31 may. 2006

Un episodio de lid amorosa entre Alcibíades y Sócrates

Mi querido Teófilo,
¿Recuerda usted? Le había dicho que le transcribiría el elogio de Alcibíades a Sócrates en el Banquete en casa de Agatón...
"Así, pues, amigos, una vez que se hubo apagado la lámpara y los esclavos estuvieron fuera, creí que no debía andarme con rodeos ante él, sino decirle noblemente lo que me había propuesto.
Le dije entonces, sacudiéndole: "Sócrates ¿duermes?"
"No, por cierto" -me contestó.
"¿Sabes lo que he resuelto?
"¿Qué es exactamente? -dijo.
"Tú, me parece -continué yo-, eres el único digno de convertirte en mi amante y veo que no te atreves a declararte a mí. En cuanto a mí respecta, mis sentimientos son así. Considero que es una gran insensaez no complacerte a ti en esto y en cualquier otra cosa que necesitaras de mi hacienda o de mis amigos, pues para mí no hay nada más importante que el hacerme lo mejor posible y opino que ninguno me puede ayudar en esto con más autoridad que tú. Yo, por lo tanto, sentiría ante los prudentes mayor vergüenza de no otorgarle mi favor a un hombre de tal índole, que de otorgárselo ante el vulgo y los insensatos."
"Después de oírme, Sócrates, con suma ironía y muy en consonancia con su modo acostumbrado de proceder, me dijo"¡Ah! querido Alcibíades, tal vez no seas realmente un hombre frívolo, si resulta verdad eso que dices de mí y existe en mi una virtud por la cual tú pudieras hacerte mejor. En ese caso, verías en mí una belleza indescriptible y muy superior a tu bella figura. Por consiguiente, si la ves en mí y pretendes participarla conmigo y cambiar belleza por belleza, no es poca la ganancia que piensas sacar de mí: lo que intentas es adquirir algo que es bello de verdad y trueque de lo que es bello en apariencia, y lo que pretendes es en realidad cambiar oro por bronce. Sin embargo, ¡oh bienaventurado!, mira mejor, no se te vaya a escapar que yo no valgo nada, pues la vista de la inteligencia comienza a ver agudamente cuando comienza a cesar en su vigor la de los ojos, y tú todavía te encuentras lejos de esto."
"Mis sentimientos son ésos - le dije yo después de oírle-, y ninguno d ellos ha sido expresado de otro modo que tal y como los pienso. Tú, por tu parte, toma la determinación que juzgues mejor para ti y para mí."
"En esto último -replicó-, tienes razón. En adelante, pues,
tomaremos juntos una decisión y haremos sobre esto y sobre lo demás, lo que nos parezca a los dos lo mejor."
"Entonces, al escuchar esto, después de las palabras que yo había dicho y lanzado como dardos, creí que estaba herido. Me levanté, sin darle ya lugar a que dijera nada, le cubrí con mi manto -pues era invierno- y arrebujándome debajo del raído capote de ése que veis ahí, ceñí con mis brazos a ese hombre verdaderamente divino y admirable y pasé acostado a su lado la noche entera. Y tampoco en esto, Sócrates, dirás que miento. Pues bien, pese a esto que hice, hasta tal punto extremo se sobrepuso a mí, me menospreció, se burló de mi belleza y me injurió -y eso que yo creía de ella que valía algo, ¡oh, jueces!, pues jueces sois de la soberbia de Sócrates-, que... sabedlo bien, por los dioses y por las diosas, ¡me levanté tras haber dormido con Sócrates, ni más ni menos que si me hubiera acostado con mi padre o con mi hermano mayor!."

Con afecto le envío mis guiños.
Teófila.

29 may. 2006

Henchido de amor vuela en el Fedro...

