27 may. 2006

En el coloquio "Las Vanguardias cumplen 100 años" III

Mi añorado Teófilo,
Estas son las palabras que lee Octavio Paz en el final del extenso fragmento seccionado de su no menos extensa ponencia (aquí las últimas palabras leídas habían sido "...la irrealidad muy real por lo demás, del espectáculo."):
"La verdadera realidad de las vanguardias no se encuentra en sus alborotos y en sus aspiraciones mitad revolucionarias y mitad publicitarias, sino en algo más secreto y precioso: nos dejaron obras excepcionales y que han vencido el tiempo mismo. Hoy podemos ver con claridad en qué consistió la farsa y el drama de ese periodo. Movimientos artísticos animados por un temple religioso y revolucionario, las vanguardias de la primera mitad del siglo XX se propusieron cambiar el arte y la más ambiciosa, el surrealismo, cambiar la vida. Empresa desmesurada y condenada de antemano. Las vanguardias se dispersaron y disiparon, pero iluminaron nuestra imaginación, afinaron nuestra sensibilidad, despertaron nuestra fantasía y, en una palabra, enriquecieron nuestra época con creaciones deslumbrantes. Son la otra cara, la luminosa, del sombrio siglo XX."
¡Oh, luz!
Teófila.

P.D.: todas las citas de Octavio Paz de las últimas 3 entradas de este blog están extraídas de "El Paseante", Número triple 23-25, Ed. Siruela, Madrid, 1995. La escribiente.

1 comentario:

Teofilo dijo...

Llegamos al punto en que decimos entonces: si hay obra de arte, si hay compromiso con la producción artísticas, todas tus ideas, excentricidades, perversiones, maldad y bondad son permisibles y hasta bienvenidas (Desde Artaud hasta el mismo insoportable, pedante y defensor de los autoritarismos Dalí)
Pero si te quedas sólo con tus opinioncitas y actos políticos y eres conocidos más por ellas, entonces es de alguna manera signo de fracaso (Breton, Marinetti, etc...)
Resumo demasiado, mi mefistotélica amiga? Entonces...
¡Luz, más luz!
Teófilo.