enseñado que todas las cosas que suceden con frecuencia en la vida ordinaria son vanas y fútiles, como veía que todas aquellas que eran para mí causa y objeto de temor, no contenían en sí mismas ni bien ni mal alguno a nos ser en cuanto a mi ánimo era afectado por ellas, me decidí, finalmente, a investigar si existía algo que fuera un bien verdadero y capaz de comunicarse y de tal naturaleza que, por sí solo, rechazados todos los demás, afectara el ánimo; más aún, si existiría algo que, hallado y poseído, me hiciera gozar eternamente de una alegría continua y suprema”
Observe cómo Descartes algunas décadas antes en las primeras páginas de su inveterado Discurso había escrito que “habiendo resuelto no buscar otra ciencia que la que se pudiera hallar en mí mismo o bien en el gran libro del mundo, empleé el resto de mi juventud en viajar, en ver cortes y ejércitos, en frecuentar personas de diversos humores y condiciones, en recoger diversas experiencias, en ponerme a prueba a mi mismo en los casos que la fortuna me ponía delante y, en todas las ocasiones, a hacer sobres las cosas que se presentaba una reflexión tal que de ellas pudieras sacar algún provecho (...) Y yo sentía siempre un vivo deseo de aprender a distinguir lo verdadero de lo falso, para ver claro en mis acciones y caminar con seguridad en esta vida”
De más está decir que la modestia introspectiva de sendos maestros no sólo encaja en su discurso global, sino que resulta además saludable para una larga vida en esta joven Holanda rodeada de enormes estados nunca del todo convencidos de los beneficios de liberalizar el consumo de cannabis, el aborto, la eutanasia y la prostitución.
No la entretengo más con mis juegos intelectuales. Envíeles mis saludos si lo ve a Le Mettrie, a quien recordaba ayer a raíz de las cariñosas palabras que le dedica Marvin Harris en su Desarrollo de la Teoría Antropológica.
Con emociones indelebles,
Teófilo.
23 sept 2006
Una bonita selección de textos filosóficos clásicos
Fíjese Vd. que buena colección que he agregado a mi biblioteca. Invítola a hacer lo mismo, sabiendo de antemano que éstos no brindarán el placer de permitirnos recorrer con la mirada los desparejos lomos según se disponen los textos en su correspondiente anaquel.
Saludos varios,
Teófilo.
PD: Permítase ver también el listado completo de libros disponibles esta "Biblioteca Upasika", donde hallará tanto zarzas como rosas.
4 sept 2006
La Gran Guerra y los ciudadanos sobresalientes enviados al frente
Cara Teófila,Seguramente alguien se habrá encargado de hacer la relación de personalidades muertas en la primera guerra mundial, cuando el avance tecnológico pilló in fraganti a la proverbial crueldad humana humillándola con toneladas de carne humana putrefacta. Por mi parte le comento dos ejemplos a sendos lados de Alsacia y Lorena.
En 1914 Alemania declaraba la guerra a Rusia e invadía Francia. Los miembros del legendario grupo del “Jinete Azul” August Macke y Franz Marc se enrolaron voluntariamente para defender su patria, muriendo ambos en el frente, en 1914 y 1916.
El día en que Paul Klee (foto) recibe la noticia de la muerte de su amigo Marc, es llamado a filas y luego de algunas semanas con los reclutas comenzaba su directa preparación para ir al campo de batalla. Entonces es repentinamente trasladado a salvo en una división de reserva. Con motivo de la muerte de Franz Marc, Albert Weissgerber y otros, el rey de Baviera había ordenado proteger la vida del resto sus artistas. Así, el padre de Klee informó a las autoridades sobre la condición de su hijo y entonces en cierta manera gracias también a la muerte de su amigo Marc, Klee se salva de los peligros del frente, recibiendo el muy marcial encargo de pintar aviones. Me imagino al superior diciendo algo así como: "Así que el señorito es artista ¿no? pues a ver si me pintas estos cincuenta aviones". Igualmente, le permitían seguir con su trabajo artístico cuando salía del trabajo.
En el lado francés, Durkheim que había dado una de las páginas más importantes en las ciencias sociales, se deja llevar por el patriotismo y la propaganda, publicando un estudio al parecer no muy bueno sobre la “mentalidad alemana”, que pretendía explicar un supuesto carácter mórbido y patológico de los germanos. También escribió arengas propagandísticas varias como “Cartas a todos los Franceses”.