Mi querido Teófilo,
Pareciera ser que mayo llama al amor y durante este mes no otra cosa más que recordar el amor he hecho. Unas palabras más del Fedro y prometo que ya pronto no le importunaré más.
Y una vez que lo ha recibido en su trato, la benevolencia del amante, que ahora ve de cerca, llena de admiración al amado que comprende que, ni aun todos los demás juntos, amigos y parientes, le ofrecen una pequeña cantidad de la amistad que encuentra en este amigo poseído de un dios. Y cuando pasa el tiempo en este trato e intimidad, a más de los contactos en los gimnasios y en otros lugares de reunión, el manantial de aquella corriente que Zeus cuando amaba a Ganimedes llamó "ola del deseo", corriendo a raudales hacia el enamorado, en parte desciende a él y, en parte, cuando éste está completamente lleno, desborda hacia afuera, y, como el aliento o el eco que, de los objetos lisos y resistentes, saltan de nuevo al punto de donde partieron, así la corriente de la hermosura, pasando a través de los ojos, vuelve de nuevo al hermoso; y cuando, por ese camino que es el que naturalmente la conduce al alma, ha llegado a ella y la ha llenado, reanima los orificios de las plumas, da impulso al nacimiento de éstas, y llena de amor a su vez el alma del amado.
Está, pues, enamorado, pero no comprende de qué; y ni sabe lo que le ocurre ni puede explicarlo, sino que, como el que coge una oftalmía, no puede alegar ninguna razón, y no se da cuenta de que, como en un espejo, se ve a sí mismo en su amante; siempre que aquél está presente, deja, como él, de sufrir; y cuando está ausente, del mismo modo también, lo echa de menos y es echado de menos, teniendo así un contra-amor que es la imagen del amor.
Con ternura.
Teófila.

27 may. 2006

En el coloquio "Las Vanguardias cumplen 100 años" III

Mi añorado Teófilo,
Estas son las palabras que lee Octavio Paz en el final del extenso fragmento seccionado de su no menos extensa ponencia (aquí las últimas palabras leídas habían sido "...la irrealidad muy real por lo demás, del espectáculo."):
"La verdadera realidad de las vanguardias no se encuentra en sus alborotos y en sus aspiraciones mitad revolucionarias y mitad publicitarias, sino en algo más secreto y precioso: nos dejaron obras excepcionales y que han vencido el tiempo mismo. Hoy podemos ver con claridad en qué consistió la farsa y el drama de ese periodo. Movimientos artísticos animados por un temple religioso y revolucionario, las vanguardias de la primera mitad del siglo XX se propusieron cambiar el arte y la más ambiciosa, el surrealismo, cambiar la vida. Empresa desmesurada y condenada de antemano. Las vanguardias se dispersaron y disiparon, pero iluminaron nuestra imaginación, afinaron nuestra sensibilidad, despertaron nuestra fantasía y, en una palabra, enriquecieron nuestra época con creaciones deslumbrantes. Son la otra cara, la luminosa, del sombrio siglo XX."
¡Oh, luz!
Teófila.

P.D.: todas las citas de Octavio Paz de las últimas 3 entradas de este blog están extraídas de "El Paseante", Número triple 23-25, Ed. Siruela, Madrid, 1995. La escribiente.

25 may. 2006

En el coloquio "Las Vanguardias cumplen 100 años" II

Mi lejano Teófilo,
Le transcribo las líneas que lee Octavio Paz a continuación (recuerde que las últimas palabras leídas habían sido "... sus celdas de meditación o de castigo."):
"Por sus métodos, las vanguardias se ajustan al modelo revolucionario del terror jacobino o bolchevique; por su inspiración profunda y su temple profético, a las sectas religiosas. El parecido con las sectas gnósticas de los primeros siglos es alucinante. Por último, señalo que las coincidencias con los movimientos revolucionarios y religiosos, especialmente con el terror y la intolerancia frente a los herejes, tenían un carácter simbólico: eran representaciones. Es sorprendente el carácter teatral de esos movimientos, que a veces degeneró en el bluff de un Marinetti o en las balandronadas de un Dalí. Como en las sectas religiosas y en los partidos revolucionarios, abundaron las condenaciones y expulsiones de herejes y apóstatas pero las cosas nunca llegaron a mayores: hubo insultos, no ejecuciones sumarias. Las vanguardias fueron una representación incruenta y simbólica de la cruel historia de las revoluciones de los siglos XIX y XX. Esta violencia puramente verbal y gesticulante dio una suerte de irrealidad a esos movimientos: la irrealidad muy real por lo demás, del espectáculo."

Con cariño.
Teófila.

