27 feb. 2006

Weber y Reclus

Inolvidable Teófilo,
En la conferencia que ya le nombré, Weber se pronuncia por una Universidad más bien no masiva y señala un objetivo ideal pedagógico en los siguientes términos:
Una experiencia más que suficiente y una sobria reflexión me han enseñado a desconfiar profundamente de los cursos masivos, por inevitables que sean. La democracia está bien dentro de su propio ámbito, pero la educación científica que, por tradición, hemos de procurar en las Universidades alemanas, es una cuestión de aristrocracia espiritual y sobre esto no cabe engañarse. También es cierto que la exposición de los problemas científicos de tal modo que resulten comprensibles para una mente no educada, pero capaz, y ésta llegue (y esto es para nosotros lo único decisivo) a tener sobre ellos ideas propias, es quizás la más difícil de las tareas pedagógicas.
Anteriormente le he comentado de un discurso de Reclus. El comienzo de este discurso es muy intersante por la habilidad retórica para plantear el problema básico de individuo/sociedad. Pero no quiero apartarme del eje que me ocupa: la escuela, la educación, los maestros, los ideales pedagógicos e institucionales. De tal orden podría decirse que son las siguientes citas:
(...) La ciencia, tal como la concebimos, tal como trataremos de interpretarla, tiene el ligamen por excelencia que da el respeto sin límites al pensar del hombre. Tendrá también el lazo que nos aseguran la comunidad del método, la voluntad firme de no sacar conclusiones que no se deriven de la observación y de la experiencia, de descartar escrupulosamente todas las ideas preconcebidas, puramente tradicionales o místicas. En fin, contamos con un tercer lazo, el que los alumnos y los oyentes anudarán entre nosotros por su amor a la verdad, por su alto espíritu de estudio sincero y desinteresado.
(...) Lo mismo que Emerson, nos dirán con toda justicia que la primera cualidad del hombre que se consagra a la verdad científica es el heroísmo.
(...) Al contrario, lo ponemos vivamente en guardia contra todos los formularios y los guía-asnos que no gustan de los libros ni tampoco de la Naturaleza; le decimos que desconfíe de los programas que limitan la inteligencia, de los cuestionarios que la anquisolan, de los resúmenes que la empobrecen, y le aconsejamos que estudie por sí mismo, con todo el entusiasmo del descubrimiento.
(...) Su grave preocupación consistirá no en aparentar que saben, sino en saber.
Quizás podría decirse que el discurso entero de Reclus trata sobre esa difícil tarea pedagógica señalada por Weber.
Suya, siempre.
Teófila.

25 feb. 2006

Otro comienzo inigualable: Kafka.

Mi querido Teófilo,
Cierta vez le transcribí un comienzo de una novela que me había parecido digno de entrar en el panteón de los mejores. Excelentísimo este comienzo conocidísimo:
"Cuando Gregor Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto. Estaba tumbado sobre su espalda dura, y en forma de caparazón y, al levantar un poco la cabeza, veía un vientre abombado, parduzco, dividido por partes duras en forma de arco, sobre cuya protuberancia apenas podía mantenerse el cobertor, a punto ya de resbalar al suelo."
La metamorfosis. Franz Kafka.

Con inmenso afecto.
Teófila.

