20 ago. 2006

Calímaco y la tristeza de Teófila

Mi querido Teófilo,
La tristeza de Teófila arrecia. Pequeños epigramas caen en sus ojos sólo para recordarle que alguna vez se aferró a un credo. Así, Calímaco le susurra:
"Odio el poema cíclico, y no me agrada el camino donde se arrastran los pasos de la multitud; tengo horror del amante que se ofrece a todos; no bebo de la fuente común, me disgusta todo lo público".

Añoro su cercanía, mi querido.
Con amabilidad.
Teófila.

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