Sus estudiantes con los que creara la prestigiosa cátedra de Sociología y Educación en la Sorbona, desde donde irradiaba el anuario L’Année Sociologique marcharon al frente. Con excepción de Marcel Mauss, todo murieron, incluyendo su hijo en 1915. Durkheim que mantuvo sus ocupaciones patrióticas, nunca se recuperó de esta pérdida, muriendo dos años después.
Conociéndola me defiendo alegando que la maliciosa relación entre el patriotismo de Durkheim con la muerte de sus alumnos no es mía sino de ciertos antropólogos norteamericanos de los que ya le he hablado con anterioridad. Yo comprendo la actitud del francés nacido en el seno de una familia judía en la conflictiva Lorena: París bien vale una misa.
Escuchando una musiquilla de Eleni Karandriou me despido siempre con mis mejores deseos para Vd. y su familia,
Teófilo.
8 ago 2006
Freud y los antropólogos
Repimporroteadora Teófila,
Dentro de los escritos recomendados por los ancianos de la Escuela Epicurea Salmanticae se encuentra un compendio de textos canónicos de la antropología*. Recién he comenzado con los primeros, correspondientes a los llamados “evolucionistas”: Spencer, Morgan y Tylor. En el ramo denominado de la Antropología Cultural Temprana me he detenido en el señor Franz Boas, que al mencionar a Freud me hizo retrotraer a la introducción realizada por los mismos compiladores –norteamericanos a la sazón-, en la que rezan lo siguiente:
Dos grandes pensadores han sido omitidos en este libro, ya que tuvieron impacto en el entorno general de la antropología más que en la propia antropología. Son Marx y Freud. Ambos forman parte del “Zeitgeist”, y sólo en este sentido son parte de la antropología. Ambos estaban interesados por la antropología, aunque Marx vivió antes de que la palabra significase lo que significa hoy; Freud leyó extensamente sobre ella. La malinterpretaron tanto como nadie lo había hecho; es decir, usaron materiales antropológicos con fines no antropológicos y con fines que los mismos antropólogos tienden a desaprobar.
La importancia de Freud para la antropología no se encuentra en obras tales como “Totem and Tabu”, en la que pretende versar sobre antropología; y tampoco son relevantes sus trabajos posteriores como “Civilization and Its Discontents”, el cual se asigna a estudiantes no graduados en cursos de ciencia social. Más bien, viene de sus primeros escritos —su libro con Brener, “On Histeria”; su pieza maestra “The Interpretation of Dreams”, y las “Three Contributions”. Estos libros no podían, posiblemente, ser seleccionados en una obra que quiere mostrar los pasos históricos del desarrollo de la antropología —aunque el Capítulo 1. de “The Interpretation of the Dreams” puede ser muy bien uno de los documentos germinales de todos los tiempos para la antropología (a pesar del hecho de que pocos antropólogos lo han leído).
Franz Boas (1842-1942) , del que debería tal vez remarcar que es germano-norteamericano, en su artículo “Los Métodos de la Etnología” (1920) profundiza y luego resume en lo siguiente:
“Mientras que podemos dar la bienvenida a la aplicación de todo avance en el método de la investigación psicológica, no podemos aceptar como avance en el método etnológico la cruda trasferencia de una novela, método unilateral de investigación psicológica del individuo a fenómenos sociales cuyo origen se demuestra históricamente que está determinado y sujeto a las influencias que no son en absoluto comparables a las que controlan la psicología del individuo.”
Sabe Vd. mejor que yo que nuestras disertaciones acerca de la Historia del Teatro aceptábamos sin tapujos el nacimiento del tabú del incesto y de la ceremonia equilibrante de la represión según lo narra Freud en “Tótem y Tabú”. Para expiar nuestro espíritu científico, agregábamos en letra pequeña el autoexculpador calificativo de “cuentito” al relato del creador del psicoanálisis y nos consolábamos con el carácter siempre pragmático y nunca científico de los asuntos que tratábamos siempre en función de la producción de sentido espectacular. Por esto mismo la versión de Levi Strauss que ubicaba a la prohibición del incesto en necesidades puramente económicas de la sociedad nos pareció por ser fría y calculadora, poco atractiva para darle una que de otra manera hubiera sido una muy merecida atención.
Espero no aburrirla demasiado con tan largas epístolas que me permito en mi aparentemente elegido libremente exilio.
Lejano y suyo,
Teófilo.
* Antropología. Lecturas. Paul Bohannan y Mark Glazer*. McGraw-Hill, Madrid, 1993. 2da Edición.