23 feb. 2006

Weber , Tolstoi y la búsqueda de maestros

Mi querido Teófilo,
Alguna vez nos hemos preguntado Qué hacemos en Leaving-Salónica?. Por cierto, no es mi intención dedicarme en este momento a esbozar posibles respuestas o a polemizar al respecto. Sí observo en la elección de las citas y de los temas cierta preocupación "ética" por llamarla-y muy provisoriamente- de algún modo. Pues bien, he aquí la conferencia "La ciencia como vocación" pronunciada por Max Weber "por invitación de la Asociación Libre de Estudiantes de Munich durante el invierno revolucionario de 1919" y publicada "por vez primera en su forma actual durante el verano de 1919", según nota de Marianne Weber.
(...) Dados estos supuestos y teniendo en cuenta que, como acabamos de decir, han naufragado ya todas esas ilusiones que veían en la ciencia el camino "hacia el verdadero ser", "hacia el arte verdadero", "hacia la verdadera naturaleza", "hacia el verdadero Dios", hacia la felicidad verdadera", ¿cuál es el sentido que hoy tiene la ciencia como vocación? La respuesta más simple es la que Tolstoi ha dado con las siguientes palabras: "La ciencia carece de sentido puesto que no tiene respuesta para las únicas cuestiones que nos importan, las de qué debemos hacer y cómo debemos vivir."
(...) Sobre estos dioses y su eterna contienda decide el destino, no una "ciencia". Lo único que puede comprenderse es qué cosa sea lo divino en uno u otro orden o para un orden u otro. Aquí concluye todo lo que un profesor puede decir en la cátedra sobre el asunto, lo cual no quiere decir, por supuesto, que con eso concluya el problema vital mismo.
(...) Según la postura básica de cada cual, uno de estos principios resultará divino y el otro diabólico, y es cada individuo el que ha de decidir quién es para él Dios y quién el demonio.
(...) A todo lo que acabamos de decir una parte de nuestra juventud contestaría diciendo: "Sí, pero, de todas formas, nosotros asistimos a clase para algo más que para escuchar análisis y verificaciones de hechos. El error en que esta actitud incurre es el de buscar en el profesor algo que éste no puede dar. Buscan en él un caudillo y no un maestro, pero sólo como maestros se nos concede la cátedra.
(...) Frente al profesor que tiene delante, el muchacho americano piensa que le está vendiendo sus conocimientos y sus métodos a cambio del dinero de su padre, exactamente del mismo modo dque la verdulera le vende a su madre una col.
(...) Y si se siente llamado (el profesor) a intervenir en los conflictos existentes entre las distintas concepciones del mundo y las diversas opiniones, que lo haga en la plaza pública, en donde discurre la vida, en la prensa, en reuniones, en asociaciones o en donde quiera, no en las aulas. Resulta demasiado cómodo mostrar la fortaleza de sus opiniones allí en donde los que le escuchan, que quizá piensen de otro modo, están condenados al silencio.
(...) Y cuando, sin nuevas y auténticas profecías, nos obstinamos en constituir nuevas religiones se producen internamente esperpentos semejantes, cuyas consecuencias han de ser peores aún. Las profecías lanzadas desde la cátedra podrán crear sectas fanáticas, pero nunca una auténtica comunidad. A quienes no puedan soportar virilmente este destino de nuestro tiempo hay que decirles que vuelvan en silencio, llana y sencillamente, y sin la triste publicidad habitual de los renegados, al ancho y piadoso seno de las viejas Iglesias, que no habrán de ponerles dificultades. Es inevitable que de uno u otro modo tengan que hacer allí el "sacrificio del intelecto". (el de la máxima agustiniana de "credo non quod, sed quia absurdum est")
(...) Hay que ponerse al trabajo y responder, como hombre y profesional, a las "exigencias de cada día". Esto es simple y sencillo si cada cual encuentra el demonio que maneja los hilos de su vida y le presta obediencia.

Suya siempre.
Teófila.

21 feb. 2006

Escuela a la griega y a la romana.

Mi querido Teófilo,
En una de nuestras amables conversaciones, citábale yo este texto de Paul Veyne:

Mientras tanto, los jóvenes prosiguen sus estudios. ¿Para convertirse en buenos ciudadanos? ¿Para aprender su futuro menester? ¿Para adquirir los medios de comprender algo en el mundo en que viven? No, sino para adornar su espíritu, para cultivarse en las bellas artes. En Roma, no se enseñaba materias formativas ni utilitarias, sino materias de prestigio, y en primer lugar la retórica. La educación en las regiones griegas del Imperio era diferente. Mientras que la escuela romana es un producto de importación y, como tal, se mantiene separada de la calle, de la actividad política y religiosa, la escuela griega formaba parte de la vida pública. Tenía como escenario la palestra y el gimnasio, ya que el gimnasio era una segunda plaza pública a la que todo el mundo tenía acceso y donde no era gimnasia todo lo que se hacía. Pero también se hacía, y en mi opinión la enorme diferencia entre la educación a la griega y la educación romana radica en que el deporte ocupaba la mitad de la primera; incluso las materias literarias (la lengua materna, Homero, la retórica, un poco de filosofía y mucha música, aún en tiempos del Imperio) se enseñaban en un rincón del gimnasio o de la palestra.

