11 mar. 2006

Las calles de París

Mi querido Teófilo,
A pesar de la lejanía en el tiempo y en el espacio no puedo menos que conmoverme ante ciertos hechos. Quizás hoy sean adecuados estos extensos párrafos de Berman.
Cuando comenzaron las obras de Haussman en los bulevares, nadie comprendió por qué los quería tan amplios: de treinta a noventa metros de ancho. Solamente cuando la obra estuvo concluida, se comenzó a ver que estas calles inmensamente anchas, rectas como flechas, que se extendían a lo largo de kilómetros, serían las vías rápidas ideales para el tráfico pesado. El macadam, la superficie con que habían sido pavimentados los bulevares, era notablemente liso y ofrecía una tracción perfecta para las patas de los caballos. Por primera vez, jinetes y conductores podían lanzar sus caballos a toda velocidad en pleno centro de la ciudad.

Se comprende ahora fácilmente al poeta de Baudelaire cuando dice "Cruzaba el bulevar corriendo, en medio de una caos en movimiento, con la muerte galopando hacia mí por todos lados". Y continúa Berman

¿Qué pasaría si la multitud de hombres y mujeres aterrorizados por el tráfico moderno pudiesen aprender a afrontarlos juntos? Esto ocurrirá sólo seis años después de "La pérdida de una aureola" (y tres años después de la muerte de Baudelaire), en los días de la Comuna de París de 1871, y nuevamente en San Petersburgo en 1905 y 1917, en Berlín en 1918, en Barcelona en 1936, en Budapest en 1956, nuevamente en París en 1968, y en decenas de ciudades de todo el mundo, desde los tiempos de Baudelaire hasta los nuestros: el bulevar se transformará bruscamente en el escenario de una nueva escena primaria moderna. No será la clase de escena que le habría gustado ver a Napoleón o a Haussmann, pero será no obstante una escena que su forma de urbanismo habrá contribuido a crear.

Pensativa.
Teófila.

1 comentario:

Teofilo dijo...

Téófila,
En relación a las consecuencias de las grandes avenidas, no olvide que una de las principales razones que se llevan al Barón de Haussman a contruir estas anchas avenidas es justamente impedir las barricadas, como relata Carlos Fuentes en una nota sobre Balzac
"El barón Haussmann condena a muerte la vieja ciudad medieval y abre las grandes avenidas, la avenida de la Opera, los bulevares de las capuchinas, de los italianos, que permiten un tránsito más expedito para quienes compran cosas, pero también para quienes las roban. Arsenio Lupin, el caballero ladrón, escapará más fácilmente gracias a las anchas avenidas que comunican los centros del poder social y mercantil parisino. En cambio, los revolucionarios potenciales ya no podrán levantar barricadas en los anchos espacios de los grandes bulevares. Para eso se mandaron hacer. La ciudad de las revoluciones de 1789, 1830 y 1848 es demolida. Adiós "Los miserables", adiós "La educación sentimental", adiós "La historia de dos ciudades". La lucha de clases ya no tendrá lugar.
Rápido como el rayo,
Teófilo