31 jul 2006
Tirando de la madeja apareció Ludwig Wittgenstein
Cara Teófila,Sabrá Vd. que parte de mi interés en la Filosofía ha de verse relacionado con el inveterado placer de tirar de la madeja. Comienzo esta semana a leer el libro “Éticas Contemporáneas” de Enrique Bonete Perales, profesor de la Escuela Salmanticae en el cual se interna en el pensamiento de varios pensadores. Aparece en primer lugar un tal Ludwig Wittgenstein y su Tractatus Lógico-Philosophicus.. Resulta que el buen señor Bonete supone a poco empezar que “el lector conoce las tesis fundamentales de este libro”, y que en caso contrario mucho de lo que diga resultaría gratuito.
Así que sin absolutamente ningún pesar, cogí de mi biblioteca la versión en inglés del Tractatus, ya que en castellano sólo encontré algunos fragmentos. Desde el primer lugar, más allá de cierta dificultad por sostener la concentración en un texto tan radical, traté de imaginarme la conflictiva personalidad de una persona que en los albores del siglo XX se embarcaba en la moderna (es decir, casi medieval) tarea de explicar la totalidad de lo que puede ser explicado. ¿A qué reaccionaba con tanta radicalidad? Así que no tuve más remedio que volver a tirar de la madeja y consultar su biografía, de la que le transcribo algunos fragmentos.
Parece ser que el austriaco Wittgenstein nace en 1889 en el seno de las familias más ricas de Europa. En 1906 Al acabar sus estudios de bachillerato, se matriculó en la Escuela Técnica Superior de Charlotenburg (Berlín). Más tarde , ya como ingeniero, se dedicó a problemas de aeronáutica y fue cuando empezó a interesarle la filosofía.
W. se enroló como soldado de artillería al estallar la Gran Guerra, había realizado 2 años de estudios universitarios en Berlín, durante 3 años en Manchester y durante 1 en Cambridge. En el ejercito austriaco eligió (a pesar de su familia y conexiones) servir a su patria en el nivel más bajo. Sin embargo, y debido a su audacia y temeridad casi suicida terminó la guerra con el grado de oficial y cuatro importantes medallas al valor. Durante la campaña tuvo tiempo de escribir el Tractatus
W. conoce personalmente a Bertrand Rusell -quien se transformara en una especie de mentor- el 18 de octubre de 1911; el 2 de noviembre Rusell le escribe a su amiga Lady Ottoline "Creo que mi ingeniero alemán está loco. Opina que no es posible conocer ninguna cosa empírica. Le invité a que admitiese que no había ningún rinoceronte en la habitación, pero se negó". Discrepó también del pacifismo de Rusell, llegando a donar un millón de coronas al ejército austriaco para que desarrolle un mortero.
En 1947 renunció a su cátedra y se retiró a vivir en completa soledad, que fue cuando escribió las "Investigaciones Filosóficas"
En el pensamiento de Wittgenstein pueden distinguirse dos etapas. La primera viene marcada por la publicación del Tractatus logico-philosophicus (1921-1922), en el que trata de dar una salida a los problemas no resueltos del positivismo clásico respecto a las matemáticas, la ciencia y la filosofía. Para él, la filosofía no es un saber, sino una actividad, y su finalidad es aclarar las proposiciones; así, la filosofía se circunscribe a un análisis del lenguaje. La segunda etapa queda definida por su obra Investigaciones filosóficas, publicada póstumamente en 1953. Este libro da origen a la corriente denominada filosofía analítica, que centra su reflexión en el estudio del lenguaje como único modo de resolver los problemas filosóficos.
Vuelve a Austria el 25 de agosto. El 13 había muerto su tío Paul. A pesar de la guerra es uno de los hombres más ricos de Europa. Se deshace de su fortuna entregándosela a sus hermanos, con el compromiso oficial que no se la restituyese nunca, ni en la más mínima parte. Ahora duda sobre que profesión seguir. Piensa en hacerse sacerdote o monje, al final se prepara como maestro de escuela.
Podría contarle mucho más cosas pero no quiero extenderme tanto. Vueso fiel amigo Henry Efwervren ya nos había introducido a Wittgenstein, lo cual no hace sino aumentar mis respetos hacia él. La dejo entonces con una frase del austriaco -nacionalizado británico luego de la anexión de Austria por Alemania- Ludwig W. que le hubiera gustado a Borges para darle grandilocuencia a algún pasaje: “So too at death the world does not alter, but comes to an end.”