23 may. 2006

En el coloquio "Las Vanguardias cumplen 100 años"

Mi querido Teófilo,
Como ya le he comentado, emprendo viaje hacia Francia. Mientras he topado con estas palabras leídas por Octavio Paz:
"Sus modelos (se refiere a las vanguardias) fueron los partidos políticos revolucionarios y las sectas religiosas. Revolución y religión: manifiestos, programas, santas escrituras, blasfemias, consagraciones, profanaciones, motines, revelaciones, decálogos y doctrinas. La naturaleza colectiva y cerrada de la secta y del partido requiere la acción disciplinada de los fieles; a su vez, la militancia exige un cuerpo de vigilantes y guardianes que implida los relajamientos, los excesos y las desviaciones. La doctrina, con sus doctores de la ley, sus tribunales y sus herejes; la militancia -el cuerpo militar o la Iglesia- con sus comisarios y sus obispos, sus cuarteles y sus monasterios, sus celdas de meditación o de castigo."

Con afecto.
Teófila.

21 may. 2006

Eutifron

Mi estimado Teófilo,
Creo haberle comentado algo de los efectos del Leteo... Tratando de remontarlo, aquí, y apartándome de la traza propuesta, consigno alguna que otra línea subrayada.
"no porque es vista se ve una cosa, sino que por el contrario, porque se la ve es vista"
"si algo se produce o se sufre, no es lo producido precisamente la causa de la acción, sino la acción la causa de ese efecto"
"sino que porque se le ama es realmente amado"
"piadoso"
"¿no se trata de algo amado por todos los dioses"
"porque es piadoso es amado, y no al contrario, porque es amado es piadoso"
Quede en el registro.
Con ternura.
Teófila.

19 may. 2006

No irritado ante la cercanía de la muerte está Sócrates en el Fedón

Estudioso Teófilo,
Ya le tengo dicho cómo comienza este asunto de la inmortalidad del alma y del ejercitarse en morir, creo. No importa si lo contrario es cierto. Transcribo un párrafo pertinente al título:
"¿Y la purificación no es, por ventura, lo que en la tradición viene diciendo desde antiguo (se refiere a las tradiciones órficas), el separar el alma lo más posible del cuerpo y el acostumbrarla a concentrarse y a recogerse en sí misma, retirándose de todas las partes del cuerpo, y viviendo en lo posible tanto en el presente como en el después sola en sí misma, desligada del cuerpo como de una atadura?"
"Así es en efeto" -dijo.
"¿Y no se da el nombre de muerte a eso precisamente, al desligamiento y separación del alma con el cuerpo?"
"Sin duda alguna" -respondió Simmias.
"Pero el desligar el alma, según afirmamos, es la aspiración suma, constante y propia tan sólo de los que filosofan en el sentido recto de la palabra; y la ocupación de los filósofos estriba precisamente en eso mismo, en el desligamiento y separación del alma y del cuerpo. ¿Sí o no?"
"Así parece."
"¿Y no sería ridículo, como dije al principio, que un hombre que se ha preparado durante su vida a vivir en un estado lo más cercano posible al de la muerte, se irrite luego cuando le llega esta?
"Sería ridículo. ¡Cómo no!"
Siendo 19 de mayo, ¿me he puesto al loro? como creo dicen ustedes. Cualquier incorrección me lo hace notar.
En breve regresaré a mi querida Francia en 1816.
Con afecto.
Teófila.

17 may. 2006

El amor de los unos a los otros en El Banquete.

Añorado y lejano Teófilo,
En El Banquete en casa de Agatón se suceden los discursos en honor a Amor. Ya Aristófanes había cedido su turno a Erixímaco por causa del hipo. Mas nuevamente es su turno y ha desarrollado ya su discurso. Aquí un trocito, -y no me pida más que se puede indigestar.
"Y realizó -Zeus- en esta forma la transposición de sus partes pudendas hacia adelante e hizo que mediante ellas tuviera lugar la generación en ellos mismos, a través del macho en la hembra, con la doble finalidad de que, si en el abrazo sexual tropezaba el varón con mujer, engendraran y se perpetuara la raza y, si se unían macho con macho, hubiera al menos hartura del contacto, tomaran un tiempo de descanso, centraran su atención en el trabajo y se cuidaran de las demás cosas de la vida. Desde tan remota época, pues, es el amor de los unos a los otros connatural a los hombres y reunidor de la antigua naturaleza, y trata de hacer un solo ser de los dos y de curar a la naturaleza humana. Cada uno de nosotros, efectivamente, es una contraseña de hombre, como resultado del corte en dos de un solo ser, y presenta sólo una cara como los lenguados. De ahí que busque siempre cada uno a su propia contraseña."
Afectuosa.
Teófila.