Una vez le hablé de Foucault; él insistía en esto de la tarea filosófica como un "emprender el saber cómo y hasta dónde sería posible pensar distinto"; Veyne hablaba de la historia como "viaje hacia lo otro". Gran viajero fue Elisée Reclus, geógrafo y anarquista que en 1895 durante la sesión de apertura de la Universidad Nueva de Bruselas pronunció un discurso "Del heroísmo en los estudiantes y en los profesores" en el cual reivindica con fuerza el pensamiento libre. Aún no he acabado con él, otro día le citaré seguramente algún párrafo.

Con pasión y suya.
Teófila.



19 feb. 2006

"La Razón del Gourmet", de Michel Onfray,

Inolvidable Teófila,
Conociendo vuesos aires de gourmande debo recomendarle la lectura urgente de "La Razón del Gourmet", de Michel Onfray, de quien recientemente le mostrara una entrevista en El País. Un sagaz panegírico acerca de los creadores de alimentos y bebidas, un repaso de todos los verdaderos teóricos e investigadores de sabores y aromas.

"De la Flor" escribe en la siempre vendedora contratapa sobre que el "gusto y olfato, las "cenicientas" de los cinco sentidos, adquieren ahora dignidad filosófica como soportes de la gastronomía." Yo agregaría que el de Onfray es uno de los pocos esforzados intentos de inscribir el cuerpo del hombre moderno en el mundo de lo real y acuciante. Muchas cosas podría contarle de este libro, por lo que sólo elegiré alguna cita en concordancia con el aporte que antecede. Esta viene a cuento de "La Fisiología del Mundo", del que le envío un faxsimil junto con esta epístola, del francés Jean Anthelme Brillat Savarin .

  • La "Fisiología del Gusto" es de un género patético, una filosofía de la pasión, en el sentido etimológico, de la emoción, de la sensación. Como todo pensamiento que evoluciona en tales territorios, supone algunos puntos fuertes a partir de los cuales se construyen edificios teóricos más espaciosos (...) Si todo el esfuerzo de Brillat hubiera sido dedicado a una vieja manía, con que está llena el cementerio filosófico, ninguna duda cabe de que se le hubieran ofrecido los laureles de muy distinto modo, no por sus ramilletes adornados. Pero así es, al gremio no le gustan los banquetes. ¡Él sólo conoce el de Platón! El castigo ya está presente en la falta; así pues, seamos clementes.

Luego le contaré más. Suyo siempre,
Teófilo.

17 feb. 2006

Marco Aurelio

Simpático Teófilo,
Sé que le parecerá abundante la selección de citas que hoy le presento. Es que... ¡más fuerte ha sido el deseo de compartirlas sin recortes! Todas son de Marco Aurelio y han sido copiadas en unos pequeños y vetustos cuadernillos. A su disposición:
Qué extraño es el comportamiento de los hombres! Niegan el elogio a sus contemporáneos y a quienes viven en su compañía, mientras anhelan el elogio de quienes vendrán después de ellos, a quienes nunca conocieron ni conocerán: como si tú te lamentaras de que tus antepasados no te han elogiado.
Hoy me he liberado de todas las contrariedades: no estaban fuera, sino dentro de mí, en cómo yo las juzgaba.
¡Qué tranquilidad, la del que no observa lo que su vecino ha dicho, hecho o pensado, sino que se preocupa sólo de que sus actos sean justos y santos! Como el buen corredor, no mires a tu alrededor, corre directamente a la meta, sin distracción.
Un instante dura la vida del hombre; fluir continuo es su esencia, oscuras sus sensaciones, corruptible su cuerpo entero, errabunda su alma, imprevisible su destino, azarosa su fama. En una palabra, lo propio de su cuerpo es como el fluir de un río; lo propio de su alma, sueño y vanidad. Su existencia es un batallar, un viaje por tierras extranjeras. Su gloria póstuma, olvido. ¿Qué le queda entonces que lo proteja? Única y exclusivamente la filosofía. Y ella consiste en que conserve su genio interior incontaminado por insulto y agresiones, por encima de dolores y placeres; que no actúe jamás con falsedad o hipocresía; que no dependa del obrar ajeno; que, además, esté siempre listo para recibir todo lo que le reserve la fortuna como si proviniera de donde él proeviene; y, sobre todo, que espere con tranquilidad la muerte, convencido de que no es sino la disolución de los componentes atómicos de todo ser.

