12 dic 2011

"Cat on a hot Tin Roof "- Tennessee Williams (III)

Mi querido Teófilo,
Ha recibido usted mi primer misiva, y mi segunda misiva, y ahora recibe usted el final del prefacio a "La gata sobre el tejado de zinc caliente" que le vengo enviando en sucesivas entregas:
"Esta afirmación típicamente emotiva, si no retórica, parece sugerir que, en ese momento, creía tener una relación sumamente personal, incluso íntima, con los espectadores de teatro. Lo creía y lo sigo creyendo. En una época, mi timidez morbosa me impidió tener una comunicación demasiado directa con la gente y posiblemente por eso empecé a escribir piezas y cuentos. Pero incluso ahora, cuando esa timidez que me traba la lengua, me hace sonrojar, me mantiene silencioso y replegado, ha desaparecido con el paso de la problemática juventud de la cual surgía, sigo encontrando más fácil "acercarme" a multitudes de extraños en la silenciosa oscuridad de la platea y los palcos de teatro, que a individuos ubicados del otro lado de la mesa. El que sean extraños en cierta forma los vuelve más familiares y me resulta más fácil acercarme a ellos, más fácil hablarles.
Por supuesto, sé que a veces doy demasiado por descontados simpatías e intereses correlativos en aquellos a quienes les hablo abiertamente, y esto ha llevado a rechazos lo suficientemente doloreosos y costosos como para inspirarme más prudencia. Pero cuando sopeso una cosa en relación con la otra, una fácil coincidencia con un duro respeto, el equilibrio se inclina hacia el mismo lado y, sea cual fuere el riesgo de que me den vuelta la espalda, no quiero hablar con la gente exclusivamente sobre los aspectos superficiales de su vida, el tipo de cosas de las cuales los conocidos se ríen y sobre las que charlan en las situaciones sociales comunes.
Siento que la gente está harta de eso y el cielo sabe que yo también, antes y después del pequeño intervalo de tiemo en el cual capto su atención y digo lo que tengo que decirle. La discreción de la conversación social, incluso entre amigos, sólo es superada por la discreción de "los seis pies profundo", esa tumba donde absolutamente nada se dice. Emily Dickinson, esa solterona lírica de Amherst, Massachussets, que tenía un corazón estricto y salvaje bajo su blusa de tafeta, comentó irónicamente ese tipo de discurso póstumo entre amigos en estas líneas:

Morí por la belleza, pero apenas me había
acomodado en la tumba,
cuando uno que murió por la verdad fue depositado
en un cuarto adyacente.

Me preguntó suavemente por qué desfallecí.
" Por la belleza", repliqué.
"Y yo por la verdad; las dos on una,
hermanos somos", dijo él.

Y así, como los parientes se encuentran por la noche,
hablamos de un cuarto al otro,
hasta que el musgo alcanzó nuestros labios
y cubrió nuestros nombres.

Entre tanto, quiero seguir hablando con ustedes sobre las cosas por las que vivimos y morimos, con tanta libertad e intimidad como si los conociera mejor que cualquier otra persona."
TENNESSEE WILLIAMS



Con afecto.
Teófila.



11 dic 2011

"Cat on a hot Tin Roof "- Tennessee Williams (II)

Mi siempre distante Teófilo,
Ha recibido usted mi primer misiva y me complazco ahora en continuar completando la transcripción prometida:

"(...)
El hecho de que quiero que observen lo que hago para darles un posible placer y para hacerles conocer cosas que creo conocer mejor que ustedes -porque mi mundo es diferente del de ustedes, tan diferente como el mundo de cada hombre lo es del de los demás-, no es suficiente excusa para un lirismo personal que todavía no domina el truco necesario de elevarse por encima de lo singular hacia la preocupación plural, de lo personal a lo que tiene importancia general. Pero durante años y años, que pueden haber pasado como un sueño debido a esta obsesion, he tratado de aprender cómo hacer ese truco y realizarlo, y a veces siento que puedo lograrlo. Por momentos, cuando el arrebatado actor callejero que en mí grita "¡Mírenme!", siento que mi azaroso calzado y mis fantásticas galas tal vez no me hagan perder el equilibrio. Entonces, súbitamente, ustedes compañeros actores del espectáculo callejero, me conceden su atención y me permiten mantenerla, al menos durante el intervalo que va de las 20:40 a las 23 y unos minutos.
Este mes de marzo harán once años del momento en que estaba a sólo nueve meses -mucho más cerca de lo que suponía- de ese acontecimiento largamente demorado pero siempre esperado para el cual vivía: el momento en que por primera vez captaría y retendría la atención del público. En esa ocasion escribí mi primer prefacio a una pieza larga. El último párrafo decía así:

"Hay demasiado que decir y no suficiente tiempo para decirlo. Tampoco hay suficiente poder. No soy un buen escritor. A veces, por cierto, soy muy mal escritor. Difícilmente haya un escritor exitoso en mi ámbito que no pueda trazar círculos alrededor de mi manuscritos, pero creo que escribir es algo más orgánico que las palabra, algo más cercano al ser y la accion. Quiero trabajar con un teatro más plástico que aquel con el cual he trabajado antes. Nunca ni por un momento, he dudado de que hay personas -¡millones!- a quienes decirles cosas. Nos acercamos unos a otros gradualmente pero con amor. Ee el corto alcance de mis brazos lo que se interpone, no la longuitud y multiplicidad de los suyos. Con amor y con honestidad el abrazo es inevitable."
(...)"


Solácese y aguarde mi próxima carta.
Con afecto.
Teófila.

9 dic 2011

"Cat on a hot Tin Roof "- Tennessee Williams (I)

Mi distante Teófilo,
Me informan que está próximo a migrar del frío hacia el sur buscando aires más cálidos como las grullas blancas de "No puedo imaginar el mañana"; entonces recordé este hermoso e incisivo inicio de obra:

"De persona a persona
Sin duda es una pena que una proporción tan grande del trabajo creativo esté estrechamente relacionado con la personalidad de quien lo hace.
Es triste, vergonzoso y poco atractivo que las emociones que conmueven al crador con la suficiente profundidad como para exigir su expresión y cargarla de cierto nivel de luz y de poder, estén casi todas arraigadas, por transformadas que se muestren en su superficie, en las preocupaciones particulares y a veces peculiares del propio artista, en ese mundo especial, en las pasiones e imágens propias de aquél que cada uno de nosotros teje sobre sí mismo desde el nacimiento hasta la muerte, una red de monstruosa complejidad, desplegada a una velocidad incalculable y de una longitud que supera toda medida, desde la boca de la araña hasta sus propias percepciones singulares.
Es una idea solitaria, una condición solitaria, sobre la cual resulta tan aterrador pensar que por lo general no lo hacemos. Y por eso hablamos entre nosotros, nos escribimos y nos mandamos telegramas, nos llamamos desde corta y larga distancia a través de la tierra y el mar, nos estrechamos las manos al reunirnos y al separarnos, nos peleamos e incluso nos destruimos entre nosotros a raíz de este esfuerzo, siempre en cierta forma coartado, de romper los muros que nos separan. Como dijo una vez un personaje de una pieza: "Todos estamos sentenciados a un confinamiento solitario dentro de nuestra propia piel."
El lirismo personal es el grito que un prisionero lanza a otro desde la celda solitaria donde cada un o está confinado durante toda su vida.
Una vez vi a un grupo de niñitas en una vereda de Mississippi, disfrazadas como muñecas con las galas descartadas de sus madres y hermanas, todas cubiertas de vestidos de baile harapientos y sombreros de plumas y chinelas de tacón alto, que jugaban a representar una reunión de damas en un salón, imitando a la perfección las educadas efusiones y las tontas sonrisas sureñas. Pero una niña no estaba satisfecha con la atención que las otras prestaban a su arrebatada representación, se encontraban demasiado enfrascadas en sus propias representaciones para conformarla, así que extendió sus bracitos flacos, echó hacia atrás su cuello flauito y gritó dirigiéndose al cielo sordo y a sus compañeras de juego igualmente desentendidas: "¡Mírenme, mírenme, mírenme!"
En ese momento, las chinelas de tacón alto de su madre hicieron que perdiera el equilibrio y cayó en la vereda en un aullante enredo de satén blanco manchado y tul rosa desgarrado, pero igual nadie la miró.
Me pregunto si ahora no es una escritora del sur.
Por cierto, no son sólo los escritores sureños con inclinaciones líricas quienes se comprometen en semejante histrionismo y gritan: "¡Mírenme!" Tal vez es una parábola de todos los artistas. Y no siempre nos tropezamos y aterrizamos en un enredo de adornos que nos sientan mal. Sin embargo, es bueno ser consciente de ese peligro y no contentarse con un pedido de atención, saber que a partir del lirismo personal, del histrionismo callejero, debe crearse algo que no sólo atraerá a los observadores sino a los participantes en la representación.
Por mi parte, trato empeñosamente de hacerlo. (...)"