15 may. 2006

En El Fedro funestísimas consecuencias en caso de...

Docto Teófilo,
Sobre el final de su palinodia, Sócrates le dice a Fedro:
"Tan grande son, niño, y tan divinos los dones que te ofrecerá la amistad de un enamorado. En cambio, el trato de uno que no ame, trato mezclado de prudencia mortal y que se entrega a una economía mortal, produciendo en el alma amiga una ruindad que las masas alaban como un mérito, la hará rodar nueve mil años alrededor de la tierra y debajo de la tierra, en un estado irracional."

Luego ruega a Amor:
"y si en el discurso anterior, Fedro y yo hemos dicho algo duro contra tí, culpa de ello a Lisias, padre del discurso; haz que no componga más discursos de esa clase, y vuélvele, como se ha vuelto su hemano Polemarco, a la filosofía, para que también este enamorado suyo no nade más entre dos aguas, sino que oriente simplemente su vida hacia el amor y los discursos filosóficos."

Amorosa mimosa.
Teófila.

13 may. 2006

¿Qué es la muerte? en El Fedón

Ocupado Teófilo,
Continuando a entretenerle con variados extractos de los tres diálogos que nos están distrayendo, hoy le damos la palabra a El Fedón:
"¿Creemos que es algo la muerte?" (-comienza preguntando, ¡cuándo no!, Sócrates.)
"Sin duda alguna"-le replicó Simmias.
"¿Y que no es otra cosa que la separación del alma y del cuerpo? ¿Y que el estar muerto consiste en que el cuerpo, una vez separado del alma, queda a un lado solo en sí mismo, y el alma a otro, separada del cuerpo, y sola en sí misma? ¿Es, acaso, la muerte otra cosa que eso?"
"No" -respondió-, "es eso."
"En tal caso, mi buen amigo, mira a ver si eres de la misma opinión que yo, pues a partir de vuestro asentimiento creo que adquiriremos mayor conocimiento sobre lo que consideramos. ¿Te parece a tí propio del filósofo el interesarse por los llamados placeres de la índole, por ejemplo, de los de la comida y la bebida?"
"De ningún modo, Sócrates." -respondió Simmias.
"¿Y de los placeres del amor?
"Tampoco."
Y así, todo apego al cuerpo desprecia el filósofo. Fácil será colegir que la muerte será bienvenida.
Mis atenciones para usted, desde estas gélidas montañas.
Teófila.

