2 abr. 2006

Sócrates y la mayéutica

Estimado Téofilo,

Ha mencionado usted la mayéutica, entrañable arte de partera. La palabra mayéutica se nos aparece como indisolublemente ligada a Sócrates, el hijo del escultor Sofronisco y de la comadrona Faenarete.

La complejidad de la figura de Sócrates es evidente, pues como dice Brehier, “no llegamos a Sócrates directamente, puesto que él nada escribió, ni por la tradición única, sino a través de tradiciones múltiples que nos proporcionan diferentes retratos de él.” El más antiguo de estos retratos es el del Aristófanes de “Las nubes”; los otros se concentran en los diálogos de uno de sus discípulos: Platón, y en los Memorabilia de Jenofonte, otro discípulo. A estos se añaden algunos datos de Aristóteles, y un recorrido disperso y hostil que persiste en Porfirio, Libanio y Polícrates; también Diógenes Laercio. De lo que estamos seguros es que nos enseñan que fue el inventor de los conceptos, que era un tábano para Atenas, que fundamentaba el saber en el seguimiento del imperativo “Conócete a ti mismo”, que era el más sabio de todos los hombres porque es el único que sabe que no sabe nada, que tenía un demon interior, que era un partero de ideas, que acusado de corromper a la juventud y de impiedad por no honrar a los dioses de la ciudad fue condenado a beber la cicuta, que tenía cara de sileno, que con sus constantes preguntas e ironías hacía surgir lo que antes no había: un problema, que su propósito era salvar a sus enseñanzas de la forma agonística, no tenía tesis que presentar a juicio, sólo pretendía obrar de tal forma que cada uno llegase a ser su propio juez, que de las perplejidades que originaban las respuestas a sus preguntas surgía para su interlocutor el descubrimiento de la verdad.

Visto todo lo cual, lo aconsejable según mi humilde y leal entender es acceder a las obras-fuente y estudiarlas. Sobre la mayéutica podemos leer el siguiente párrafo del Teetetes de Platón:

Mi arte mayéutica -dice Sócrates- tiene las mismas características generales que el arte de las comadronas. Pero difiere de él en que hace parir a los hombres y no a las mujeres, y en que vigila las almas, y no los cuerpos, en su trabajo de parto. Lo mejor del arte que practico es, sin embargo, que permite saber si lo que engendra la reflexión del joven es una apariencia engañosa o un fruto verdadero.

Espero le sean de utilidad estos breves apuntes.
Atentamente le saluda.

Henri Efwervren.

1 comentario:

Teofilo dijo...

Muchas gracias, mi querido amigo, por sus notas. Nada preciso más en este momento en que mi mente está en la Academia Epicurae que descripciones certeras de conocimientos complejos.
Atento a vuesa sabiduría,
Teófilo.