31 jul. 2006

Tirando de la madeja apareció Ludwig Wittgenstein

Cara Teófila,

Sabrá Vd. que parte de mi interés en la Filosofía ha de verse relacionado con el inveterado placer de tirar de la madeja. Comienzo esta semana a leer el libro “Éticas Contemporáneas” de Enrique Bonete Perales, profesor de la Escuela Salmanticae en el cual se interna en el pensamiento de varios pensadores. Aparece en primer lugar un tal Ludwig Wittgenstein y su Tractatus Lógico-Philosophicus.. Resulta que el buen señor Bonete supone a poco empezar que “el lector conoce las tesis fundamentales de este libro”, y que en caso contrario mucho de lo que diga resultaría gratuito.

Así que sin absolutamente ningún pesar, cogí de mi biblioteca la versión en inglés del Tractatus, ya que en castellano sólo encontré algunos fragmentos. Desde el primer lugar, más allá de cierta dificultad por sostener la concentración en un texto tan radical, traté de imaginarme la conflictiva personalidad de una persona que en los albores del siglo XX se embarcaba en la moderna (es decir, casi medieval) tarea de explicar la totalidad de lo que puede ser explicado. ¿A qué reaccionaba con tanta radicalidad? Así que no tuve más remedio que volver a tirar de la madeja y consultar su biografía, de la que le transcribo algunos fragmentos.

Parece ser que el austriaco Wittgenstein nace en 1889 en el seno de las familias más ricas de Europa. En 1906 Al acabar sus estudios de bachillerato, se matriculó en la Escuela Técnica Superior de Charlotenburg (Berlín). Más tarde , ya como ingeniero, se dedicó a problemas de aeronáutica y fue cuando empezó a interesarle la filosofía.

W. se enroló como soldado de artillería al estallar la Gran Guerra, había realizado 2 años de estudios universitarios en Berlín, durante 3 años en Manchester y durante 1 en Cambridge. En el ejercito austriaco eligió (a pesar de su familia y conexiones) servir a su patria en el nivel más bajo. Sin embargo, y debido a su audacia y temeridad casi suicida terminó la guerra con el grado de oficial y cuatro importantes medallas al valor. Durante la campaña tuvo tiempo de escribir el Tractatus

W. conoce personalmente a Bertrand Rusell -quien se transformara en una especie de mentor- el 18 de octubre de 1911; el 2 de noviembre Rusell le escribe a su amiga Lady Ottoline "Creo que mi ingeniero alemán está loco. Opina que no es posible conocer ninguna cosa empírica. Le invité a que admitiese que no había ningún rinoceronte en la habitación, pero se negó". Discrepó también del pacifismo de Rusell, llegando a donar un millón de coronas al ejército austriaco para que desarrolle un mortero.

En 1947 renunció a su cátedra y se retiró a vivir en completa soledad, que fue cuando escribió las "Investigaciones Filosóficas"

En el pensamiento de Wittgenstein pueden distinguirse dos etapas. La primera viene marcada por la publicación del Tractatus logico-philosophicus (1921-1922), en el que trata de dar una salida a los problemas no resueltos del positivismo clásico respecto a las matemáticas, la ciencia y la filosofía. Para él, la filosofía no es un saber, sino una actividad, y su finalidad es aclarar las proposiciones; así, la filosofía se circunscribe a un análisis del lenguaje. La segunda etapa queda definida por su obra Investigaciones filosóficas, publicada póstumamente en 1953. Este libro da origen a la corriente denominada filosofía analítica, que centra su reflexión en el estudio del lenguaje como único modo de resolver los problemas filosóficos.

Vuelve a Austria el 25 de agosto. El 13 había muerto su tío Paul. A pesar de la guerra es uno de los hombres más ricos de Europa. Se deshace de su fortuna entregándosela a sus hermanos, con el compromiso oficial que no se la restituyese nunca, ni en la más mínima parte. Ahora duda sobre que profesión seguir. Piensa en hacerse sacerdote o monje, al final se prepara como maestro de escuela.