Aquí le envío la primer parte; sé que gusta de las lecturas breves. Le enviaré en unos días el resto.
Con afecto.
Teófila

27 nov 2011

Heródoto y teatro

Mi amantísimo,
Sé que le han llegado rumores bien fundados que relatan mi estado de abulia y abandono de mí misma. Entonces iré de inmediato a invitarle a que se entretenga con nuestro amigo:
"Por su parte Periandro, el que informó a Trasibulo de la respuesta del oráculo, era hijo de Cípselo y tirano de Corinto. Pues bien, al decir de los corintios (y con ello coinciden los lesbios), en el curso de su vida fue testigo de un extraordinario portento: la llegada al Ténaro, a lomos de un delfín, de Arión de Metimna, que era un citaredo sin par entre los de su época y el primer individuo, que nosotros sepamos, que compuso un ditirambo, le dio este nombre y lo hizo representar en Corinto."

Vuelvo a mis quehaceres.
Afectuosísima
Teófila.

27 oct 2011

Clarice Lispector, del 7 de septiembre de 1.968

Mi querido Teófilo, la dejo con ella:

ES NECESARIO TAMBIÉN NO PERDONAR
Una entrevistada por el programa de la BBC, Inglaterra, Hora de las Mujeres, habló sobre sus experiencias como prisionera de guerra.
-Cuando una persona ya pasó por muchos sufrimientos, sabe apreciar las debilidades y buenas cualidades incluso de los propios enemigos. ¿Por qué debe ser nuestro enemigo completamente malo, o la víctima completamente buena? Ambos son criaturas humanas, con lo que hay de bueno y de malo. Y creo que si apelamos al lado bueno de las personas tendremos éxito, la mayoría de las veces.
Sé lo que ella quiso decir, pero está mal. Hay un momento en que se debe olvidar la propia comprensión humana y tomar partido, aun equivocándonos, por la víctima, y un partido, aun equivocándonos, contra el enemigo. Y volverse primario al grado de dividir a las personas en buenas y malas. El momento de supervivencia es aquel en que la crueldad de quien es la víctima se ejerce, la crueldad y la rebelión . Y no comprender a los otros es lo que corresponde.
Con afecto.
Teófila.

10 oct 2011

Clarice Lispector, en el medio del mismo día

Mi amantísimo Teófilo,
Hoy no ando de deseos ni de paseos. Sólo me detengo en ella y la vuelvo a amar en el mismo día:
"1967
19 de agosto
LA SORPRESA
Mirarse en el espejo y decirse deslumbrada: qué misteriosa soy. Soy tan delicada y fuerte. Y la curva de los labios conservó la inocencia.
No hay hombre ni mujer que no se haya mirado en el espejo y no se haya sorprendido consigo mismo. Por una fracción de segundo nos vemos como un objeto a observar. A esto le llamarían tal vez narcisismo, pero yo lo llamaría: alegría de ser. Alegría de encontrar en la figura exterior los ecos de la figura interna: ah, entonces es cierto que no me imaginé, yo existo."

