12 mar. 2006

El nacimiento de la clínica

Mi estimado Teófilo,
El título de esta epístola es el título de un libro de Foucault que según el propio autor "trata del espacio, del lenguaje y de la muerte; trata de la muerte." El libro está profusamente subrayado, anotado y marcado
En el capítulo "La lección de los hospitales" se señala que
El problema moral más importante que la idea clínica había suscitado era éste: ¿con qué derecho se podía transformar en objeto de observación clínica, un enfermo al cual la pobreza había obligado a solicitar asistencia al hospital?
y que
El dominio de los hospitales es ambiguo: teóricamente libre, y abierto a la indiferencia de la experimentación por el carácter de no contrato que vincula al médico con su enfermo, está erizado de obligaciones y de límites morales en virtud del contrato sordo -pero apremiante- que vincula al hombre en general con la miseria en su forma universal.
Luego se cita con justeza a Menuret, quien en el "Essai sur les moyens de former de bons médecins" publicado en París en 1.791 decía: "Penetrando en los asilos donde languidecen la miseria y la enfermedad reunidas, sentirá estas emociones dolorosas, esta conmiseración activa, este deseo ardiente de llevar el alivio y la consolación, este placer íntimo que nace del triunfo y que el espectáculo de la felicidad extendida aumenta. Es allí donde aprenderá a ser religioso, humano, compasivo."
Y se continúa finalmente
Pero mirar para saber, mostrar para enseñar, ¿no es violencia muda, tanto más abusiva cuando calla, sobre un cuerpo de sufrimiento que pide ser calmado, no manifestado? ¿Puede el dolor ser espectáculo? Puede serlo, e incluso debe serlo en virtud de un derecho sutil, y que reside en que nadie es el único y el pobre menos que los demás, que no puede recibir asistencia sino por la mediación del rico. Ya que la enfermedad no tiene la fortuna de encontrar la curación más que si los demás intervienen con sus saber, con sus recursos, con su piedad, ya que no hay enfermo curado sino en sociedad, es justo que el mal de los unos sea transformado en experiencia para los otros; y que el dolor reciba así el poder de manifestar: "El hombre que sufre no deja de ser ciudadano... la historia de los sufrimientos a los cuales está reducido es necesaria para sus semejantes porque ésta enseña cuáles son los males que los amenazan." (Chambon de Montaux, "Moyen de rendre les hôpitaux plus utiles à la nation", París, 1787) Al rehusar ofrecerse como objeto de instrucción, el enfermo "sería ingrato, porque gozaría de la ventajas que resultan de la sociabilidad sin pagar el tributo del reconocimiento." (Ibid) Y por estructura de reciprocidad, se dibuja para el rico la utilidad de venir en ayuda de los pobres hospitalizados: al pagar para que se los atienda, pagará, incluso de hecho, para que se conozcan mejor las enfermedades por las cuales él mismo puede ser afectado; lo que es benevolencia respecto del pobre se transforma en conocimiento aplicable al rico.

El librero había ingeniado un modo de fijar por convención el precio ya que el cambio de la moneda era por demás frecuente: usaba la unidad. Este libro costaba 20 u. Yo, gracias a Foucault, conocía a Char: "Desarrollad vuestra legítima rareza".
Con afecto.
Teófila.

4 comentarios:

Teofilo dijo...

Teófila,
¿Qué Char? ¿René? Debo decirle por otro lado, que el nunca escrito "Manual del Rebelde" rezaría, de existir, que Vd. debería ocuparse más de los abogados, que de los médicos me encargaría yo.
Chistoso y suyo, apenas si puede mantener la marcha de vuesa abultada producción litereraria,
Teófilo.

Teofila dijo...

Óptimo Teófilo,
Celebro su agudeza, de René Char le decía que debía el conocerle a Michel Foucault. De las profesiones liberales yo no me ocupo en absoluto, me tienen sin cuidado.
Acerca de lo que llama usted "mi producción literaria", le digo que no existe. Si Raymond Chandler viniese donde yo estoy y leyese esto que escribo seguro me diría: "En general el negocio de la antología me produce un completo disgusto. Gente que no le ha dado nada al mundo en términos de escritura (y nunca lo hará) presume de utilizar el trabajo de otros a precios nominales, y por Dios me refiero a precios nominales, para su propio beneficio y provecho y se justifican como compiladores o críticos o eruditos, en apoyo de lo cual escriben unas vomitivas pequeñas instroducciones y se quedan sentados con una sonrisa indulgente y los bolsillos bien abiertos.
Suya.
Teófila.
P.D. La cita de Chandler está extraída del epígrafe a la introducción de Tom Hiney a una antología qué él edita de cartas y ensayos de Chandler.

Teofilo dijo...

Aguda Teófila,
Vd. en agudeza no se queda tampoco nada atrás.
Agudo siempre,
Teófilo.

Teofila dijo...

Sonriente Teófilo,
¡Vea usted lo que me ha hecho hacer! ¡Usar de tantos epítetos para nombrarle! Yo que siempre me atuve a las reglas de la buena cortesía y de la escolástica y la sana erudición. ¡Me hace ruborizar!
Sonriente a su vez,
Teófila.