Podría contarle mucho más cosas pero no quiero extenderme tanto. Vueso fiel amigo Henry Efwervren ya nos había introducido a Wittgenstein, lo cual no hace sino aumentar mis respetos hacia él. La dejo entonces con una frase del austriaco -nacionalizado británico luego de la anexión de Austria por Alemania- Ludwig W. que le hubiera gustado a Borges para darle grandilocuencia a algún pasaje: “So too at death the world does not alter, but comes to an end.”

Invariablemente suyo,
Teófilo.

26 jul. 2006

Los Tapices Flamencos de la Catedral de Zamora

Viajera Teófila,

Le cuento que el médico me diagnosticó tristitia dominici diei en un estado leve, pero para que no empeore me recetó descansar con algún corto viaje. Por eso recalé con mis tristes huesos en la bella villa de Zamora, llamada sin exageración “el museo vivo del románico” por la huella artística que el siglo XII dejó en sus muchas y notables iglesias ubicadas casi todas dentro de una alta fortificación a orillas del Duero, como puede ver en la siguiente imagen.

Me dediqué entonces a recorrerlas una a una, por lo que hacerle una descripción exhaustiva la abrumaría más de lo habitual para mis aburridas epístolas. Por cuestiones de tiempo no pude visitar la iglesia de San Pedro de la Nave, en las afueras de la ciudadela. Dicho templo es continuamente recordado por ser uno de los pocos edificios visigóticos –esto es, prerrománicos- que se encuentran en buenas condiciones en la península. De las que efectivamente logré visitar en peregrinación le resaltaré simplemente la pequeña iglesia de Santiago de los Caballeros, donde habría velado sus armas el Cid y la magnificente Catedral de Zamora, con su singular cimborrio de inspiración bizantina, de la que le envío un dibujo.

De la Catedral poco más puedo decirle ya que estaba en obras, pero logré sin embargo deslizarme en el Museo Catedralicio, en el cual además de diversas bagatelas litúrgicas destacan en su magnificencia una serie de tapices de los cuales le envío dos reproducciones en un tamaño bastante grande para que pueda disfrutar en parte la profusión de detalles. Debo decirle que los colores ya notan bastante el paso del tiempo ya que proceden del siglo XV y pueden haber sido bastante maltratados, ya que no sólo se utilizaban como adorno de calles en diversos eventos sino que aparentemente han podido ser usados en alguna época como alfombras, imagínese Vd. Sabía Vd. que en aquella época España que dominaba Flandes era el principal cliente de la importante industria del tapiz que florecía en distintas ciudades. Al perder esos dominios, se creó la Real Fábrica de Tapices en España, para la cual pintores de la talla de Goya realizaron numerosos "cartones pintados" que eran utilizados luego para realizar los tapices. Estas obras de Goya hoy son muy respetadas (mire esta de unos gitanos midiéndose con unos mozos los favores de la señorita), pero en la época recibían agrios comentarios de los fabricantes de tapices que se veían en serios aprietos para repetir con tejidos los leves cambios de luz de la obra de Goya.

A Ud. siempre tan interesada en la cultura clásica le interesarán sendos tapices que le envío.
Tapices de la Catedral de Zamora - Tarquino Prisco
El primero que le envío fue creado con motivo de Tarquino Prisco, quinto rey de Roma y uno de los que más embellecieron la ciudad. Es admirable de este tipo de obras su capacidad para presentar en un mismo espacio profusión de ideas, épocas y conceptos. En este sentido son los once tapices de la Guerra de Troya, de los que se conservan sólo cuatro, que con pocas palabras y muchas imágenes describen la historia de la guerra que es sinónimo de epopeya.
Le envío la Lámina número 3: “La Muerte de Troilo, Aquiles y Paris”. En esta serie de láminas el texto está en Francés e incluye debajo una traducción resumida en latín. Tenga en cuenta el tamaño de estos tapices: alrededor de 9 metros por cuatro y medio cada uno.
Tapices de la Catedral de Zamora - La Guerra de Troya - La Muerte de Troilo, Aquiles y Paris
Todos además incluyen palabras aquí y allá para aclarar personajes y alegorías.

