1 ago. 2006

La comuna de París

Mi querido Teófilo,
Lentamente me recupero de ciertas penosas dolencias. Mis manos nuevamente pueden pulsar casi sin querer las teclas y escribir. Mis ojos se han deleitado sin más con la lectura de sus deliciosas epístolas. Las varias y numerosas y difíciles cuestiones que en ellas sus epístolas expone, objeto serán para nuestro estimado amigo en común-Henry Efwervren- de sendas misivas. Yo, mientras, me amasijo entre palabras famosas: "Pero París en armas era la revolución en armas."
Déjeme, mi amigo, con mis nimias veleidades y salude sobre mi cuerpo las frescas tibiezas que su antojo disponga.
Con cariño y repuesta.
Teófila.
P.D.: Tenga piedad.

2 comentarios:

Teofilo dijo...

MI querida Teófila,

Sabe Vd. que a pesar de mis muchas palabras a la hora del ensayo, quedo mudo ante el cariño y siempre me creo en la necesidad de responder.

Cuando el cariño es como la miel, como mucha miel, como enormes barriles de miel que se derraman a mis pies habitualmente mi respuesta es directa y efectiva, solo basta dar la vuelta o cortar la comunicación lo más rápidamente posible antes que el daño provocado por la vizcosa sustancia no sea demasiado grande. Mi naturaleza debo admitir que siempre siente alguna culpa por las palabras que saliendo de mi boca provocaran al menos en una muy pequeña parte semejante efusión de glúcidos.

Cuando el cariño recibido en cambio provoca en mí ese tipo de relajación muscular y comodidad en el propio cuerpo premonitorio de las grandes ocasiones tampoco ninguna de mis palabras es útil y suelo rápidamente recurrir al abrazo con todo mi ser empezando por mis ojos, siguiendo con mis reputadas manos que recorren como las teclas y pedales de un ingobernable órgano eclesial el cuerpo del ser elegido, para finalizar en donde el amor encuentra su justa cura.

En el caso de tu epístola -y permíteme por una vez llamarte de "tu"-, la distancia me obliga a tomar una tercera vía, que he aprendido en los últimos meses, principalmente al recibir indirectamente el amor hacia el mundo que expresan una pequeña cantidad de chispeantes jovencitas que por distintas causas ajenas a mi voluntad impiden aplicar la opción dos.
En ese caso y en el de vuesa epístola, me siento lo más cerca que puedo de la fuente de amor, me relajo y gozo sin mayor pretensión que la de contagiarme de belleza.

Invariablemente suyo,
Teófilo.

PD: Es verdad que como Vd dice me falta piedad, pero es que ésta a mis ojos aparece siempre tan cerca de la complacencia que prefiero no ofrecerla por temor a un mayor debilitamiento de mi ya castigado corazón.

Teofila dijo...

Adorado,
¡Delicias de la miel! ¡Delicias de las grandes ocasiones! ¡Delicias de las bellezas!
Y yo tan lejos...
Teófila.