29 abr. 2006

George La Tour


Buenos días, Teófilo. Quizás pueda hacerse un tiempo y acudir a mi lado. Podríamos visitar el Louvre. Su corazón se llenaría de gozo. Horas enteras pasaríamos frente a lienzos como este. Marcial Olivar me presentó a George La Tour como un casi constante cultivador de la manera de pintar típica de los tenebrosi caravaggiescos. Prendada le saluda. Teófila.

27 abr. 2006

La trascendencia de Unamuno y el lado de acá de Paul Klee

Multifacética Teófila,

Estoy leyendo un opúsculo de caprichosas citas de D. Miguel de Unamuno. Ya sabe Vd., aquel que antes de ser echado como perro de la Universidad salmantina, a la que él había devuelto a su medieval magnificencia, y ante el inexorable avance de la muerte por estas salvajes dehesas dijo: "Venceréis, pero no convenceréis". Nota aparte merece el reciente uso de la derecha vernácula de esa frase para sus espurios intereses. Bueno, como decía (1) Miguel de Unamuno:
"Yo no digo que merezcamos un más allá, ni que la lógica nos lo muestre; digo que lo necesito, merézcalo o no, y nada más. Digo que lo que pasa no me satisface, que tengo sed de eternidad y que sin ella me es todo igual. Yo necesito eso, ¡lo ne-ce-si-to! Y sin ello ni hay alegría ni la alegría de vivir quiere decir nada"

Paul Klee decía (2) de sí mismo
"Soy incomprensible del lado de acá. Vivo igual de bien entre los muertos que entre los no-nacidos. Algo más cerca del corazón de la creación que lo ordinario. Pero no lo suficientemente cerca ¿comunico calor? ¿frialdad? Más allá de todo ardor no puede discutirse eso. Cuanto más me distancio, más piadoso soy. Del lado de acá, a veces me regocijo un poco del mal ajeno. Son matices de la misma cosa. Los curas no son lo suficientemente piadosos para verlo. Y se escandalizan un poco, los doctores de la escritura"

Las dos posturas son tentadoras. Unamuno, con ese racionalismo que se siente sin embargo vacío si abandona un sentido cristiano de la trascendencia. Paul Klee, negando su pertenencia a un más acá demasiado pueril, buscando una trascendencia ya no celestial, sino tal vez surrealista, o más bien ¿onírica?. De momento a no caer en la tentación, a rebuscar un rato más en este basural ¿no le parece?
Como diría nuestro querido Michel Onfray si quisiera, y no cito: "cuánto daño has hecho, ¡Oh Pablo de Tarso!"
Simples saludos de vueso
Teófilo.
(1) Robles Carcedo, L. (ed.) Epistolario Americano (1890-1936), Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca, 1996. Citado por un libelo incitable.
(2) De un catálogo de una exposición de Klee, citado por Susanna Partsch en "Paul Klee", Benedikt Taschen Verlag, Alemania.

25 abr. 2006

La Flaca

Cara Teófila,

Cuando hoy desperté y salí al prado cercano, el otoño se había presentado, como suele decirse, con su máximo esplendor. Un color rojizo todo lo inundaba, los árboles; y en la tierra, algo húmeda por el rocío de anoche, una capa de hojas formaba un voluptuoso colchón. La luz era diáfana por ese efecto que causa en las mañanas nubladas el sol cuando logra por un lejano claro entrar horizontalmente a primeras horas. Pensé que lo primero era registrar el momento con algunas fotografías. Un solo verde había, el de la cercana dehesa, en medio de donde un vecino echaba a sus vacas un cereal por el que muchos en lejanos países serían capaces de matarlo junto con su familia y todos sus animales con el solo objeto de saciar sus bajos instintos alimentarios. Mirando al ganadero, una mujer y una niña (¿su nieta?), disfrutaban del tranquilo espectáculo. Extrañamente lejos de su mentor, algunas vacas se entretenían rumiando junto al cerco donde yo estaba. Observé que el color de estos animales, que en algunas especies es normal que sea un marrón algo rojizo, eran en este caso de un definitivo rojo. Pensé que era una ilusión provocada por la conjunción de sol, nubes y otoño, por lo que me acerqué caminando en diagonal hacia a ellas, buscando cambiar el ángulo desde el cual veía los extraños animales y así descubrir su verdadero color. Les pareció a estos bichos que yo era una amenaza, se sobresaltaron e incluso una más joven dio la vuelta elevándose en sus dos patas, lo que al menos sirvió para confirmar que sí, que estas vacas eran rojas como la sangre.
Varias veces me desperté escuchando un ruido cheschescheschas y golpes tactac. La señora que limpia pensé. Otras veces cheschescheschas y ya volviendo a los cabales que la vigilia da, empecé a sospechar ¿es posible que un domingo tan temprano haya venido la señora de la limpieza? Salté de la cama y fui hasta la sala común del albergue, un amplio recinto vidriado, donde descubrí al causante del alboroto. Un cuervo pequeño y sí –claro- negro, intentaba infructuosamente escapar del recinto vidriado. Había entrado por el único roto de las decenas de pequeños vidrios que separan la sala del jardín, pero no acertaba a reencontrar el hueco para salir. Exhausto ya, mi presencia le dio la postrera fuerza para golpear salvajemente las ventanas. Abrí la puerta al jardín pero era demasiado para él, temí por el ave. Poco a poco la fui dirigiendo hasta que encontró la puerta y voló, lejos, lo perdí de vista. Me fui a lavar los dientes y luego a la cocina a calentar un cacharro para el desayuno.