Luego de mi recorrido por las callejuelas de Zamora, me decidí a tomar una cerveza fría en una taberna de la Plaza Mayor, para luego poner rumbo a las tierras que me acogen desde hace algunos años.
Suyo, como siempre.

Teófilo.

18 jul. 2006

Poetica Adulescentis

Mi excéntrica pero nunca peripatética Teófila,

Poniendo algo de orden en mi pequeño estudio encontré una caja con los revueltos papeles que dejara atrás Martín Soga antes de decidir en un impulso propio de su romántica inmadurez viajar a encontrarse según dijo, y aún me río del tópico, con los monjes del Templo de Rashmaputrij. Son una serie de notas de baja calidad que reflejan el citado carácter y que espero a su vuelta olvide por completo dedicándose a tareas más piadosas y propias de un muchacho de su edad. A continuación le trascribo un ejemplo de esta que bien podríamos dar a llamar poetica adulescentis.
Me despido, que el carbonero que lleva mis cartas vuelve ahora mismo para el pueblo y además es ya hora de ir a rezar mis maitines
Teófilo.

Durante el máximo de tiempo posible

No te preocupes
ya termina
en sólo un momento
cuando la oscuridad ceda
la ventana se cerrará
entrará aire fresco
y saldrás

Encontrarás qué hacer
pasarás el día
haciendo lo necesario
para tener que pensar
en sólo y nada más que
cuando llegue la noche
no saber y sentir
ese insaciable
hambre
de siempre.

Podrás salir más de un día,
dos siete veinte cien
Unir el día y la noche
con un abrazo conmovedor
y serán entonces semanas, meses
Pero inexorablemente una noche
entre la cena y dormirte
entre acostarte y dormir
entre cerrar los ojos y morir
entre nacer y vislumbrar
entre despertar y salir
Igual siempre algún día
el hambre volverá y entonces
otra vez deberás
encontrar la forma de
remover la tierra
de preparar tu estómago
o al menos, de salir
y tratar de morir esta vez
durante el máximo de tiempo posible.

13 jul. 2006

“Los Sueños de la Razón” de José Antonio Marina

Paciente Teófila,

No crea Vd. que mi humilde biblioteca está formado solamente por libros robados, la mayoría de ellos fueron adquiridos con buenas artes, o bien fueron regalos como es el caso de “Los Sueños de la Razón” de José Antonio Marina que obsequiara mi graciosa hermana en mi última visita a su hacienda en la Española.

He decidido separar mis comentarios en dos epístolas, para así no agobiar los favores de vuesa dulce paciencia. Más adelante intentaré reflexionar sobre el autor y sobre la cocina de este libro, del cual bien sabe Vd. que como filogastronómico en este momento me interesa particularmente. Pero no quise retrasar más mi carta esperando que pueda leerla cuando visite los Champs Elysées.

Pero ahora le contaré sobre el "contenido" de este libro, inscripto en la estructura de un viajero curioso y “objetivo” que visita el lugar de los hechos en compañía del amigo sabio que lo ilumina con sus conclusiones. Marina incluye el correctísimo subtítulo “Ensayo sobre la experiencia política”. Asi, lo más interesante para el autor es "considerar la Revolución (Francesa) como una gigantesca experiencia política". Viajero y amigos, sendos alter ego de Marina, se internan en los meses de Revolución. Allí por ejemplo, por un lado encontraríamos a los girondinos, para quienes "la ley es el resultado de la voluntad general entendida como mayoría en la votación", en una postura parecida a la de los recientemente creados Estados Unidos de América. Por el otro los jacobinos, vencedores bajo Robespierre, para quienes "la voluntad general nada tiene que ver con las votaciones", sino que son algo "objetivo, intemporal, sagrado como la verdad": quien llegue a encontrar ese deseo profundo se convierte en la voz de la nación. Estas y todas las principales discusiones se van sucediendo a lo largo del libro, intentando repetir la imagen de ser una Revolución que se iba discutiendo día a día.