Invariablemente suyo,
Teófilo.
26 jul 2006
Los Tapices Flamencos de la Catedral de Zamora
Le cuento que el médico me diagnosticó tristitia dominici diei en un estado leve, pero para que no empeore me recetó descansar con algún corto viaje. Por eso recalé con mis tristes huesos en la bella villa de Zamora, llamada sin exageración “el museo vivo del románico” por la huella artística que el siglo XII dejó en sus muchas y notables iglesias ubicadas casi todas dentro de una alta fortificación a orillas del Duero, como puede ver en la siguiente imagen.

Me dediqué entonces a recorrerlas una a una, por lo que hacerle una descripción exhaustiva la abrumaría más de lo habitual para mis aburridas epístolas. Por cuestiones de tiempo no pude visitar la iglesia de San Pedro de la Nave, en las afueras de la ciudadela. Dicho templo es continuamente recordado por ser uno de los pocos edificios visigóticos –esto es, prerrománicos- que se encuentran en buenas condiciones en la península. De las que efectivamente logré visitar en peregrinación le resaltaré simplemente la pequeña iglesia de Santiago de los Caballeros, donde habría velado sus armas el Cid y la magnificente Catedral de Zamora, con su singular cimborrio de inspiración bizantina, de la que le envío un dibujo.

De la Catedral poco más puedo decirle ya que estaba en obras, pero logré sin embargo deslizarme en el Museo Catedralicio, en el cual además de diversas bagatelas litúrgicas destacan en su magnificencia una serie de tapices de los cuales le envío dos reproducciones en un tamaño bastante grande para que pueda disfrutar en parte la profusión de detalles. Debo decirle que los colores ya notan bastante el paso del tiempo ya que proceden del siglo XV y pueden haber sido bastante maltratados, ya que no sólo se utilizaban como adorno de calles en diversos eventos sino que aparentemente han podido ser usados en alguna época como alfombras, imagínese Vd. Sabía Vd. que en aquella época España que dominaba Flandes era el principal cliente de la importante industria del tapiz que florecía en distintas ciudades. Al perder esos dominios, se creó la Real Fábrica de Tapices en España, para la cual pintores de la talla de Goya realizaron numerosos "cartones pintados" que eran utilizados luego para realizar los tapices. Estas obras de Goya hoy son muy respetadas (mire esta de unos gitanos midiéndose con unos mozos los favores de la señorita), pero en la época recibían agrios comentarios de los fabricantes de tapices que se veían en serios aprietos para repetir con tejidos los leves cambios de luz de la obra de Goya.
A Ud. siempre tan interesada en la cultura clásica le interesarán sendos tapices que le envío.

El primero que le envío fue creado con motivo de Tarquino Prisco, quinto rey de Roma y uno de los que más embellecieron la ciudad. Es admirable de este tipo de obras su capacidad para presentar en un mismo espacio profusión de ideas, épocas y conceptos. En este sentido son los once tapices de la Guerra de Troya, de los que se conservan sólo cuatro, que con pocas palabras y muchas imágenes describen la historia de la guerra que es sinónimo de epopeya.
Le envío la Lámina número 3: “La Muerte de Troilo, Aquiles y Paris”. En esta serie de láminas el texto está en Francés e incluye debajo una traducción resumida en latín. Tenga en cuenta el tamaño de estos tapices: alrededor de 9 metros por cuatro y medio cada uno.

Todos además incluyen palabras aquí y allá para aclarar personajes y alegorías.
Luego de mi recorrido por las callejuelas de Zamora, me decidí a tomar una cerveza fría en una taberna de la Plaza Mayor, para luego poner rumbo a las tierras que me acogen desde hace algunos años.
Suyo, como siempre.
Teófilo.
18 jul 2006
Poetica Adulescentis
Poniendo algo de orden en mi pequeño estudio encontré una caja con los revueltos papeles que dejara atrás Martín Soga antes de decidir en un impulso propio de su romántica inmadurez viajar a encontrarse según dijo, y aún me río del tópico, con los monjes del Templo de Rashmaputrij. Son una serie de notas de baja calidad que reflejan el citado carácter y que espero a su vuelta olvide por completo dedicándose a tareas más piadosas y propias de un muchacho de su edad. A continuación le trascribo un ejemplo de esta que bien podríamos dar a llamar poetica adulescentis.
Me despido, que el carbonero que lleva mis cartas vuelve ahora mismo para el pueblo y además es ya hora de ir a rezar mis maitines
Teófilo.