Ahora más despierto le envío a Vd. estas líneas.
Si creer ni en sombras ni en bultos que se menean, lo saluda.

Teófilo.

24 abr. 2006

Miguel Delibes describe a Los Santos Inocentes

Docta Teófila,
La secta que dirige la Academia Epicurea Salmanticae ha recomendado, para "facilitar" mi ingreso a la misma, que lea una serie de libros clave de la literatura hispana. Dicen estos nobles ancianos que no es obligatorio, pero he optado por hacer lo que mandan. Así, he leído en un santiamén "Los Santos inocentes" de un tal Miguel Delibes, a la sazón Premio Cervantes. Creo que a Vd. podría gustarle en algún momento pasar sus páginas. Por compararlo con algún autor por nosotros dos conocidos, le diría que Delibes describe a las personas como hace vueso amado Juan José Saer lo propio con el río Paraná y sus islas. En este caso las personas que pululan en "Los Santos Inocentes" viven en un mundo de ignorancia y brutal opresión. Comprenderá Vd que si son presentadas tal como el entrerriano más famoso de París describe la fatigosa corriente del río en una calurosa y húmeda tarde de verano, el resultado será una clara denuncia.
La mantendré al tanto de mis avances en la poesía y novela de estas salvajes tierras.
Por ahora -aunque nada es para siempre así que no se me malacostumbre- suyo,
Teófilo.

23 abr. 2006

Adriaen Van Ostade.

Mi querido Teófilo,
Si viese un camastro, al instante caería en él. Mientras, le entretengo con estas pinturas.
Suya,
Teófila.

21 abr. 2006

En Le Grandval

Teófilo,
Diderot está contentísimo en casa del barón disfrutando de "helados, ¡ah amigos míos, qué helados! -nos escribe exaltado. Aquí es donde hay que estar para tomarlos buenos, imposible ser sobrio, me estoy poniendo redondo como una bola y me encuentro muy a gusto."
Golosa y sonriente.
Teófila.

19 abr. 2006

Lucrecia Petroni

Caro Teófilo,
Deseosa de que hayan sido de su agrado todas las Lucrecias que le he ido presentando, le acerco este descripción de Lucrecia Petroni
Es el tipo de la matrona romana en su belleza y en su orgullo naturales. Las facciones son grandes y la tez de una blancura resplandeciente, las cejas negras y muy marcadas, la mirada imperiosa y al mismo tiempo repleta de voluptuosidad. Es un bello contraste con el rostro tan dulce, tan inocente, casi alemán, de su hijastra.

y puede leer "Los Censi" de Stendhal completo.
Con inmenso placer.
Teófila.

17 abr. 2006

Beatriz Censi

Inolvidable Teófilo,
Así describe mi venerado Stendhal este retrato atribuido a Guido Reni o Elisabetta Sirani
Este gran pintor puso en el cuello de Beatriz un trozo de tela insignificante, y en la cabeza un turbante; el pintor no se atrevió a llevar la verdad hasta lo horrible reproduciendo con verdadera exactitud la vestidura que Beatriz se mandó hacer para ir al suplicio y la cabellera en desorden de una pobre niña de dieciséis años que acaba de entregarse a la desesperación. El rostro es dulce y bello, la mirada muy tierna y los ojos muy grandes, con la expesión asombrada de una persona a la que acaban de sorprender llorando amargamente. El pelo es rubio y muy bonito. Este rostro no tiene nada de la altivez romana y de esa conciencia de las propias fuerzas que solemos observar en la firme mirada de una "hija del Tíber", de una figlia del tevere, como dicen ellas mismas con orgullo.

