30 ago. 2006

Menipo según Luciano de Samosata

Mi querido Teófilo,
Sepa comprender mi impaciencia, pero no he recibido noticias suyas desde hace tiempo ya. Mi escritura se vuelve nerviosa y los cantos salmodiosos de los benedectinos están; nada más que eso. Están y son salmodiosos. Están y son salmodiosos y extraños. Están y están; y cubren la habitación con sólo voces. Casi una única voz...
Nos autem gloriari oportet
in cruce Domini nostri

Me distraigo. Deseaba escuchar su voz a mi lado y de sus labios leer diálogos muy "visibles", tales cuales estos de Luciano:
1
Diógenes da a Pólux, que va a subir a la vida, algunos encargos para Menipo, los filósofos, los ricos, los jóvenes hermosos y fuertes, y los pobres, referentes a la vanidad humana y a la igualdad que reina en los infiernos.
DIÓGENES Y POLUX
DIÓGENES. - Pólux, te encargo, apenas subas a la tierra, puesto que a tí, según creo, te toca resucitar mañana que si ves por alguna parte a Menipo el cínico, y lo encontrarás probablemente en Corinto, en los alrededores del Cranion o en el Liceo, riéndose de las disputas de los filósofos , le digas: "Menipo, Diógenes te invita, si es que las cosas de la tierra te han hecho ya reír bastante, a que vayas abajo, donde todavía has de reirte muchos más. Ahí la risa está contenida por la duda, por aquello tan repetido de ¿quién sabe absolutamente lo que hay después de la vida? Pero abajo no cesarás, con seguridad, de reírte, como yo lo hago, principalmente cuando veas a los ricos, a los sátrapas y a los tiranos empequeñecidos, oscurecidos, sin distinguirse por otra cosa que por el gemido, y relajados enternamente y envilecidos con el recuerdo de sus grandezas de arriba." Esto le dices; y añádele que venga con las alforjas bien repletas de altramuces o que se traiga la cena de Hécate, si por acaso la encuentra desparramada en el camino,o un huevo expiatorio o alguna cosa por el estilo.
POLUX. - Se lo diré Diógenes. Mas para que lo conozca mejor, ¿qué aspecto es el suyo?
DIÓGENES. - Es viejo; calvo; lleva un manto lleno de agujeros, abierto a todos los vientos y remendado con piezas de varios colores; siempre está riéndose y se entretiene parte del tiempo en burlarse de eso fantasmones de filósofos.

Mis cariños para usted, mi amigo.
Teófila.

29 ago. 2006

Menipo según Velazquez

Mi añorado Teófilo,
Muchos motivos tenía Menipo de Gadara para reir, al igual que Diógenes de Sínope. Velázquez nos presenta su modo de reir magistralmente a mi parecer, y creo que en ello podremos convenir (observe como en este sitio la autora habla de la "sonrisa cínica").
Mucho me agradaría leer alguna de las trece sátiras que dicen escribió Menipo.
Con sonrisas.
Teófila.

22 ago. 2006

Los Fescennini versus y la fascinación de Teófila

Mi querido Teófilo,
Un tibio pudor roza la indecencia y sólo puedo comentarle que Teófila fascinada se halla al presenciar esos procaces diálogos al son de flautas y flautines.
Mas si lo desea puede admirar algunos carmina: saliaria, fratrum arvalium...
Con picardía.
Teófila.

20 ago. 2006

Calímaco y la tristeza de Teófila

Mi querido Teófilo,
La tristeza de Teófila arrecia. Pequeños epigramas caen en sus ojos sólo para recordarle que alguna vez se aferró a un credo. Así, Calímaco le susurra:
"Odio el poema cíclico, y no me agrada el camino donde se arrastran los pasos de la multitud; tengo horror del amante que se ofrece a todos; no bebo de la fuente común, me disgusta todo lo público".

Añoro su cercanía, mi querido.
Con amabilidad.
Teófila.

9 ago. 2006

No soy de aquí ni soy de allá

Mi querido Teófilo,

Un primer acorde profundo, calmo y eternamente feliz suena: no puedo menos que enamorarme en ese primer instante. Y enamorada, pedir al cantor que una y otra vez vuelva a cantar su canción.

No soy de aquí..., ni soy de allá,
no tengo edad, ni porvenir,
y ser feliz es mi color de identidad.

Suya y con afecto.
Teófila.