11 may. 2006

Alcibíades y Sócrates en El Banquete

Atento Teófilo,
En "El Banquete", casi al final, cuando ya ha hablado Sócrates, hace su entrada Alcibíades, muy borracho. Parece ser que este "recomenzar de la película"-puesto que bien podía terminar el diálogo con las últimas palabras de Socrates y algún parrafillo de moño final- ha suscitado un cúmulo de cuestiones... Entre otras la del "¿para qué?". Advierto que de continuar tomaré un sendero que de seguro me llevará a largas parrafadas inconducentes.
Pues bien, dejemos todo esto de lado y dediquémonos entonces a disfrutar de la situación en casa de Agatón:
Ayer, es cierto,-viene diciendo Alcibíades al entrar- no pude venir, pero ahora he llegado con estas cintas en la cabeza para quitarlas de la mía y coronar la cabeza del hombre más sabio y más bello, si es que debo expresarme así. ¿Os reís de mí porque creéis que estoy borracho? Yo, aunque vosotros os riáis, bien sé que digo la verdad. ¡Ea!, decidme desde este momento: ¿entro con esta condición o no?, ¿vais a beber conmigo o no?
Todos entonces le dieron una ovación y le invitaron a entrar y a acomodarse y Agatón le llamó a su lado. El entonces avanzó conducido por sus acompañantes y quitándose al mismo tiempo las cintas para coronara a Agatón, como las tenía delante de los ojos no vio a Sócrates, sino que se sentó al lado de Agatón, entre éste y Sócrates, pues Sócrates en el momento en que lo vio, se había echado a un lado para hacerle sitio. Una vez que se hubo acomodado abrazó a Agatón y le coronó.
Descalzad, esclavos, a Alcibíades -ordenó entonces Agatón, para que comparta con nosotros dos el lecho. Muy bien -replicó Alcibíades-, pero ¿quién es ese tercer comensal que está con nosotros? Y, volviéndose al mismo tiempo, vio a Sócrates y al verle le dio un sobresalto y exclamó: Heracles, ¿qué es esto? ¿Estás ahí Sócrates? ¡Otra vez más me esperás al acecho, sentado aquí, y mostrándote de sopetón, como acostumbras, donde yo menos me imaginaba que estuvieras! ¿A qué has venido ahora? Además, ¿por qué esta´s sentado aquí? PUes no estás al lado de Aristófanes, ni de ningún otro que sea gracioso, o que pretenda serlo, sino que te amañaste para sentarte al lado del más bello de los que hay dentro de la casa.
Agatón -dijo entonces Sócrates-, mira a ver si me defiendes, que para mí se ha convertido el amor de este hombre en no pequeña molestia. Desde el momento en que me enamoré de él, ya no me es posible ni lanzar una mirada ni conversar con ningún hombre bello, so pena de que este, sintiendo celos y envidia de mí, cometa asombrosos disparates, me injurie y a duas penas se abstenga de venir a las manos. Mira, pues, no vaya a hacer algo también ahora. ¡Ea!, reconcílianos y si intenta cometer alguna violencia, defiéndeme, porque su manía y su afecto al amante me causan gran horror.
No hay -gritó Alcibíades-, reconciliación posible entre tú y yo. Pero por estos agravios ya te castigaré más adelante. Ahora, Agatón, dame parte de esas cintas para que corone también esta su admirable cabeza y no me pueda reprochar que a tí te he coronado y en cambio a él, que vence en los discursos a todos los hombres, y no sólo anteayer como tú, sino siempre, no le coroné después. Al propio tiempo tomó parte de las cintas coronó a Sócrates y se sentó.

Si no es muy tedioso, otro día le transcribo el elogio de Alcibíades a Sócrates.
Con afecto.
Teófila.

10 may. 2006

Germanismos en las lenguas romances

Cara Teófila,
Los ancianos de la Escuela Epicurea Salmanticae me obligan a algunas lecturas tal vez algo tediosas. Releyendo por dicha causa a César en De Bello Gallica, ("Acerca de la Guerra de los Galos") reflexiono sobre la caída en desuso de Bellum, la palabra romana para la guerra. Está presente en algunos cultismos "bélicos", pero fue reemplazada en todas las lenguas romances por el germano werra. Sin contar palabras técnicas incorporadas en el siglo XX, pocas son las influencias del alemán en la lengua de los castillos y la trashumancia de pastores de ovejas, excepto una serie de palabras bélicas incorporadas probablemente por la nobleza germana en el latín vulgar: Yelmo, dardo, estribo, espuela, guardia, espía, albergue, jabón, etc....
Evidentemente distraído de mis obligaciones más urgentes, le saluda,
Teófilo.

PD: Sabiendo que rompo la unidad aristotélica de esta epístola, igual le comento que no termino de comprender la definición de escorzo ¿sabe Vd. algo del asunto?