Como siempre, con afecto.
Teófila.

15 feb. 2006

Ferdydurke de Gombrowicz

Mi querido Teófilo,
Caminaba por unas callejas sombrías y sucias cuando, literalmente, un pasquín con una enorme foto de Gombrowicz me hizo detener. Extraigo -espero para su solaz-, de "Ferdydurke":
¿Cuál entonces -preguntaréis- debería ser la concepción nuestra para que podamos por fin expresarnos de modo más adecuado a nuestra realidad, más razonable y a la vez más soberano? Señores, no está dentro de vuestras posibilidades convertiros, así no más , de hoy para mañana en maduros vates; podéis, sin embargo, en cierta medida sanear esos males y recuperar la soberanía perdida, alenjándoos de aquel arte que os procura un cuculio tan molesto. Ante todo, romped de una vez con esa palabra: arte, y también con esa otra: artista. Dejaos de hundiros en esas palabras que repetís con la monotonía de la eternidad. ¿No será cierto que cada uno es artista? ¿No será así que la humanidad crea el arte no sólo sobre el papel y la tela, sino en cada momento de la vida cotidiana? Cuando la doncella se pone una rosa, cuando en una charla amena se nos escapa un chiste jocoso, cuando alguien se confía al crepúsculo, todo eso no es otra cosa sino arte. ¿Para qué, entonces, esa división tremenda: ah, yo soy artista, yo creo el Arte, si más conveniente sería decir con sencillez: yo, quizás, me ocupo del arte un poco más que otras personas. Y, en segundo lugar, ¿por qué ese culto, esa admiración, para ese solo arte que se expresa en lo que llamamos "obras"?

Aguardo sus epístolas.
Animosa.
Teófila.

13 feb. 2006

Yourcenar y Adriano

Mi querido Teófilo,
Amo siempre este libro, "Memorias de Adriano", de Marguerite Yourcenar. El libro comienza con un poema de Adriano:
ANIMULA VAGULA, BLANDULA,
HOSPES COMESQUE CORPORIS,
QUAE NUNC ABIBIS IN LOCA
PALLIDULA, RIGIDA, NUDULA,
NEC, UT SOLIS, DABIS IOCOS...
P. AELIUS HADRIANUS, Imp.
Quizás ame usted tanto esos versos como yo...
Con afecto.
Teófila.

12 feb. 2006

¿Cómo agregar Epístolas a Leaving Salónica?

Cualquier piadoso navegante que desee incluir sus reflexiones en "Leaving Salonica" puede hacerlo de 2 maneras:
  • Si es un comentario a una epístola existente, simplemente siga los vínculos de comentario y agregue su reflexión.
  • Si desea agregar una nueva epístola para que aparezca con su título en el blog, hágalo por favor como comentario de esta entrada o epístola, siguiendo el vinculo de "Comentarios / Comments" al final, o bien aquí. El aporte quedará debajo de esta epístola explicativa, hasta que Teófilo o Teófila lo revisen y lo envíen con la firma o seudónimo de su autor a la página principal de "Leaving Salónica".
Cualquier diferendo se resolverá de acuerdo a los Términos del Concilio de Nicea I.

11 feb. 2006

Bakunin

Mi querido Teófilo,
Los placeres de la lectura me son cada día más intensos. No dude usted en leer a Bakunin.
En efecto, era preciso un profundo descontento de la vida, una gran sed del corazón y una pobreza poco menos que absoluta de espíritu para aceptar el absurdo cristiano, el más atrevido y monstruoso de todos los absurdos religiosos.
Mijail Bakunin, Dios y el Estado.