Su protagonista que es un rico hacendado cubano que marcha con su tío que había sido elegido diputado de los colonos de Saint Domingue (actual Haití) para los Estados Generales convocados por el Rey de Francia en 1788 con el fin de resolver sus problemas económicos. Como tal, tiene la posibilidad de codearse con todos los grandes personajes gestores de las ideas y las acciones, por lo que para un no iniciado como yo en el los días de gestión de la revolución resulta una más que atractiva forma de sumergirse en la época.

En el epílogo tal vez encontremos una descripción más clara de las intenciones de Marina, que aunque ferviente defensor de la inteligencia como motor de la humanidad, se posiciona contra la "arrogancia de la razón", que pretende mejorar la sociedad introduciendo reglas nuevas, planificando desde arriba. Marina se basa en Friedrich Hayek, cuando señala que este tipo de racionalista "constructivista" se manifiesta en tres fases: 1) sobreestimación de la razón, 2) desilusión, 3) Exaltación de la Voluntad. Y habla así sea de Robespierre, Hitler o Stalin. Contra la "arrogancia fatal", la alternativa natural de Hayek es el "orden espontáneo" donde la evolución es fruto de la interacción entre infinitos comportamientos individuales.

Esperando no haberla cansado con tales infelices pensamientos, la saluda atentamente y le promete enviarle una epístola acerca de Marina como filósofo y cocinero de libros.

Teófilo.

Post Scriptum: La Imagen que ilustra esta nota es el grabado de Goya titulado "El Sueño de la Razón Produce Monstruos"

Imbécil, idiota y estúpido

El Dr. Paracelso amablemente nos remite las siguientes definiciones, tomadas de http://www.1de3.com/boletin/ej1.htm

"Es una curiosa etimología la de la palabra imbécil, que es una de las primeras que acude a la mente cuando de insultar se trata.
Llegó a nosotros en el siglo XVII a través del francés imbécille, aunque viene de lejos. El significado de esta palabra ha variado a lo largo de la historia, pues en un principio los romanos llamaban imbéciles a las personas débiles y flojas que no se podían sostener sin la ayuda de un bastón, y lo decían sin ningún tinte peyorativo, sin ánimo de ofender a nadie. Se trataba de una afirmación o descripción y no de un insulto.
La palabra imbecillis se formaba a partir de los términos latinos in (sobre, apoyado en) y bacillus (bastón, cayado) y definía al que no se sostenía por su propio pie, ya fuera por vejez, por enfermedad, por debilidad o por el motivo que fuera. Ocurre que el término sufrió una modificación semántica que nos llevó de la debilidad física a la debilidad mental, y de la falta de firmeza a la idiotez.
En el Diccionario se puede leer: 1-alelado, escaso de razón, 2-(en desuso) flaco, débil.