9 may. 2006

Los caballos del carro del auriga, del Fedro

Queridísimo,
Pues bien, como ya le tengo dicho, durante un tiempo -el que dure mi capricho- le enviaré sólo párrafos de esos tres hermosísimos diálogos platónicos. El párrafo de hoy me ha hecho reír hasta las lágrimas de sólo imaginar la escena:
Ahora bien, el que es conquistado lo es del modo siguiente: al principio de este mito dividimos toda alma en tres partes; a dos de ellas dimos forma de caballo. Y a la tercera, de auriga. Conservemos aún esta imagen. De esos dos caballos, el uno -dijimos- es bueno; el otro, no. En qué consiste, empero, la virtud del bueno y la maldad del malo es cosa que no hemos explicado y hemos de decir ahora. Pues bien, el que de ellos tiene mejor condición, es de figura recta y erguida, tiene el cuello alto, ligeramente curvo, el color blanco y los ojos negros, es amante de la gloria con moderación y de la opinión verdadera, y, sin necesidad de golpes, se deja conducir por una orden simplemente, o por una palabra. El otro, por el contrario, es contrahecho, pesado, conformado de cualquier manera, de cuello robusto y corto, frente achatada, color negro, ojos grises, sanguíneo, compañero del exceso y de la soberbia, de orejas peludas, sordo, y obedece a duras penas a un látigo con pinchos. Así, pues, cuando el auriga, contemplando la visión amorosa y habiendo calentado toda su alma con esta percepción, está casi lleno del cosquilleo y los pinchazos del deseo, el caballo que le es dócil, dominado entonces, como siempre, por el respeto, se retiene a sí mismo de echarse sobre el amado; pero el otro, sin preocuparse ya ni de los pinchos del auriga ni del látigo, se lanza a saltos violentos, dando todo el trabajo imaginable a su compañero de yugo y al auriga y forzándolos a ir hacia el amado y a recordarle las delicias del amor.

Sigo riendo, la imágen es diáfana.
Con afecto.
Teófila.

7 may. 2006

Fedón

Estudioso Teófilo,
Por un tiempo me dedicaría sólo a enviarle párrafos alternativos nada más que de El Banquete, Fedro, y Fedón... ¡tan entretenidos me resultan!
Terciando, pues, con el Fedón, aquí le transcribo algo de lo puesto en boca del personaje de Sócrates:
"Y una vez oí decir a alguien mientras leía en un libro, de Anaxágoras, según dijo, que es la mente lo que pone todo en orden y la causa de todas las cosas. Regocijéme con esta causa y me pareció que, en cierto modo, era una ventaja que fuera la mente la causa de todas las cosas. Pensé que, si eso era así, la mente ordenadora ordenaría y colocaría todas y cada una de las cosas allí donde mejor estuvieran. Así, pues, si alguno quería encontrar la causa de cada cosa, según la cual nace, perece o existe, debía encontrar sobre ello esto: cómo es mejor para ella ser, padecer o realizar lo que fuere. Y, según este razonamiento, resultaba que al hombre no le correspondía examinar ni sobre eso mismo, ni sobre las demás cosas nada que no fuera lo mejor y lo más conveniente, pues, a la vez conocería también lo peor, puesto que el conocimiento que versa sobre esos objetos es el mismo.(...)"

Si le aburro, mi querido, me lo dice. Por mi parte le digo que me hable, que me hable, que ya no recibo más noticias suyas no sé desde cuándo... ¡ ya he perdido la cuenta!
Con afecto y dubitativa.
Teófila.

5 may. 2006

Erixímaco y el hipo

Estudioso Teófilo,
Continuando a reírme, le transcribo algo de un extenso relato de Apolodoro en El Banquete de Platón:
Al hacer pausa Pausanias -pues así, con expresiones simétricas, me enseñan a hablar los sofistas- me dijo Aristodemo que hubiera debido hablar Aristófanes, pero, como daba la casualidad de que bien fuera por la hartura, o por alguna otra causa, le había sobrevenido un ataque de hipo y no podía hablar, le dijo a Erixímaco, el médico, que estaba acomodado en el lecho contiguo: "Erixímaco, es justo que me cures este hipo o que hables por mí hasta que se me pase", y Erixímaco le respondió: "De acuerdo, haré ambas cosas. Yo hablaré en tu turno, y tú, una vez que hayas terminado con tu hipo, lo harás en el mío. Mientras yo hablo, mira a ver si conteniendo un buen rato la respiración se te quiere pasar el hipo y si no, haz gárgaras con agua. Pero si es muy pertinaz, coge algo con lo que puedas hacerte cosquillas en la nariz y estornuda. Y si haces esto una o dos veces, por muy violento que sea, cesará." "Puedes empezar a hablar - replicó Aristófanes-; yo seguiré tu receta."