¿Y usted? ¿Nada dice?
Mis afectos distantes para usted.
Teófila


10 sept 2011

Clarice Lispector, al final del mismo día

Mi amantísimo Teófilo,
Simplemente, hoy, la dejo con ella para que la ame tanto como yo:
"JUGAR A PENSAR
El arte de pensar sin riesgos. Si no fuese por los caminos de emoción adonde el pensamiento conduce, el pensar ya se habría catalogado como uno de los modos de divertirse. No se invita a los amigos al juego a causa de la ceremonia que se cumple al pensar. El mejor modo es invitar sólo a una visita, y, como quien nada pide, pensar juntos, con el disimulo de las palabras.
Esto, en tanto juego liviano. Pues para pensar en profundidad -que es el máximo grado de hobby- es necesario estar solo. Porque entregarse a pensar es una gran emoción, y solamente se tiene el valor de pensar delante de otro cuando la confianza es tan grande que no hay inhibición en usar, de ser necesario, la palabra otro. Además se exige mucho de quien nos ve pensar: que tenga un corazón grande, amor, cariño, y la experiencia de haberse entregado también a pensar. Se exige tanto de quien oye las palabras y los silencios -como se exigiría en el sentir. No, no es cierto. En el sentir se exige más.
Bueno, pero, en cuanto al pensar como diversión la ausencia de riesgos lo pone al alcance de todos. Algún riesgo existe, es claro. Se juega y se puede salir con el corazón ensombrecido. Pero por lo general, si se toman los recaudos intuitivos, no hay peligro.
Como hobby, presenta la ventaja de ser por excelencia transportable. Aunque en el seno del aire sea aún mejor, a mi ver. En ciertas horas de la tarde, por ejemplo, cuando la casa llena de luz más parece vaciada por la luz, mientras la ciudad entera se estremece trabajando y sólo nosotros trabajamos en casa pero nadie lo sabe -en esas horas en que la dignidad se reharía si contáramos con un taller de arreglos o una sala de costura-, en esas horas: se piensa. Así: se empieza desde el punto exacto donde uno se encuentre, aunque no sea por la tarde; sólo por la noche no lo aconsejo.
Una vez por ejemplo - en el tiempo en que mandábamos la ropa a lavar afuera- estaba yo haciendo la lista. Tal vez por el hábito de poner título o por unas súbitas ganas de tener un cuaderno prolijo como en la escuela, escribí: lista de... Y fue en ese instante cuando aparecieron las ganas de no ser seria. Es ésta la primera señal del animus brincandi, en materia de pensar -como hobby. Y escribí aguda: lista de sentimientos. Lo que quería decir con esto tuve que dejarlo para más adelante -señal de que estaba en el camino correcto y que no me afligía por no entender; la actitud debe ser: no se pierde por esperar, no se pierde por no entender.
Entonces empecé una listita de sentimientos de los cuales no sé el nombre. Si recibo un regalo hecho con cariño por una persona que no quiero -¿cómo se llama lo que siento? La falta que se siente de una persona que ya no queremos, ese dolor y ese rencor -¿cómo se llaman? Estar ocupada -y de pronto detenerme por haber sido invadida por una súbita indolencia dulcificadora y venturosa, como si una luz de milagro hubiese entrado en la sala: ¿cómo se llama lo que he sentido?
Pero debo aclarar. A veces se empieza a jugar a pensar, y he aquí que inesperadamente es el juguete el que empieza a jugar con nosotros. No es bueno. Es sólo fructífero."

Como dicen ahora por ahí: para paladear despacio y volver a gustarla una y otra vez y sucumbir ante tanta inteligencia.
Amantísima,
Teófila.

24 ago 2011

Jean-Luc Lagarce

Mi amantísimo,
Habiendo ya participado generosamente en el intercambio de regalos con que hemos reanudado nuestro epistolario, le transcribo unas palabras de Lagarce en "Music-Hall":
"El jefe-burlón -entonces- ofreciéndome el lugar:
'La casa es suya, sheniorita'
¡Casa! Este masacote informe de suburbio gris,
semillero de perdedores.
'Pero le advierto -dice esto
para coronar su discurso- con una historia así,
no va a venir mucho público,
no hay que esperar gran cosa, ni ganancias ni nada.
Porcentaje sobre el bar, porque hay un bar, ¿no
le habían dicho? Porcentaje, imposible, usted
esta soñando -querida sheniora-
no, no se puede esperar mucha ganancia y aplausos tampoco,
por supuesto,
son muy lentos y cerrados por aquí y poco entusiastas,
pero los aplausos, ¿para qué sirven?
¿Eh?

Para una ilusión de triunfo, para nada más, y tampoco
-agrega jefe-burlón, con la complicidad silenciosa
de sus muchachos-
y tampoco, es seguro que vengan,
son desconfiados y no tienen sentido del humor,
y un espectáculo sin historia es un chiste, ¿no?
¿Eh? ¿Eh?'
Y yo, siempre lo mismo, un viejo número que tengo,
desde hace ya mucho tiempo, y que uso muy seguido,
y sin ir más lejos esta tarde, sin ir más lejos,
y yo
sonriente, lentamente y con desenvoltura,
la Chica que se las sabe todas y siempre salió
del pantano,
porque es un pantano,
acá también, ríanse, acá también,
y sin ir más lejos que hoy..."
Con aires de desear más.
Teófila.