El término idiota es un término médico que expresa un retraso mental más grave que el término imbécil. Nos llegó en el siglo XII a través del francés idiot, como mera adaptación de la forma latina idiota (persona ignorante) derivada, por su parte, del griego idiotés (hombre de la calle, plebeyo, particular). Este significado de inexperto e ignorante tuvo cierta vigencia en la europa medieval, ya que en los monasterios se llamaba idiota al miembro de la comunidad que no dominaba el latín y lo hablaba deslizando errores; de ahí el término idiotismo que define el uso incorrecto de una lengua (por ejemplo: la expresión A pies juntillas es un idiotismo al no concordar en género). Otros dicen que viene del latín idiota que , a su vez, deriva del griego idiotes=privado y éste de la raíz griega idios =propio, particular. Otros más, hablan de que significa aquel a quien no le interesa la política.
Otra voz habitual en el repertorio de insultos es estúpido. Este término proviene del sustantivo latino stupidus (sorprendido, asombrado, aturdido), derivado del verbo stupere (sorprenderse, asombrarse, aturdirse), que han dado lugar a palabras como estupor (asombro, pasmo) y estupendo (admirable, asombroso, pasmoso), estupefacto (atónito, pasmado) y estupefaciente (que causa pasmo, estupor).
Y es precisamente el continuo aspecto de pasmo y asombro que tienen los necios y tontos de baba, lo que envileció el significado original durante el siglo XIX y lo cargó de aspectos negativos hasta llegar al significado actual."

12 jul. 2006

Prólogo de la Fundamentación de la metafísica de las costumbres, de Kant

Cara Teófila,

Al terminar hoy mis tareas en la Alcaldía, decidí darme un chapuzón en el río que sabrá Vd. que por esta época es ideal para revitalizar nuestros anquilosadas articulaciones citadinas.

De acuerdo a lo previsto cumplo en enviarle mis primeras reflexiones acerca del Prólogo de la Fundamentación de la metafísica de las costumbres, de Immanuel Kant.
En el mismo, establece el alemán el plan de trabajo que seguirá a lo largo de esta obra. Con una búsqueda de sentido divulgativo, decide que este orden será ir desde el conocimiento vulgar al avanzado. Asimismo, se despacha contra los diletantes de su época, que confunden peras con manzanas, lo "empírico con lo racional, en mezclas de toda laya". Intenta con distintos medios realzar el carácter científico de la Filosofía, que como tal requiere sus especializaciones y sobre todo su "crítica", que en Kant significa acotar los campos de acción para que las conclusiones sean más efectivas.

Repite algunas sus habituales definiciones que convendrá tener en cuenta todo a lo largo de su obra: "Puede llamarse empírica toda filosofía que arraiga en fundamentos de la experiencia; pero la que presenta sus teorías derivándolas exclusivamente de principios a priori, se llama filosofía pura. Esta última, cuando es meramente formal, se llama lógica; pero si se limita a determinados objetos del entendimiento, se llama entonces metafísica."

A continuación corresponderá hablar de cada una de los capítulos:
  1. Primer capítulo.- Tránsito del conocimiento moral vulgar de la razón al conocimiento filosófico.
  2. Segundo capítulo.- Tránsito de la filosofía moral popular a la metafísica de las costumbres.
  3. Tercer capítulo.- Último paso de la metafísica de las costumbres a la crítica de la razón pura práctica.
Trataremos denodadamente entonces de acercarnos a la "naturaleza de la cosa" según Kant.
Estudioso la saluda

Teófilo.

11 jul. 2006

Marcha al Suplicio de Berlioz


Dulce Teófila,
Ahora que está próxima a visitar París, no olvide consultar el programa de la Ópera que periódicamente repone la obra de la que le quiero hablar. Se trata del 4to Movimiento de la Sinfonía Fantástica de Berlioz, llamada la "Marcha al suplicio" (escúchela aquí *). Esta Sinfonía, subtitulada “Episodio de la Vida de un Artista”, es autobiográfica y describe con sonidos sus amores convulsos con Harriet, con quien finalmente se casó. Luego de soñar, y tratar de olvidarse de la artista y experimentar la soledad, llega la Marcha del Suplicio. El artista se envenena con una dosis de odio, insuficiente para matarlo, pero que lo somete a las más variadas visiones: Sueña que ha matado a la mujer que ama, que lo condenan y que asiste a su propia ejecución. El cortejo avanza a los sones de una marcha enérgica y sombría, unas veces solemne y brillantes otra acompañada de un ruido apagado de pasos que sucede sin transición al más ruidos estrépito. Al final reaparece los cuatro primeros compases como un último pensamiento de amor.
Esta obra es presentada como la primera composición de música psicológica.

