1 abr. 2006

Sade y Marx

Estimadísimo Teófilo,
Tentada de inventariar pequeñas máximas y sentencias tales como “La religión es el opio del pueblo”, “Mantenéis al pueblo en la ignorancia y la superstición pues le temeríais si estuviese ilustrado; lo drogais para que no se de cuenta de que lo estais oprimiendo.” “No hay medio mejor de familiarizarse con la muerte que asociarla a una idea libertina.”, “Los filósofos hasta ahora se han dedicado a interpretar de diversos modos el mundo, cuando de lo que se trata es de transformarlo, “Hay momentos peligrosos en que lo fìsico se abrasa en los errores de lo moral.”, “A cada quien según su necesidad”, “Declamamos contra las pasiones, sin pensar que en su antorcha la filosofía enciende la suya.”, “Es el ser social lo que determina la conciencia”, “Cuando el fuerte quiso esclavizar al débil, se persuadió de que un Dios había santificado las cadenas con que lo había cargado; y el débil, estupidizado por la miseria, creyó todo lo que se le dijo.”, desistí de continuar y preferí enviarle el párrafo de Marx donde leemos la primera de las citas:
El fundamento de la crítica irreligiosa es: el hombre hace la religión; la religión no hace al hombre. Y la religión es, bien entendido, la autoconciencia y el autosentimiento del hombre que aún no se ha adquirido a sì mismo o ya ha vuelto a perderse. Pero el hombre no es un ser abatracto, agazapado fuera del mundo. El hombre es el mundo de los hombres, el Estado, la sociedad. Este Estado, esta sociedad, producen la religión, una conciencia del mundo invertida, porque ellos son un mundo invertido. La religión es la teoriá general de este mundo, su compendio enciclopédico, su lógica bajo forma popular, su pundonor espiritualista, su entusiasmo, su sanción moral, su solemne complemento, su razón general de consolación y justificación. Es la fantástica realización de la esencia humana, porque la esencia humana carece de verdadera realidad. La lucha contra la religión es, por tanto, indirectamente, la lucha contra aquel mundo que tiene en la religión su aroma espiritual.
La miseria religiosa es, de una parte, la expresión de la miseria real y, de otra parte, la protesta contra la miseria real. La religión es el suspiro de la criatura agobiada, el estado de ánimo de un mundo sin corazón, porque es el espíritu de los estados de cosas carentes de espíritu. La religión es el opio del pueblo.
La superación de la religión como la dicha ilusoria del pueblo es la exigencia de su dicha real. Exigir sobreponerse a las ilusiones acerca de un estado de cosas vale tanto como exigir que se abandone un estado de cosas que necesita de ilusiones. La crítica de la religión es, por tanto, en germen, la crítica del valle de lágrimas que la religión rodea de un halo de santidad.

Con afecto.
Teófila.

2 comentarios:

Teofilo dijo...

Una de mis preocupaciones actuales con respecto a la religión es aprender a encontrar en uno los propios conceptos y creencias que vienen impuestos por una filosofía cristiana. Vd. bien lo sabe ya que hace unas semanas le hablaba un poco de esto.
Le envío de vuelta su carta para ver si sería tan amable de ilustrarme la fuente de cada una de las citas de vueso primer párrafo, o a la menos que me diga si todas pertenecen o bien a Sade o bien a Marx. En caso de ser este último el caso, haga caso omiso a mi pedido, que me basta con mi humilde saber para dilucidarlo.
Necesito un día de 33 horas. O mejor aún, una noche de veinticuatro.
Esperando enigmático que sepa Vd. en que emplearía tan largas noches la saluda,
Teófilo.

Teofila dijo...

Es así, mi querido amigo, todas las frases citadas en el primer párrafo de mi misiva pertenecen algunas a Marx, otras a Sade.Podrían formar parte de un juego de adivinanzas o de búsqueda del tesoro.