8 ago. 2006

Freud y los antropólogos


Repimporroteadora Teófila,

Dentro de los escritos recomendados por los ancianos de la Escuela Epicurea Salmanticae se encuentra un compendio de textos canónicos de la antropología*. Recién he comenzado con los primeros, correspondientes a los llamados “evolucionistas”: Spencer, Morgan y Tylor. En el ramo denominado de la Antropología Cultural Temprana me he detenido en el señor Franz Boas, que al mencionar a Freud me hizo retrotraer a la introducción realizada por los mismos compiladores –norteamericanos a la sazón-, en la que rezan lo siguiente:

Dos grandes pensadores han sido omitidos en este libro, ya que tuvieron impacto en el entorno general de la antropología más que en la propia antropología. Son Marx y Freud. Ambos forman parte del “Zeitgeist”, y sólo en este sentido son parte de la antropología. Ambos estaban interesados por la antropología, aunque Marx vivió antes de que la palabra significase lo que significa hoy; Freud leyó extensamente sobre ella. La malinterpretaron tanto como nadie lo había hecho; es decir, usaron materiales antropológicos con fines no antropológicos y con fines que los mismos antropólogos tienden a desaprobar.
La importancia de Freud para la antropología no se encuentra en obras tales como “Totem and Tabu”, en la que pretende versar sobre antropología; y tampoco son relevantes sus trabajos posteriores como “Civilization and Its Discontents”, el cual se asigna a estudiantes no graduados en cursos de ciencia social. Más bien, viene de sus primeros escritos —su libro con Brener, “On Histeria”; su pieza maestra “The Interpretation of Dreams”, y las “Three Contributions”. Estos libros no podían, posiblemente, ser seleccionados en una obra que quiere mostrar los pasos históricos del desarrollo de la antropología —aunque el Capítulo 1. de “The Interpretation of the Dreams” puede ser muy bien uno de los documentos germinales de todos los tiempos para la antropología (a pesar del hecho de que pocos antropólogos lo han leído).

Franz Boas (1842-1942) , del que debería tal vez remarcar que es germano-norteamericano, en su artículo “Los Métodos de la Etnología” (1920) profundiza y luego resume en lo siguiente:

“Mientras que podemos dar la bienvenida a la aplicación de todo avance en el método de la investigación psicológica, no podemos aceptar como avance en el método etnológico la cruda trasferencia de una novela, método unilateral de investigación psicológica del individuo a fenómenos sociales cuyo origen se demuestra históricamente que está determinado y sujeto a las influencias que no son en absoluto comparables a las que controlan la psicología del individuo.”

Sabe Vd. mejor que yo que nuestras disertaciones acerca de la Historia del Teatro aceptábamos sin tapujos el nacimiento del tabú del incesto y de la ceremonia equilibrante de la represión según lo narra Freud en “Tótem y Tabú”. Para expiar nuestro espíritu científico, agregábamos en letra pequeña el autoexculpador calificativo de “cuentito” al relato del creador del psicoanálisis y nos consolábamos con el carácter siempre pragmático y nunca científico de los asuntos que tratábamos siempre en función de la producción de sentido espectacular. Por esto mismo la versión de Levi Strauss que ubicaba a la prohibición del incesto en necesidades puramente económicas de la sociedad nos pareció por ser fría y calculadora, poco atractiva para darle una que de otra manera hubiera sido una muy merecida atención.

Espero no aburrirla demasiado con tan largas epístolas que me permito en mi aparentemente elegido libremente exilio.
Lejano y suyo,
Teófilo.

* Antropología. Lecturas. Paul Bohannan y Mark Glazer*. McGraw-Hill, Madrid, 1993. 2da Edición.

7 ago. 2006

Escuchando a Cafrune

Amabilísimo Teófilo,
Más interesada en escuchar bellezas tales como "Cuando llegue el alba" mi alma se distrae y desatiende los deberes impuestos por un estudio tan mamotrético cuan inútil y aburrido.
Envíole mis afectos más empedernidos.
Suya,
Teófila.

1 ago. 2006

La comuna de París

Mi querido Teófilo,
Lentamente me recupero de ciertas penosas dolencias. Mis manos nuevamente pueden pulsar casi sin querer las teclas y escribir. Mis ojos se han deleitado sin más con la lectura de sus deliciosas epístolas. Las varias y numerosas y difíciles cuestiones que en ellas sus epístolas expone, objeto serán para nuestro estimado amigo en común-Henry Efwervren- de sendas misivas. Yo, mientras, me amasijo entre palabras famosas: "Pero París en armas era la revolución en armas."
Déjeme, mi amigo, con mis nimias veleidades y salude sobre mi cuerpo las frescas tibiezas que su antojo disponga.
Con cariño y repuesta.
Teófila.
P.D.: Tenga piedad.