Con afecto.
Teófilas

9 feb. 2006

Limericks de Edward Lear

Mi querido Teófilo,
De mis achaques me he recuperado haciendo ingesta de algunas combinaciones halladas en una excelente farmacopea ubicada en uno de los estantes de la biblioteca de mis aposentos. Dicha farmacopea recomienda, entre otras, la combinación de 2 gramos de limerick untados con 1 pizca de Bashô y 1 pizca de Salustio.
Excelente es el estudio "La poesía disparatada" de George Orwell para introducirnos al limerick de Edward Lear. Transcribo:
Hasta que el surrealismo hiciera una voluntaria incursión en el terreno del inconsciente, la poesía que pretendía ser disparatada -dejando aparte los absurdos estribillos de las canciones- no parece haber sido muy corriente. Este hecho otorga una posición relevante a Edward Lear, quien fue uno de los primeros escritores en tener por tema la pura fantasía -con países imaginarios y palabras inventadas- sin ningún propósito satírico. Sus poemas no son todos ellos igualmente disparatados: algunos consiguen su efecto mediante una distorsión de la lógica, pero todos se asemejan en el hecho de que el sentimiento que subyace en ellos es de tristeza y no de amargura. Expresan una suerte de simpática locura: una simpatía natural por todo lo que es débil y absurdo. (...) Más tarde aparece una dama con algunas gallináceas y de ahí se sigue una relación amorosa trunca. Mr. Megroz cree, de forma bastante plausible a mi entender, que puede estar refiriéndose a algún incidente en la vida del propio Lear. Este nunca se casó y es fácil conjeturar que hubo algo que funcionó muy mal en su vida sexual. Sin lugar a dudas un psiquiatra podría detectar significaciones de todo tipo en sus dibujos y en la reiteración con que aparecen palabras inventadas del tipo de runcible (runflante). Su salud fue muy mala y, como fue el menor de los veintiún hijos de una familia pobre, debió haber conocido las estrecheces y la precariedad en los primeros años de su vida. Es evidente que fue poco feliz y además solitario por naturaleza, a pesar de tener buenos amigos. Aldous Huxley, al elogiar las fantasías de Lear como una especie de afirmación de la libertad, ha señalado que los "ellos" de los limericks representan el sentido común, la legalidad y, en general, las más aburridas de las virtudes. "Ellos" son los realistas, los seres prácticos, los ciudadanos sobrios tocados de sus sombreros hongos que están siempre dispuestos a impedirle a uno hacer algo que valga la pena. Por ejemplo:
There was an Old Man of Whitehaven,
Who danced a quadrille with a raven;
But they said, "It's absurd
To encourage this bird!"
So they smashed that Old Man of Whitehaven.
Con afecto.
Teófila

7 feb. 2006

Macedonio Fernández y Castoriadis

Mi querido Teófilo,
Nuevamente unas punzadas persistentes me han obligado a retirarme a mis aposentos. Nada fue obstáculo, sin embargo, para re-leer a Macedonio Fernández de quien Borges dijo: "Su excelencia estaba en el diálogo y tal vez por eso pueda asociárselo a genios que no escribieron nunca como Sócrates o Pitágoras o aún Buda y Cristo. Lo primordial era su presencia, su compañía".
Aparte de algunos poemas publicados en la revista Martín Fierro, lo primero que se edita de Macedonio es "No toda es vigilia la de los ojos abiertos", en 1928. Transcribo parte del comienzo:
Ojos abiertos no son todo vigilia ni toda la vigilia.
A cosas de nuestra alma vigilia llama sueños. Pero hay de ésta también
un despertar que la hace ensueño:
la crítica del yo, la Mística.
Vigilia, no lo eres todo. Hay lo más despierto que tú: la mística.
Y ensueños entre párpados recogidos.
Más que el día
es evidente el Ser, la plenitud,
y eternidad nemónica individual
de nuestro ser
nunca comenzado, interrumpido ni cesable.
Lemas
De Arte y Vida:
Tragedia y Humorística no sufren límite en el Arte ni en la Vida.
De Pensamientos:
Haya poder contra la muerte: el Ser no tiene ley, todo es Posible.
Un Estado, cultura, arte, ciencia o libro no hechos para servir a la Pasión,
directa o indirectamente, no tienen explicación.
Despierta el alma, vigente en dormido cuerpo, son los ensueños. Y a
veces rige sobre la Vigilia; hace esperar en el umbral a la Realidad.
Sin Fantasía es mucho el Dolor; se hace, más de lo que es, fantástico.