Mis muchos cariños le hago llegar.
Teófila.

15 abr. 2006

María Izquierdo

Teófilo,
Artaud llega a México y encuentra por doquier y en abundancia imitación del arte europeo, lo cual le produce desánimo. Dice "temo haber venido a México a presenciar el fin de un viejo mundo, cuando yo creía asistir a su resurección". Sólo María Izquierdo pareciera preservar algo del "espíritu indio". Dice " mi emoción ha sido muy grande al encontrar, en (sus) gouaches, personajes indígenas desnudos temblar entre ruinas. Ejecutan allí una especie de danza de los espectros; los espectros de la vida que desapareció." Conmina "debe, para guardar su personalidad, hacer un gran esfuerzo en favor de la pureza, y este esfuerzo tendrá inmediatamente su recompensa. Porque un caballo de María Izquierdo, evoca inmediatamente todos los caballos que impresionaron el espíritu de los viejos mexicanos en el momento de la conquista."
Con afecto y pensativa.
Teófila.

14 abr. 2006

Los Origenes del Pensamiento Griego, de Jean-Pierre Vernant

Cara Teófila,
Con mi ánimo actual de devorar más que incorporar conocimientos, hice lo propio con uno de los libros que subrepticiamente substraje de vuesa biblioteca, "Los Orígenes del Pensamiento Griego", de Jean-Pierre Vernant. Claro y pedagógico, describe las condiciones en las cuales aparece la polis y el logos se diferencia del mito. Sin embargo, mi espíritu enciclopedista no logro captar el arché del asunto, un primer porqué en Grecia, ya que la serie de condiciones descriptas son similares a la de otras civilizaciones cercanas. Igualmente, "ido el conejo, palos en la cama", que lo mío es la Escuela Epicurea Salmanticae Le envío un párrafo que recuerda nuestra experiencia en Salónica y otras ciudades del Cercano Oriente:
"La filosofía se encuentra, al nacer, en una posición ambigua: por su marcha y por su inspiración está emparentada a la vez con las iniciaciones de los misterios y las controversias del agora; flota entre el espíritu de secreto, propio de las sectas y la publicidad del debate contradictorio que caracteriza a la actividad política. Según los medios, los momentos, las tendencias, se la ve, como a la secta pitagórica en la Magna Grecia en el siglo VI, organizarse en cofradía cerrada y rehusarse a entregar a la escritura una doctrina puramente esotérica. Así podrá, como lo hará el movimiento de los sofistas, integrarse plenamente en la vida pública, presentarse como una preparación para el ejercicio del poder en la ciudad y ofrecerse libremente a cada ciudadano por medio de lecciones pagadas en dinero. Acaso la filosofía griega no pudo desprenderse nunca del todo de esta ambigüedad que marca su origen. El filósofo oscilará siempre entre dos actitudes, titubeará entre dos tentaciones contrarias. Unas veces afirmará que es el único calificado para dirigir el Estado y, tomando orgullosa-mente el puesto del rey divino, pretenderá, en nombre de ese «saber» que lo eleva por encima de los hombres, reformar toda la vida social y ordenar soberanamente la ciudad. Otras veces se retirará del mundo para replegarse en una sabiduría puramente privada; agrupando en derredor de sí a unos cuantos discípulos, querrá instaurar con ellos, en la ciudad, otra ciudad al margen de la primera y, renunciando a la vida pública, buscará su salvación en el conocimiento y en la contemplación."
Simple y suyo,
Teófilo

13 abr. 2006

Lucrecia Mott

Añorado Teófilo,
En días de memorar me encuentro. Así, pues, es mi deseo ser breve y recordar a una Lucrecia no tan conocida.
Con cierto estado de recogimiento.
Teófila.