Mi amistad para usted.
Teófila.

3 may. 2006

Los mejores comienzos: Fedro

Mi querido Teófilo,
Un poco extenso este comienzo de hoy, pero usted sabe cuánto me agradan las cosas que me hacen reír y cuánto me place compartirlas con usted, mi querido amigo. Comienza así el Fedro de Platón:
SOCRATES
¡Querido Fedro!... ¿A dónde vas y de dónde vienes?
FEDRO
De estar con Lisias, el hijo de Céfalo, Sócrates, y voy a pensar fuera de las murallas, pues he pasado allí mucho tiempo, sentado desde por la mañana temprano, y, siguiendo los consejos de Acumeno, tu amigo y mío, yo doy mis paseos a lo largo de las carreteras: él asegura que son más estimulantes que los que se dan en las avenidas.
SOCRATES
¡Y dice bien, amigo! De modo que Lisias estaba, según parece, en la ciudad?
FEDRO
Sí, para con Epícrates, en esa casa próxima al templo de Zeus Olímpico, la de Mórico.
SOCRATES
¿Y en qué pasabais el tiempo? Lisias os habrá dado un festín de discursos, es claro.
FEDRO
Te enterarás si tienes un rato libre para seguir andando y escuchando.
SOCRATES
¿Cómo? ¿No crees que para mí, como dice Píndaro, tiene "más importancia que cualquier ocupación" el enterarme de lo que hacíais tú y Lisias?
FEDRO
¡Adelante, pues!
SOCRATES
Puedes hablar
FEDRO
Y por cierto, Sócrates, que es de tu incumbencia lo que vas a oir, porque el discurso de que tratábamos estaba relacionado en cierto modo con el amor. Describe Lisias la seducción de un bello adolescente, y... ¡no por un enamorado! Pero ahí está precisamente el arte: dice que se debe favorecer al que no ama antes que al que ama.
SOCRATES
¡Qué nobleza la suya! ¡Ojalá escribiera que hay que favorecer al pobre antes que al rico, y al viejo antes que al joven, y todo lo que me conviene a mí y a la mayoría de nosotros! Serían, sin duda, ingeniosos y además de interés público sus discursos. Por mi parte, me han entrado tales deseos de escucharte, que si fueras paseando a pie hasta Megara, y, como aconseja Heródico, te dirigieras de allí a la muralla para emprender el regreso, no me quedaría atrás.
FEDRO
¿Qué dices, bueno de Sócrates? ¿Crees que lo que Lisias ha compuesto en mucho tiempo de trabajo, siendo el más hábil escritor de la actualidad, voy a repetírtelo de memoria, yo que soy un profano, de un modo digno de él? Estoy muy lejos de ello ciertamente, y, sin embargo, lo desearía más que encontrarme con una gran fortuna.
SOCRATES
¡Oh, Fedro, si yo no conozco a Fedro, me he olvidado también de mí mismo! Pero en realidad no ocurre ninguna de las dos cosas. Bien sé ya que tratándose de oír un discurso de Lisias, él no lo oyó una sola vez, sino que le pidió varias veces que lo repitiera, a lo que aquél accedió gustoso; pero ni aun con esto se contentó, y, por fin, consiguió que Lisias le dejara el cuaderno y revisó lo que más le interesaba revisar, hasta que, cansado de estar sentado sin hacer otra cosa desde por la mañana temprano, se dispuso a dar un paseo, según creo, ¡por el perro!, sabiéndose ya el discurso de memoria, a no ser que fuera francamente largo. Ibase, pues, fuera de las murallas con la intención de practicarlo. Pero se encontró con uno que padece la enfermedad de oir discursos y, al verlo, lleno de alegría ante la perspectiva de tener un compañero de delirio coribántico, le pidió que fuera con él. Sin embargo, cuando el enamorado de los discursos le suplicó que hablara, hizo remilgos como si no ardiera en deseos de hablar, pero al fin estaba dispuesto a hacerse oír por la fuerza, si no había quien le escuchara de grado. Así, pues, Fedro, ruégale tú que haga ya ahora lo que hará de todos modos en seguida.


Risueña y suya.
Teófila.