31 may. 2006

Un episodio de lid amorosa entre Alcibíades y Sócrates

Mi querido Teófilo,
¿Recuerda usted? Le había dicho que le transcribiría el elogio de Alcibíades a Sócrates en el Banquete en casa de Agatón...
"Así, pues, amigos, una vez que se hubo apagado la lámpara y los esclavos estuvieron fuera, creí que no debía andarme con rodeos ante él, sino decirle noblemente lo que me había propuesto.
Le dije entonces, sacudiéndole: "Sócrates ¿duermes?"
"No, por cierto" -me contestó.
"¿Sabes lo que he resuelto?
"¿Qué es exactamente? -dijo.
"Tú, me parece -continué yo-, eres el único digno de convertirte en mi amante y veo que no te atreves a declararte a mí. En cuanto a mí respecta, mis sentimientos son así. Considero que es una gran insensaez no complacerte a ti en esto y en cualquier otra cosa que necesitaras de mi hacienda o de mis amigos, pues para mí no hay nada más importante que el hacerme lo mejor posible y opino que ninguno me puede ayudar en esto con más autoridad que tú. Yo, por lo tanto, sentiría ante los prudentes mayor vergüenza de no otorgarle mi favor a un hombre de tal índole, que de otorgárselo ante el vulgo y los insensatos."
"Después de oírme, Sócrates, con suma ironía y muy en consonancia con su modo acostumbrado de proceder, me dijo"¡Ah! querido Alcibíades, tal vez no seas realmente un hombre frívolo, si resulta verdad eso que dices de mí y existe en mi una virtud por la cual tú pudieras hacerte mejor. En ese caso, verías en mí una belleza indescriptible y muy superior a tu bella figura. Por consiguiente, si la ves en mí y pretendes participarla conmigo y cambiar belleza por belleza, no es poca la ganancia que piensas sacar de mí: lo que intentas es adquirir algo que es bello de verdad y trueque de lo que es bello en apariencia, y lo que pretendes es en realidad cambiar oro por bronce. Sin embargo, ¡oh bienaventurado!, mira mejor, no se te vaya a escapar que yo no valgo nada, pues la vista de la inteligencia comienza a ver agudamente cuando comienza a cesar en su vigor la de los ojos, y tú todavía te encuentras lejos de esto."
"Mis sentimientos son ésos - le dije yo después de oírle-, y ninguno d ellos ha sido expresado de otro modo que tal y como los pienso. Tú, por tu parte, toma la determinación que juzgues mejor para ti y para mí."
"En esto último -replicó-, tienes razón. En adelante, pues,
tomaremos juntos una decisión y haremos sobre esto y sobre lo demás, lo que nos parezca a los dos lo mejor."
"Entonces, al escuchar esto, después de las palabras que yo había dicho y lanzado como dardos, creí que estaba herido. Me levanté, sin darle ya lugar a que dijera nada, le cubrí con mi manto -pues era invierno- y arrebujándome debajo del raído capote de ése que veis ahí, ceñí con mis brazos a ese hombre verdaderamente divino y admirable y pasé acostado a su lado la noche entera. Y tampoco en esto, Sócrates, dirás que miento. Pues bien, pese a esto que hice, hasta tal punto extremo se sobrepuso a mí, me menospreció, se burló de mi belleza y me injurió -y eso que yo creía de ella que valía algo, ¡oh, jueces!, pues jueces sois de la soberbia de Sócrates-, que... sabedlo bien, por los dioses y por las diosas, ¡me levanté tras haber dormido con Sócrates, ni más ni menos que si me hubiera acostado con mi padre o con mi hermano mayor!."

Con afecto le envío mis guiños.
Teófila.

2 comentarios:

Anónimo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
El Serch dijo...

Hola. Llego aquí por el blog de la tradición clásica.

Yo no soy muy conocedor de la tradición clásica, pero puedo decir que en Platón encontramos una valoración distinta del amor, al menos del Eros aquel que expone Diotima de Mantinea. Y hay como una cierta disculpa a los enamorados que pueden cometer cosas tontas, por hacerlo en nombre del amor. Tan es así que hasta los dioses los ven con buenos ojos.

En fin, que esto del amor siempre es algo que hay que pensarle.

Saludos.