Quien escribió el prólogo a una edición de 1967 nos da algunas pistas muy interesantes para comprender ese texto tan apasionante que es el que me ocupa. Dice así: M. F. habla en alguna parte de prosa o poema de "ver hacer", en que el lector ve cumplirse el trabajo del artista, porque éste no busca sorprender por sorprender ni alucinar con habilidades, sino conmover la conciencia en la medida de sus medios y sin ocultar las vicisitudes de la operación creadora. Podría decirse que en No toda es vigilia ofrese una "metafísica de ver hacer", que se lo ve pensar, que se transparentan las dificultades de llegar a una intelección nitida y, con no menos dificultad, de exponerla, es decir dominar los rebeldes mecanismos de la comunicación de pensamientos no utilitarios.
No puedo menos que asociar con algunos ácratas, libertarios o anarcos, como prefiera llamarlos. Así, por citar sólo un ejemplo, algo de Castoriadis:
Debería ser una trivialidad, reconocida por todos, el que en el caso del trabajo de reflexión, quitar los andamiajes y limpiar los accesos al edificio, no solamente no aporta nada al lector, sino que le quita algo esencial. Contrariamente a la obra de arte, no hay aquí edificio terminado y por terminar; tanto como, o más que, los resultados importa el trabajo de reflexión, y es quizás eso sobre todo lo que un autor puede hacer ver, si puede hacer ver algo. La presentación del resultado como totalidad sistemática pulimentada -lo que en realidad no es jamás-, o incluso del proceso de construcción -como es tan a menudo el caso, pedagógica pero falazmente, de tantas obras filosóficas- bajo la forma de proceso lógico ordenado y dominado, no puede hacer más que reforzar en el lector esa ilusión nefasta hacia la que está, como lo estamos todos, naturalmente llevado, según la cual el edificio fue construido para él y que, si se encuentra bien donde está, no le queda ya sino habitarlo. Pensar no es construir catedrales o componer sinfonías. La sinfonía, si la hay, el lector debe crearla en sus propios oídos.


Han desaparecido esas punzadas. Bienvenidas sean siempre estas lecturas vigorizantes.
Con afecto.
Teófila.

5 feb. 2006

Aventuraciones filosóficas

Excelentísimo Teófilo,
Digamos que me he metido en un mar de lecturas, pensamientos, recuerdos y reflexiones. Via longa erit (el camino será largo).
Comencemos entonces.

Respecto de todas las ciencias, artes, habilidades y oficios vale la convicción de que para poseerlos se necesita un reiterado esfuerzo de aprendizaje y de ejercicio; y que, si bien todos tienen ojos y dedos, y se les proporciona cuero e instrumentos, no por ellos están en condiciones de hacer zapatos. En lo referente a la filosofía, en cambio, parece ahora dominar el prejuicio de que cualquiera sabe inmediatamente filosofar y apreciar la filosofía porque para ello posee la medida en su razón natural -como si cada uno no poseyera también en su pie la medida del zapato.
HEGEL.
Recordar Stanislavski. Pensar en cómo valuamos lo que leemos. Reflexionar acerca de las tecno-cracias, teo-cracias, aristo-cracias.

Que ninguno por ser joven vacile en filosofar, ni por llegar a la vejez se canse de filosofar. Pues no hay nadie demasiado prematuro ni demasiado retrasado en lo que concierne a la salud de su alma. El que dice que el tiempo de filosofar no le ha llegado o le ha pasado ya, es semejante al que dice que todavía no ha llegado o que ya ha pasado el tiempo para la felicidad. Así que deben filosofar tanto el joven como el viejo; éste para que, en su vejez, rejuvenezca en los bienes por la alegría de lo vivido; aquél para que sea joven y viejo al mismo tiempo por su intrepidez frente al futuro. Es, pues, preciso que nos ejercitemos en aquello que produce la felicidad, si es cierto que, cuando la poseemos, lo tenemos todo y, cuando nos falta, lo hacemos todo por tenerla.
EPICURO

Estos filósofos olvidados, excluidos del panteón de la cultura general occidental, amontonados en las historias y manuales en un único y solitario capítulo donde cada uno es beneficiario de no más que unas pocas líneas...

