29 may. 2006

Henchido de amor vuela en el Fedro...

Mi querido Teófilo,
Pareciera ser que mayo llama al amor y durante este mes no otra cosa más que recordar el amor he hecho. Unas palabras más del Fedro y prometo que ya pronto no le importunaré más.
Y una vez que lo ha recibido en su trato, la benevolencia del amante, que ahora ve de cerca, llena de admiración al amado que comprende que, ni aun todos los demás juntos, amigos y parientes, le ofrecen una pequeña cantidad de la amistad que encuentra en este amigo poseído de un dios. Y cuando pasa el tiempo en este trato e intimidad, a más de los contactos en los gimnasios y en otros lugares de reunión, el manantial de aquella corriente que Zeus cuando amaba a Ganimedes llamó "ola del deseo", corriendo a raudales hacia el enamorado, en parte desciende a él y, en parte, cuando éste está completamente lleno, desborda hacia afuera, y, como el aliento o el eco que, de los objetos lisos y resistentes, saltan de nuevo al punto de donde partieron, así la corriente de la hermosura, pasando a través de los ojos, vuelve de nuevo al hermoso; y cuando, por ese camino que es el que naturalmente la conduce al alma, ha llegado a ella y la ha llenado, reanima los orificios de las plumas, da impulso al nacimiento de éstas, y llena de amor a su vez el alma del amado.
Está, pues, enamorado, pero no comprende de qué; y ni sabe lo que le ocurre ni puede explicarlo, sino que, como el que coge una oftalmía, no puede alegar ninguna razón, y no se da cuenta de que, como en un espejo, se ve a sí mismo en su amante; siempre que aquél está presente, deja, como él, de sufrir; y cuando está ausente, del mismo modo también, lo echa de menos y es echado de menos, teniendo así un contra-amor que es la imagen del amor.
Con ternura.
Teófila.

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