19 ago 2011

Alexandr Serguéievich Pushkin (1799-1837)

Cara Teófila,

Escribo estos rudos garabatos para no perder la singular oportunidad que se presentó en la posada en la que fortuitamente deposité mis huesos al encontrar a nuestro mutuo amigo J......, quien está por estas tierras en visita oficial y aceptó gustosamente la tarea de llevarle esta misiva.

No habiendo novedades personales de interés, le comentó que para este viaje cogí presurosamente un ejemplar de “La hija del capitán” de Pushkin* que comprara en Salónica cuando su Santidad me dio su dispensa para volver por primera vez.

Sin tiempo para mayor análisis, decirle que es una novela romántica, de honor y de acción, en la que un joven aristócrata sale del hogar paterno hecho un imberbe para volver forjado como hombre para poder seguir explotando con honor el trabajo de sus semejantes, con la ayuda final de la Emperatriz, cual Deus Ex Machina.

Siempre descubro en los clásicos de la literatura ese placer del neófito ante un mundo tan interdependiente. Seguramente algún avezado benedictino con acceso a innumerables bibliotecas es capaz de hacer relaciones certeras entre aleph y omega. A mí me basta con disfrutar encontrarme en este folletín con Tolstoi y Chejov o incluso con Verne y Borges.

Sin más, prometo escribirle de manera más asidua.
Su humilde servidor,

Teófilo


*Pushkin, Alexandr S., “La hija del Capitán / La Dama de Pique”, Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1978.

18 ago 2011

J.D. Salinger

Mi tiernísmo Teófilo,
Los sonidos de la inteligencia son bellísimos. Retribuyo el bello regalo que me ha hecho con Mishima con un largo bocado de Salinger en "El guardián entre el centeno":
"Se volvían locos. Eran el mismo tipo de cretinos que en el cine se ríen como condenados por cosas que no tienen la menor gracia. Les aseguro que si fuera pianista o actor de cine o algo así, me reventaría que esos imbéciles me consideraran maravilloso. Hasta me molestaría que me aplaudiesen. La gente siempre aplaude cuando no debe. Si yo fuera pianista, creo que tocaría dentro de un armario. Pero, como iba diciendo, cuando acabó de tocar y todos se pusieron a aplaudirle como locos, Ernie se volvió y, sin levantarse del taburete, hizo una reverencia falsísima, como muy humilde. Como si además de tocar el piano como nadie fuera un tío sensacional. Tratándose como se trataba de un esnob de pirmera categoría, la cosa resultaba bastante hipócrita. Pero, en cierto modo, hasta me dio lástima porque creo que él ya no sabe siquiera cuándo toca bien y cuándo no. Y me parece que no es culpa suya del todo. En parte es culpa de esos cretinos que le aplauden como energúmenos. Esa gente es capaz de confundir a cualquiera. Pero, como les iba diciendo, aquello me deprimió tanto que estuve a punto de recoger mi abrigo y volverme al hotel, pero era pronto y no tenía ganas de estar solo."


Con toda mi ternura.
Su Teófila


28 jul 2011

Derecho de gentes

Estimada Teófila,

Sé que sus inquietudes estéticas no han sido óbice para mantener también un fuerte vínculo con el estudio de las leyes. (Recuérdeme cuando la vea que le devuelva su magníficamente iluminado manuscrito de la "Res Publica" de Platón). Es por esto que me permito enviarle un párrafo extraído de una sentencia del Procurador del Rey en la que el derecho de gentes hace gala de un particular humanismo y conocimiento de la psicología que aunque en vuesa tierra estéis tal vez acostumbrados, no deja de sorprender a los jurisconsultos de este lado del océano. Tenga en cuenta que aquí el derecho de gentes se ha dado de posponer en beneficio de los altos intereses del Imperio, algo por lo cual no dejo de expresar mi insatisfacción en cada ocasión que se precie incluso a riesgo de caer en desgracia ante los benefactores de nuestra Orden. Le trascribo letra por letra:
“Las causas en las que se investiga la comisión de delitos de lesa humanidad, revelan con nitidez que el terror radicó en la negación del otro no sólo en términos físicos, sino también mediante la colonización de su subjetividad a través de la despersonalización; es decir objetualizando a los sujetos, reduciéndolos a una cosa”, explica el dictamen de Delgado, al que accedió este cronista.
Dicho sea de paso que con sumo desazón he comprobado a partir de una intercalación hecha por mí en una farsa que se ha representado en distintas cortes, lo poco que se lee a Primo Levi.