Durante el máximo de tiempo posible
No te preocupes
ya termina
en sólo un momento
cuando la oscuridad ceda
la ventana se cerrará
entrará aire fresco
y saldrás
Encontrarás qué hacer
pasarás el día
haciendo lo necesario
para tener que pensar
en sólo y nada más que
cuando llegue la noche
no saber y sentir
ese insaciable hambre
de siempre.
Podrás salir más de un día,
dos siete veinte cien
Unir el día y la noche
con un abrazo conmovedor
y serán entonces semanas, meses
Pero inexorablemente una noche
entre la cena y dormirte
entre acostarte y dormir
entre cerrar los ojos y morir
entre nacer y vislumbrar
entre despertar y salir
Igual siempre algún día
el hambre volverá y entonces
otra vez deberás
encontrar la forma de
remover la tierra
de preparar tu estómago
o al menos, de salir
y tratar de morir esta vez
durante el máximo de tiempo posible.
13 jul 2006
“Los Sueños de la Razón” de José Antonio Marina
Paciente Teófila,No crea Vd. que mi humilde biblioteca está formado solamente por libros robados, la mayoría de ellos fueron adquiridos con buenas artes, o bien fueron regalos como es el caso de “Los Sueños de la Razón” de José Antonio Marina que obsequiara mi graciosa hermana en mi última visita a su hacienda en la Española.
He decidido separar mis comentarios en dos epístolas, para así no agobiar los favores de vuesa dulce paciencia. Más adelante intentaré reflexionar sobre el autor y sobre la cocina de este libro, del cual bien sabe Vd. que como filogastronómico en este momento me interesa particularmente. Pero no quise retrasar más mi carta esperando que pueda leerla cuando visite los Champs Elysées.
Pero ahora le contaré sobre el "contenido" de este libro, inscripto en la estructura de un viajero curioso y “objetivo” que visita el lugar de los hechos en compañía del amigo sabio que lo ilumina con sus conclusiones. Marina incluye el correctísimo subtítulo “Ensayo sobre la experiencia política”. Asi, lo más interesante para el autor es "considerar la Revolución (Francesa) como una gigantesca experiencia política". Viajero y amigos, sendos alter ego de Marina, se internan en los meses de Revolución. Allí por ejemplo, por un lado encontraríamos a los girondinos, para quienes "la ley es el resultado de la voluntad general entendida como mayoría en la votación", en una postura parecida a la de los recientemente creados Estados Unidos de América. Por el otro los jacobinos, vencedores bajo Robespierre, para quienes "la voluntad general nada tiene que ver con las votaciones", sino que son algo "objetivo, intemporal, sagrado como la verdad": quien llegue a encontrar ese deseo profundo se convierte en la voz de la nación. Estas y todas las principales discusiones se van sucediendo a lo largo del libro, intentando repetir la imagen de ser una Revolución que se iba discutiendo día a día.
Su protagonista que es un rico hacendado cubano que marcha con su tío que había sido elegido diputado de los colonos de Saint Domingue (actual Haití) para los Estados Generales convocados por el Rey de Francia en 1788 con el fin de resolver sus problemas económicos. Como tal, tiene la posibilidad de codearse con todos los grandes personajes gestores de las ideas y las acciones, por lo que para un no iniciado como yo en el los días de gestión de la revolución resulta una más que atractiva forma de sumergirse en la época.
En el epílogo tal vez encontremos una descripción más clara de las intenciones de Marina, que aunque ferviente defensor de la inteligencia como motor de la humanidad, se posiciona contra la "arrogancia de la razón", que pretende mejorar la sociedad introduciendo reglas nuevas, planificando desde arriba. Marina se basa en Friedrich Hayek, cuando señala que este tipo de racionalista "constructivista" se manifiesta en tres fases: 1) sobreestimación de la razón, 2) desilusión, 3) Exaltación de la Voluntad. Y habla así sea de Robespierre, Hitler o Stalin. Contra la "arrogancia fatal", la alternativa natural de Hayek es el "orden espontáneo" donde la evolución es fruto de la interacción entre infinitos comportamientos individuales.
Esperando no haberla cansado con tales infelices pensamientos, la saluda atentamente y le promete enviarle una epístola acerca de Marina como filósofo y cocinero de libros.
Teófilo.
Post Scriptum: La Imagen que ilustra esta nota es el grabado de Goya titulado "El Sueño de la Razón Produce Monstruos"