12 abr. 2006

Libros robados de los Jardines deTeófila

Nunca por mí tan respetada en vuesa inmensa caridad Teófila,
Sobre esos huecos que seguramente Vd. habrá hace tiempo notado en los anaqueles de vuesa extensa biblioteca debo decir mea culpa. En mi huida desesperada del país allende los mares cogí algunos libros que no había tenido tiempo de leer. Creo sabrá comprender y que no faltará momento para devolver dichos documentos a vueso poder. A continuación, la lista exhaustiva del expolio.
  • El Miedo a la Revolución, Jean Paul Sartre, Proteo, 1970
  • El Satiricón (Selección), Petronio, Centro Editor de América Latina, 1970
  • Odas (Selección), Horacio, Centro Editor de América Latina, 1970
  • La Guerra de Yugurta, Salustio, Centro Editor de América Latina, 1970
  • Carmina Burana (Selección), Centro Editor de América Latina, 1970
  • Antología, Miguel Hernández, Biblioteca Página/12
  • La vida de los Hombres Infames, Michel Foucault, Altamira/Nordan ("impreso en forma cooperativa en Editorial Nordan Comunidad
  • El Chamanismo y las Técnicas Arcaicas del Éxtasis, Mircea Elíade, Fondo de Cultura Económica, 1994
  • Utopías del Renacimiento, Moro/Campanella/Bacon, Fondo de Cultura Económica, 1995
  • El Limonero Real, Juan José Saer, Planeta, 1994
  • Los Orígenes del Pensamiento Griego, Jean-Pierre Vernant, Paidós,1992
  • Ecce homo, Friedrich Nietzsche, Alianza,1989
  • República, Platón, Eudeba, 1986
  • Hermenéutica del Sujeto, Michel Foucault, Altamira, 1996
Esperando no haber olvidado de listar ninguno y confiado de vuesa magnanimidad, lo saluda,
Teófilo.

11 abr. 2006

¿Recuerda la Teleología?

Cara Teófila,
Para mis estudios en la Academia Epicurea Salmanticae quería conocer definiciones concisas acerca del denominado modelo teleológico, de Platón y Aristóteles. Además de la usual definición de wiki¸ encontré un espectro interesante de aproximaciones al asunto: primero una definición ideal para mi fin primero, dedicada la misma a estudiantes de bachillerato. La segunda, una visión de un autodenominado Grupo de Propaganda Marxista, el cual debo decirle que más allá de mi sorpresa al tropezarme con dicha fuente, no hubo profundización en las largas parrafadas de estos apólogos. Finalmente, me encontré con otro apólogo, más campechano, definiendo a la Teleología dentro de un léxico de Religión. Mi interés en este último debe su razón a descubrir personas creyentes de las balbuceantes formas en el que la humanidad intentó buscarle un sentido a la naturaleza. Este buen hombre ora habla de naturaleza, ora habla de moral sin distinguir demasiado uno de otro. No puede admitir que la vida de una mosca no tenga una finalidad, sin más explicación de que se aplicaría a sí la misma vara, con resultados depresivos para sus débiles nervios. Es la causa final aristotélica, dentro de la cual todo lo que existe lo hace con un fin. La teleología, vamos.
Lejano (en griego téle, no télos, este último "fín último") y suyo,
Teófilo

9 abr. 2006

Lucrecia y César


Cercano y lejano Teófilo,
Quizás pueda admirar personalmente esta pintura de Pinturicchio que retrata a mi querida Lucrecia Borgia junto con su hermano.
Deseosa de ver "Los Censi", de Artaud, le brinda sus afectos.
Teófila

7 abr. 2006

Lucrecia y Tarquino


Lejano Teófilo,
Es de pensar que el bello nombre de Lucrecia lleva en su interior oscuras e impetuosas pasiones... Ya desde los tiempos de los Tarquinos ¿No lo cree usted así? Vea esta imponente pintura de Tiziano.
Yo también lejana.
Teófila.

3 abr. 2006

La Mettrie

Mi querido Teófilo,
Espero que se encuentre muy bien. Mi tiempo hoy es escaso, pero hallando a La Mettrie en Saint-Malo, no puedo menos que recomendarle que lea "El Hombre Máquina"y "El Hombre Planta".
Pierre Naville dice:
Las antinomias de la física materialista y de la moral utilitarista qudan irresolubles en La Mettrie.

Es un regalo para mí ofrecerle tanta brevedad.
Con cariño.
Teófila.

2 abr. 2006

Sócrates y la mayéutica

Estimado Téofilo,

Ha mencionado usted la mayéutica, entrañable arte de partera. La palabra mayéutica se nos aparece como indisolublemente ligada a Sócrates, el hijo del escultor Sofronisco y de la comadrona Faenarete.