Se trata de la curiosidad, esa única especie de curiosidad, por lo demás que vale la pena de practicar con cierta obstinación: no la que busca asimilar lo que conviene conocer, sino la que permite alejarse de uno mismo. ¿Qué valdría el encarnizamiento del saber si sólo hubiera de asegurar la adquisición de conocimientos y no, en cierto modo y hasta donde se puede, el extravío del que conoce? Hay momentos en la vida en los que la cuestión de saber si se puede pensar distinto de como se piensa y percibir distintode como se ve es indispensable para seguir contemplando o reflexionando. (...) Pero ¿qué es la filosofía hoy -quiero decir la actividad filosófica- si no el trabajo critico del pensamiento sobre sí mismo? ¿Y si no consiste, en vez de legitimar lo que ya se sabe, en emprender el saber cómo y hasta dónde sería posible pensar distinto? Siempre hay algo de irrisorio en el discurso filosófico cuando, desde el exterior, quiere ordenar a los demás, decirles dónde está su verdad y cómo encontrarla, o cuando se siente con fuerza para instruirles proceso con positividad ingenua; pero es su derecho explorrar lo que, en su propio pensamiento, puede ser cambiado mediante el ejercicio que hace de un saber que le es extraño. El "ensayo" -que hay que entender como prueba modificatoria de sí mismo en el juego de la verdad y no como apropiación simplificadora del otro con fines de comunicación- es el cuerpo vivo de la filosofía, si por lo menos ésta es todavía hoy lo que fue, es decir una "ascesis", un ejercicio de sí, en el pensamiento.
FOUCAULT.


Me quedo pensando.
Animosa,
Teófila.

3 feb. 2006

Manifiesto Apologético

Mi querido Teófilo,
He perdido la cuenta ya de cuántas veces escapó del cautiverio Fray Servando Teresa de Mier.
Tengo en mis manos un facsimil de su "Manifiesto Apologético del Doctor Don Servando Teresa de Mier, Noriega, Guerra, etc." Para nuestra fascinación, leemos:
En el sermón de Santa Maria de Guadalupe, que prediqué siendo joven en su Santuario del Tepeyac el día 12 de diciembre de 1794, emprendí a probar que el Evangelio había sido predicado en nuestra América siglos antes de la conquista, por Santo Tomás, a quienes nuestros indios llamaron ya Santo Tomé, como los cristianos de Santo Tomé en la India Oriental; ya chilancambal que significa lo mismo, esto es, mellizo en lengua chinesa; ya quetzalcóatl que quiere decir lo mismo en lengua mexicana. Y que la Virgen Santísima bajo el nombre de Tzenteotinantzin que significa madre del verdadero Dios, o Tonantzin nuestra señora y madre, tuvo desde aquellos tiempos templo en Tepeyac y le dieron culto los cristianos (que eso quiere decir mexicanos) en una imagen idéntica a la de Guadalupe, si no es la misma, conforme intentó persuadir el indio D. Valeriano autor del manuscrito mexicano, fuente original de la historia guadalupana que escribió ochenta u ochenta y dos años después de la aparición.
Suya, con afecto.
Teófila.

1 feb. 2006

Elohim y una falacia

Mi querido Teófilo,
Dejo hablar a los textos que leo. Traigo pues un comienzo y un final.
Comienzo.
"En el principio, Dios es los Dioses (Elohim), plural que algunos llaman de majestad y otros de plenitud y en el que se ha creido notar un eco de anteriores politeísmos o una premonición de la doctrina, declarada en Nicea, de que Dios es Uno y es Tres. Elohim rige verbos en singular: el primer versículo de la Ley dice literalmente: En el principio hizo los Dioses el cielo y la tierra."
Final.
"Ser una cosa es inexorablemente no ser todas las otras cosas; la intuición confusa de esa verdad ha inducido a los hombres a imaginar que no ser es más que ser algo y que, de alguna manera es ser todo. Esta falacia está en las palabras de aquel rey legendario del Indostán, que renuncia al poder y sale a pedir limosna en las calles: 'Desde ahora no tengo reino o mi reino es ilimitado, desde ahora no me pertenece mi cuerpo o me pertenece toda la tierra'. Schopenhauer ha escrito que la historia es un interminable y perplejo sueño de las generaciones humanas; en el sueño hay formas que se repiten, quizá no hay otra cosa que formas; una de ellas es el proceso que denuncia esta página."
Comienzo y Final pueden verse en "De Alguien a Nadie", en "Otras Inquisiciones", Borges - Obras Completas - Emecé Editores - 1983.
Había marcado la página con una hojita de calendario en la que bramaba José Martí:
"No hay en la tierra más vida honrada que la que uno se abre con sus propios brazos".
Con afecto.
Teófila.