11 may. 2006

Alcibíades y Sócrates en El Banquete

Atento Teófilo,
En "El Banquete", casi al final, cuando ya ha hablado Sócrates, hace su entrada Alcibíades, muy borracho. Parece ser que este "recomenzar de la película"-puesto que bien podía terminar el diálogo con las últimas palabras de Socrates y algún parrafillo de moño final- ha suscitado un cúmulo de cuestiones... Entre otras la del "¿para qué?". Advierto que de continuar tomaré un sendero que de seguro me llevará a largas parrafadas inconducentes.
Pues bien, dejemos todo esto de lado y dediquémonos entonces a disfrutar de la situación en casa de Agatón:
Ayer, es cierto,-viene diciendo Alcibíades al entrar- no pude venir, pero ahora he llegado con estas cintas en la cabeza para quitarlas de la mía y coronar la cabeza del hombre más sabio y más bello, si es que debo expresarme así. ¿Os reís de mí porque creéis que estoy borracho? Yo, aunque vosotros os riáis, bien sé que digo la verdad. ¡Ea!, decidme desde este momento: ¿entro con esta condición o no?, ¿vais a beber conmigo o no?
Todos entonces le dieron una ovación y le invitaron a entrar y a acomodarse y Agatón le llamó a su lado. El entonces avanzó conducido por sus acompañantes y quitándose al mismo tiempo las cintas para coronara a Agatón, como las tenía delante de los ojos no vio a Sócrates, sino que se sentó al lado de Agatón, entre éste y Sócrates, pues Sócrates en el momento en que lo vio, se había echado a un lado para hacerle sitio. Una vez que se hubo acomodado abrazó a Agatón y le coronó.
Descalzad, esclavos, a Alcibíades -ordenó entonces Agatón, para que comparta con nosotros dos el lecho. Muy bien -replicó Alcibíades-, pero ¿quién es ese tercer comensal que está con nosotros? Y, volviéndose al mismo tiempo, vio a Sócrates y al verle le dio un sobresalto y exclamó: Heracles, ¿qué es esto? ¿Estás ahí Sócrates? ¡Otra vez más me esperás al acecho, sentado aquí, y mostrándote de sopetón, como acostumbras, donde yo menos me imaginaba que estuvieras! ¿A qué has venido ahora? Además, ¿por qué esta´s sentado aquí? PUes no estás al lado de Aristófanes, ni de ningún otro que sea gracioso, o que pretenda serlo, sino que te amañaste para sentarte al lado del más bello de los que hay dentro de la casa.
Agatón -dijo entonces Sócrates-, mira a ver si me defiendes, que para mí se ha convertido el amor de este hombre en no pequeña molestia. Desde el momento en que me enamoré de él, ya no me es posible ni lanzar una mirada ni conversar con ningún hombre bello, so pena de que este, sintiendo celos y envidia de mí, cometa asombrosos disparates, me injurie y a duas penas se abstenga de venir a las manos. Mira, pues, no vaya a hacer algo también ahora. ¡Ea!, reconcílianos y si intenta cometer alguna violencia, defiéndeme, porque su manía y su afecto al amante me causan gran horror.
No hay -gritó Alcibíades-, reconciliación posible entre tú y yo. Pero por estos agravios ya te castigaré más adelante. Ahora, Agatón, dame parte de esas cintas para que corone también esta su admirable cabeza y no me pueda reprochar que a tí te he coronado y en cambio a él, que vence en los discursos a todos los hombres, y no sólo anteayer como tú, sino siempre, no le coroné después. Al propio tiempo tomó parte de las cintas coronó a Sócrates y se sentó.

Si no es muy tedioso, otro día le transcribo el elogio de Alcibíades a Sócrates.
Con afecto.
Teófila.

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