La complejidad de la figura de Sócrates es evidente, pues como dice Brehier, “no llegamos a Sócrates directamente, puesto que él nada escribió, ni por la tradición única, sino a través de tradiciones múltiples que nos proporcionan diferentes retratos de él.” El más antiguo de estos retratos es el del Aristófanes de “Las nubes”; los otros se concentran en los diálogos de uno de sus discípulos: Platón, y en los Memorabilia de Jenofonte, otro discípulo. A estos se añaden algunos datos de Aristóteles, y un recorrido disperso y hostil que persiste en Porfirio, Libanio y Polícrates; también Diógenes Laercio. De lo que estamos seguros es que nos enseñan que fue el inventor de los conceptos, que era un tábano para Atenas, que fundamentaba el saber en el seguimiento del imperativo “Conócete a ti mismo”, que era el más sabio de todos los hombres porque es el único que sabe que no sabe nada, que tenía un demon interior, que era un partero de ideas, que acusado de corromper a la juventud y de impiedad por no honrar a los dioses de la ciudad fue condenado a beber la cicuta, que tenía cara de sileno, que con sus constantes preguntas e ironías hacía surgir lo que antes no había: un problema, que su propósito era salvar a sus enseñanzas de la forma agonística, no tenía tesis que presentar a juicio, sólo pretendía obrar de tal forma que cada uno llegase a ser su propio juez, que de las perplejidades que originaban las respuestas a sus preguntas surgía para su interlocutor el descubrimiento de la verdad.

Visto todo lo cual, lo aconsejable según mi humilde y leal entender es acceder a las obras-fuente y estudiarlas. Sobre la mayéutica podemos leer el siguiente párrafo del Teetetes de Platón:

Mi arte mayéutica -dice Sócrates- tiene las mismas características generales que el arte de las comadronas. Pero difiere de él en que hace parir a los hombres y no a las mujeres, y en que vigila las almas, y no los cuerpos, en su trabajo de parto. Lo mejor del arte que practico es, sin embargo, que permite saber si lo que engendra la reflexión del joven es una apariencia engañosa o un fruto verdadero.

Espero le sean de utilidad estos breves apuntes.
Atentamente le saluda.

Henri Efwervren.

1 abr. 2006

Sade y Marx

Estimadísimo Teófilo,
Tentada de inventariar pequeñas máximas y sentencias tales como “La religión es el opio del pueblo”, “Mantenéis al pueblo en la ignorancia y la superstición pues le temeríais si estuviese ilustrado; lo drogais para que no se de cuenta de que lo estais oprimiendo.” “No hay medio mejor de familiarizarse con la muerte que asociarla a una idea libertina.”, “Los filósofos hasta ahora se han dedicado a interpretar de diversos modos el mundo, cuando de lo que se trata es de transformarlo, “Hay momentos peligrosos en que lo fìsico se abrasa en los errores de lo moral.”, “A cada quien según su necesidad”, “Declamamos contra las pasiones, sin pensar que en su antorcha la filosofía enciende la suya.”, “Es el ser social lo que determina la conciencia”, “Cuando el fuerte quiso esclavizar al débil, se persuadió de que un Dios había santificado las cadenas con que lo había cargado; y el débil, estupidizado por la miseria, creyó todo lo que se le dijo.”, desistí de continuar y preferí enviarle el párrafo de Marx donde leemos la primera de las citas:
El fundamento de la crítica irreligiosa es: el hombre hace la religión; la religión no hace al hombre. Y la religión es, bien entendido, la autoconciencia y el autosentimiento del hombre que aún no se ha adquirido a sì mismo o ya ha vuelto a perderse. Pero el hombre no es un ser abatracto, agazapado fuera del mundo. El hombre es el mundo de los hombres, el Estado, la sociedad. Este Estado, esta sociedad, producen la religión, una conciencia del mundo invertida, porque ellos son un mundo invertido. La religión es la teoriá general de este mundo, su compendio enciclopédico, su lógica bajo forma popular, su pundonor espiritualista, su entusiasmo, su sanción moral, su solemne complemento, su razón general de consolación y justificación. Es la fantástica realización de la esencia humana, porque la esencia humana carece de verdadera realidad. La lucha contra la religión es, por tanto, indirectamente, la lucha contra aquel mundo que tiene en la religión su aroma espiritual.
La miseria religiosa es, de una parte, la expresión de la miseria real y, de otra parte, la protesta contra la miseria real. La religión es el suspiro de la criatura agobiada, el estado de ánimo de un mundo sin corazón, porque es el espíritu de los estados de cosas carentes de espíritu. La religión es el opio del pueblo.
La superación de la religión como la dicha ilusoria del pueblo es la exigencia de su dicha real. Exigir sobreponerse a las ilusiones acerca de un estado de cosas vale tanto como exigir que se abandone un estado de cosas que necesita de ilusiones. La crítica de la religión es, por tanto, en germen, la crítica del valle de lágrimas que la religión rodea de un halo de santidad.

Con afecto.
Teófila.