3 may. 2006

Los mejores comienzos: Fedro

Mi querido Teófilo,
Un poco extenso este comienzo de hoy, pero usted sabe cuánto me agradan las cosas que me hacen reír y cuánto me place compartirlas con usted, mi querido amigo. Comienza así el Fedro de Platón:
SOCRATES
¡Querido Fedro!... ¿A dónde vas y de dónde vienes?
FEDRO
De estar con Lisias, el hijo de Céfalo, Sócrates, y voy a pensar fuera de las murallas, pues he pasado allí mucho tiempo, sentado desde por la mañana temprano, y, siguiendo los consejos de Acumeno, tu amigo y mío, yo doy mis paseos a lo largo de las carreteras: él asegura que son más estimulantes que los que se dan en las avenidas.
SOCRATES
¡Y dice bien, amigo! De modo que Lisias estaba, según parece, en la ciudad?
FEDRO
Sí, para con Epícrates, en esa casa próxima al templo de Zeus Olímpico, la de Mórico.
SOCRATES
¿Y en qué pasabais el tiempo? Lisias os habrá dado un festín de discursos, es claro.
FEDRO
Te enterarás si tienes un rato libre para seguir andando y escuchando.
SOCRATES
¿Cómo? ¿No crees que para mí, como dice Píndaro, tiene "más importancia que cualquier ocupación" el enterarme de lo que hacíais tú y Lisias?
FEDRO
¡Adelante, pues!
SOCRATES
Puedes hablar
FEDRO
Y por cierto, Sócrates, que es de tu incumbencia lo que vas a oir, porque el discurso de que tratábamos estaba relacionado en cierto modo con el amor. Describe Lisias la seducción de un bello adolescente, y... ¡no por un enamorado! Pero ahí está precisamente el arte: dice que se debe favorecer al que no ama antes que al que ama.
SOCRATES
¡Qué nobleza la suya! ¡Ojalá escribiera que hay que favorecer al pobre antes que al rico, y al viejo antes que al joven, y todo lo que me conviene a mí y a la mayoría de nosotros! Serían, sin duda, ingeniosos y además de interés público sus discursos. Por mi parte, me han entrado tales deseos de escucharte, que si fueras paseando a pie hasta Megara, y, como aconseja Heródico, te dirigieras de allí a la muralla para emprender el regreso, no me quedaría atrás.
FEDRO
¿Qué dices, bueno de Sócrates? ¿Crees que lo que Lisias ha compuesto en mucho tiempo de trabajo, siendo el más hábil escritor de la actualidad, voy a repetírtelo de memoria, yo que soy un profano, de un modo digno de él? Estoy muy lejos de ello ciertamente, y, sin embargo, lo desearía más que encontrarme con una gran fortuna.
SOCRATES
¡Oh, Fedro, si yo no conozco a Fedro, me he olvidado también de mí mismo! Pero en realidad no ocurre ninguna de las dos cosas. Bien sé ya que tratándose de oír un discurso de Lisias, él no lo oyó una sola vez, sino que le pidió varias veces que lo repitiera, a lo que aquél accedió gustoso; pero ni aun con esto se contentó, y, por fin, consiguió que Lisias le dejara el cuaderno y revisó lo que más le interesaba revisar, hasta que, cansado de estar sentado sin hacer otra cosa desde por la mañana temprano, se dispuso a dar un paseo, según creo, ¡por el perro!, sabiéndose ya el discurso de memoria, a no ser que fuera francamente largo. Ibase, pues, fuera de las murallas con la intención de practicarlo. Pero se encontró con uno que padece la enfermedad de oir discursos y, al verlo, lleno de alegría ante la perspectiva de tener un compañero de delirio coribántico, le pidió que fuera con él. Sin embargo, cuando el enamorado de los discursos le suplicó que hablara, hizo remilgos como si no ardiera en deseos de hablar, pero al fin estaba dispuesto a hacerse oír por la fuerza, si no había quien le escuchara de grado. Así, pues, Fedro, ruégale tú que haga ya ahora lo que hará de todos modos en seguida.


Risueña y suya.
Teófila.

4 comentarios:

Teofilo dijo...

Teófila,
Fíjese Vd. en un pequeño detalle del diálogo que trae a colación. Sócrates en boca de Platón defendía la mayéutica y las formas discursivas que no implicaran ir directamente al asunto sino que fuera el interlocutor/alumno quien arribara por su cuenta a las conclusiones del maestro. Sin embargo, desbarata inmediatamente cualquier intento de que le apliquen a él una forma retórica/pedagógica que no sea ir directamente al asunto.
Os lo digo en recuerdo de otra conversación que tuviéramos hace ya tiempo.
Suyo siempre
Teófilo.

Teofila dijo...

Teófilo,
Puede usted si lo desea tildarme de apegada a tradiciones, pero prefiero seguir considerando a la mayéutica como un método formativo -no meramente informativo- de primerísimo orden y pletórico con sus recursos al humor irónico.
Por lo demás comprendo perfectamente, por padecerlo y haberlo padecido, su fastidio ante esos usos de ironías baratas y pedantes. Es mi parecer que no es correcto confundir esto último con aquéllo.
Suya
Teófila.

Teofilo dijo...

Teófila,
Es necesario como Vd. bien recuerda, distinguir las peras de los membrillos. Creo que tropiezo siempre con el dichoso problema de buscar universales en la experiencia necesariamente subjetiva, lo que me lleva a conclusiones que esbozadas con las limitaciones del espacio literario y las urgencias de la vida, no terminan de dar en ninguna diana.
Dicho esto me permito decir algo completamente apegado a las tradiciones. Luego de leer vueso cuidado comentario no puedo dejar de notar la ausencia de una palabra que completaría la bella sonoridad del pasaje. Una sonoridad algo remanida claro está, más cercana al final de una pieza de cámara barroca que al silencio de una tarde primaveral a orillas del Duero. La palabra es "otro", quedando el párrafo cerrado por un castizo y circular "Es mi parecer que no es correcto confundir esto último con aquello otro". No se disguste Vd. por mi secular impertinencia.
Suyo -claro-.
Teófilo.

Teofila dijo...

Apreciado Teófilo,
¡Excelente su observación!¡Redondo hubiese sido terminar con un "aquello otro"!
Su comentario se me ha semejado en un todo muy bien logrado.
Suya.
Teófila.