Sin más y pidiéndole nuevamente disculpas por abonar temas que para usted resultan harto conocidos, la saludo todo lo efusivamente que nuestra condición lo permita.

Teófilo.

5 jun 2011

Clarice Lispector

Mi adorado Teófilo, mi queridísimo, mi siempre añorado, mi amantísimo.
Vuelvo siempre a sus brazos, y ojalá mi retorno le traiga aires vigorosos de altas montañas y lo impulsen a salir al mundo nuevamente. Retribuyo sus regalos llegados desde las lejanas Grecia y Noruega. Aquí le dejo las palabras que abren "Revelación de un mundo" de nuestra bellísima y amada Clarice:
"1967 - 19 de agosto.
NIÑOS IRRITANTES
No puedo. No puedo pensar en la escena que visualicé y que es real. El hijo está de noche dolorido por el hambre y le dice a su madre: tengo hambre, mamá. Ella le responde con dulzura: duerme. Él dice: pero estoy con hambre. Ella insiste: duerme. Él insiste. Ella grita dolorida: ¡duerme, niño molesto! Los dos se quedan en silencio en la oscuridad, inmóviles. ¿Estará dormido? -piensa ella despierta. Y él está demasiado amedrentado para quejarse. En la negra noche los dos están despiertos. Hasta que , por dolor y cansancio, ambos dormitan, en el nido de la resignación. Y yo no soporto la resignación. Ay, cómo devoro con hambre el placer de la revuelta."

Todos mis afectos para usted.
Teófila

20 may 2010

Bauman y Holocausto

Cara Teófila,

He tenido una entrevista con Zygmunt Bauman sobre el tema "Holocausto y posmodernidad" Bauman nos hace recordar la importancia de los análisis críticos. Esto quiere decir, no quedarnos sólo con las propuestas positivas de Habermas, Arendt o Taylor, que en su esfuerzo pragmático transigen casi por necesidad.

Habla primero de cómo los esfuerzo ordenadores tienen a apuntar más y más hacia los resultados indeseados de los esfuerzos anteriores1.
Pero a Bauman lo que le interesa es el concepto de ambigüedad que es lo que se tiende a eliminar desde los ordenamientos indicados desde el poder. La ambigüedad queda entendida socialmente como lo monstruoso, lo que no es ni una cosa ni otra. Y los judíos que no son ni paganos ni cristianos son un claro ejemplo de ello. Propone que el cristianismo más que antisemita era alosemita, es decir, que la discriminación era en el sentido de considerarlos distintos (allus, otro) y merecer un trato específico.
Pero en épocas más recientes esa características de “nación no nacional” los transformaron en una amenaza al orden. Y con el nazismo directamente se convertían en una antirraza, ya que erosionaban las razas propiamente dichas.

Dice Bauman que “La línea que divide el nacionalismo, que reclama la unidad cultural, del racismo, que proclama una base natural para dicha unidad, es y tiene que ser tenue.” “El otro de dentro” empezó a ser puesto contra la pared.

Bauman destaca que los Estados modernos ya no están por la labor de poner a una parte de su población contra otra. Sin embargo, las viejas estrategias de eliminar la ambigüedad al fagocitar al “otro de dentro” se han transformado en estrategias de expulsión, como se ve en el caso de la inmigración.

Bauman destaca que “Una invención fundamentalmente moderna es la idea de que ciertas categorías de seres humanos no tienen sitio en la “sociedad buena” y cree que esta idea perdura en el hombre moderno. Insiste no en quitarle la culpa a los alemanes del Holocausto, sino que “que Alemania hizo lo que hizo en razón de lo que comparte con el resto de nosotros, no por lo que los diferencia de nosotros”. Bajo la idea de “libertad de elección” se esconden derechos de unos pueblos sojuzgados por la felicidad de otros.

El final de la entrevista es una diferenciación entre ética moderna y postmoderna y en general un análisis de la pertinencia misma del concepto de potmodernidad. He hecho al respecto una entrada nueva en el glosario: “Ética moderna”

Espero no haberla incordiado con tanto palabrerío,
Atento a vuesa merced.

Teófilo.