Berlioz fue un escritor, crítico y compositor francés, (1803-1869) que trabajó sobre todo en París e influyó a músicos como Tchaikovski, Strauss y Liszt. Llamado el padre de la instrumentación moderna, escribió un importante tratado. Es recordado por ser uno de los impulsores de la Música de Programa: netamente narrativa y realista, donde con frecuencia se añade comentario literario, como fue en este caso.

Espero que la obra propuesta sea de vueso agrado.
Teófilo.

* Estos músicos se hacen entender en Real Audio. Si quiere la obra completa, encuéntrela aquí

10 jul. 2006

Una verdadera Bitácora es Leaving Salónica

Dulce Teófila,
Desafíola a hacer un repaso de las innumerables epístolas que hemos intercambiado en Salónica. Debo decirle con alegría que con él hemos logrado materializar un interesante apunte de notas que de otra manera hubiera quedado relegados a jeroglíficas notas en informales cuadernos.
  • En Octubre comenzamos fijando nuestras primeras impresiones, con Bukowski, Rimbaud, Wiesel & Pinter y Jung
  • En Noviembre la correspondencia se intensificó. Herman Hesse me provocó varios comentarios, y también hice algunos otros algo morales que a la distancia tienen el sólo valor de registro. También Wallace, Papini, Poe, Tolouse-Lautrec. Me envió una frase de Nietzsche que hoy he copiado en las paredes de mi celda. Ya desde esta temprana época comenzó Vd. a ilustrarme con los clásicos: recordará seguramente "Adoro a Lesbia en los versos de Cátulo". Introdujo Vd. también a Platón, la tortuga de Zenón, entre otras menudencias.
  • Diciembre estuvo pletórico de autores: Saramago, Kosinsky, Dante y Cervantes, Carpentier y Saer, Hesse y los psicólogos, el simpático Juan Bergua (el último ilustrado). Vd. incluyó unos versos desgarrados de los que fui crítico en su momento pero que hoy los he reconsiderado más que positivamente, creo que Vd. sabrá disculpar mi exceso de celo. Y hubo frases, recomendaciones de Lupus, vueso retrato por primera vez publicado, etc...
Y aquí acabo estas primeras notas, la invito en lo sucesivo releer algunos meses de epístolas y ver como el tiempo no sólo separa los elementos pesados de los livianos sino las buenas palabras de las fútiles y vanas.
Suyo,
Teófilo.

9 jul. 2006

Madame Bovary, de Gustave Flaubert

Caricatura de Flaubert de la Revista Especulo de la UCMPolifacética Teófila,
Vuesa Biblioteca no fue la única que sufrió el apurado expolio de este su humilde servidor. También en la Biblioteca familiar deben haber notado algunos huecos aquí y alla. Es el caso de "Madame Bovary", novela sobre la cual antes de aventurar conclusiones me remitiré a la bastante clara y escueta contratapa de la edición 2005 de Losada/La Página por mí robada y hoy terminada de leer.

"Gustave Flaubert (Francia, 1821-1880) es el creador de uno de los personajes más complejos e inolvidables de la literatura: Emma Bovary. Esta novela que se publicó por primera vez en 1857 cuenta la vida, la obra, la secreta pasión y la muerte de una mujer infiel. Emma es una señora bien casada, que estimulada por sus lecturas románticas y por el medio burgués al que pertenece sale de pronto a la búsqueda de aventuras amorosas "como un Quijote con faldas", como la definió Ortega y Gasset. Sus pensamientos, sus fantasías y los encantamientos en los que va perdiendo contacto con el mundo real han sido narrados con tal maestría, que tienen vigencia después d emás de cien años y significaron una clave para el desarrollo de la novela moderna. Consultado Flaubert en muchas oportunidades acerca de quién había sido su modelo, contestó con la célebre frase "Madame Bovary soy yo". Con estas palabras, el autor resumía su teoría literaria y contribuía a su propia leyenda."

Simplemente agregar lo mismo que le decía acerca de aquella obra de violín: el escándalo que causó Mme Bovary como la controversia de aquel concierto fue en sendos casos signo de su valiente originalidad.
Manténgame al tanto de sus avances en la filosofía gastronómica.
Saludos de su Teófilo.

Post Scriptum: A Vd. que le agrada la música añadida: el patetismo de Madame Bovary combinaría adecuadamente con el Concierto de Aranjuez de Joaquín Rodrigo

6 jul. 2006

Rojo y Negro: Stendhal y Nietzsche

Caricatura de Stendhal de Caricature ZoneRomántica Teófila,

¿Que la ha llevado mi querida amiga a Vd. en los días de mi tormentosa huida del país allende los mares a esconder entre mis apurados petates un raído ejemplar de la novela "Rojo y Negro" del francés Stendhal? Se podría pensar que la culpable fue vuesa alma proclive a exacerbar la pasiones de algún modo formales del romanticismo, pero eso sería injusto para con Vd. Y lo sería además con Stendhal, en cuya novela el entrañable personaje Julien Sorel se acerca más al atormentado soldado de Woyzeck, misteriosa obra cuasiexpresionista de principios del ochocientos, que a los personajes del Hernani del romántico estricto Victor Hugo. El destino de Sorel sigue el mismo recorrido que el de un meteoro que antes de destruirse y con él amplias superficies en su brutal colisión con la tierra, describe una brillante parábola que los poetas alaban y de la cual los crédulos intentan extraer alguna gracia. Así descripto, Julien sería un romántico como Schubert o más bien, como Chopin, ya que este último no alardeaba de sus propias penas (escuche).

Sin embargo, el personaje de Stendhal no se conforma con creer y llevar la fe en su propia pasión hasta las últimas consecuencias. No podemos tampoco confundir su orgullo con emociones o razones clasistas: Sorel ante todo se define por lo que es: un ser libre. O deberíamos decir mejor, por lo que no es: Ante todo, no es un lacayo. Los intereses de la crítica en insistir en las definiciones políticas del propio Stendhal como monárquico, o bien asimilando siempre la democracia al populismo no me hacen olvidar sin embargo un trasfondo que se deja entrever en la personalidad de Julien Sorel en la que se sitúa a sí mismo, y me permitirá el tópico, "más allá del bien y del mal". Sorel se interesa por su poder personal, por no cejar en sus empeños, por no ser tratado como lacayo. Respeta a los ricos pero por su capacidad de hacerse respetar y como desafío a su propia habilidad, pero en el fondo se burla de su brutal ignorancia sobre la vida cómo él mismo la vislumbra. La Iglesia es sólo un trampolín para el conocimiento y el poder. Las mujeres son objeto de su pasión, mezclado con su necesidad de verse respetado. Sigue estas directrices sin explicarse porqué, sino dándolas por supuestas y necesarias para su espíritu. Y en todo esto se puede vislumbrar una adolescencia tormentosa, o lo que me causa alguna curiosidad que es un chispazo de posicionamientos humanos como los que serán conocidos a fines del mismo siglo a través de la pluma de Nietzsche.

En este punto, y una vez planteada mi inquietud, me retiro de la batalla ya que haber descubierto una relación entre llevar el ideal romántico al paroxismo y la filosofía del bigotudo alemán no es más que otra muestra de la necesidad de verme sumergido en la biblioteca de la Escuela Epicurea Salmanticae en vez de buscar nuevamente la conocida formulación china para preparar la pólvora.
Más allá de estos fútiles comentarios, puedo concluir que leer las 547 páginas de "Rojo y Negro" resultó un ejercicio llevado a cabo con extrema fruición, y que no deja de ser un libro más que recomendable para jóvenes inquietos que no se asusten con el número 547.

Suyo y sin novedad,

Teófilo