ZYGMUNT BAUMAN, "DIÁLOGO CON ZYGMUNT BAUMAN, Holocausto y posmodernidad" (Entrevista), Revista Claves de Razón Práctica, Nº 125, Septiembre 2002
  1. El tema de los efectos colaterales del ordenamiento Lo podemos rastrear hasta la razón instrumentalista de Weber y su “máquina de hierro”.

19 may 2010

Bauman y la ética moderna

Cara Teófila,

Admire con que sencillez Bauman define los desafíos éticos de la modernidad. Sepa que para él son distintos a los de la posmodernidad, pero eso es otra historia.
“Podemos hablar con un mínimo de certeza de lo que era la ética moderna (la búsqueda de un código de comportamiento que toda persona en pleno uso de sus facultades tendría que seguir), de en qué consistía la práctica ética de la modernidad (la legislación de un escenario social que no dejase otra opción a la persona que la obediencia del código), de qué beneficios suponía dicha práctica (la disminución de la violencia –es decir, de la coerción ilegítima, no –autorizada– en la vida diaria), del precio al que se obtenían dichos beneficios (habituarse a una gran cantidad de violencia legítima –autorizada– tras la máscara de la coerción “funcional” y convertirla en una rutina hasta el punto de hacerla invisible) y de cuáles eran los efectos potencialmente mórbidos para la moralidad (poner la conformidad con las reglas en el lugar de la responsabilidad por el Otro).”
Salud, que sé que la necesita.
Teófilo

ZYGMUNT BAUMAN, "DIÁLOGO CON ZYGMUNT BAUMAN, Holocausto y posmodernidad" (Entrevista), Revista Claves de Razón Práctica, Nº 125, Septiembre 2002

18 may 2010

La potencia de Arendt


Cara Teófila,

Sin disminuir mi amor por Vos, ha llegado a mi corazón la señorita Hannah Arendt. Vea usted que potentes palabras al responder a una reseña crítica al filósofo Eric Voegelin acerca de “Orígenes del Totalitarismo”. Más que hacer una reseña del artículo me interesa destacar cuestiones de la prosa de Arendt que tanto me ha gustado descubrir este año. En general son un tipo de razonamiento muy adecuado para aplicar a la política contemporánea.
“Describir los campos de concentración sine ira no es ‘ser objetivo’ sino indultarlos”. (9)
¿Cuántos supuestos “objetivistas” esconden actitudes conservadoras? Recientemente debatimos con Pedro al respecto (aquí y también por correo electrónico).
“toda historiografía es necesariamente una operación de salvamento, y con frecuencia de justificación; nace del temor del hombre al olvido y del empeño que alguien pone en favor de algo, lo cual es incluso más que el simple recordar.” (9)
Bella metáfora y explicación de la memoria histórica.
Si moralicé o si me dejé llevar por el sentimiento es que simplemente no hice bien lo que tenía que hacer, a saber: describir el fenómeno totalitario como ocurriendo no en la Luna, sino en medio de una sociedad humana. (9)
Eso se llama filosofía a martillazos pero insistiendo en que no se puede usar la filosofía para defender argumentos emotivos, como vemos a continuación: no hay que mezclar unas cosas con otras.
“la cuestión es que los liberales claramente no son totalitarios. Lo que no excluye, por supuesto, el hecho de que elementos liberales o positivistas se presten también a un pensamiento totalitario; pero tales afinidades significarían sólo la necesidad de trazar distinciones aun más precisas en virtud del hecho de que los liberales no son totalitarios. (10) (...) mi litigio fundamental con el estado presente de las ciencias históricas y políticas reside en su creciente incapacidad para hacer distinciones.
Lo siguiente lo rescato por la interesante etimología que propone., Savater habría hecho la misma propuesta años después en Filosofía para Amador
Se distinguen de las multitudes de siglos pasados en que no tienen intereses comunes que las mantengan unidas ni ningún tipo del “acuerdo” mutuo que, según Cicerón, constituye el inter-est, lo que está entre los hombres, y que se extiende a todo, desde lo material a lo espiritual y a otros órdenes. (10)
Y aunque resulte increíble, aún hoy hacen falta responder a cuestiones como las que siguen
Quienes de los terroríficos sucesos de nuestro tiempo sacan la conclusión de que tenemos que volver a la religión y a la fe por razones políticas, me parece que muestran idéntica falta de fe en Dios que sus adversarios.
Saludos y salud.

Teófilo


PS: El artículo es Nº 124 de CLAVES DE RAZÓN PRÁCTICA