9 mar. 2006

Baudelaire, unas cartas y unos versos.

Lejano Teófilo,
Mucho tiempo empleé en la búsqueda del cuento de Cabrera Infante sobre el cual Aurelia nos ha pedido un comentario.
Durante la búsqueda, me vinieron a la memoria estos versos de Baudelaire:
el verdugo que goza, el mártir que solloza;
la fiesta que sazona y perfuma la sangre;
el veneno del poder enervando al déspota,
y el pueblo amante del látigo embrutecedor...
La mejor biografía de Baudelaire es un libro conteniendo todas su cartas a Carolina Archimbaut-Dufays, su madre, "mujer vivaz, nerviosa, imaginativa y, a ratos, fantásticamente aprensiva", según nos cuenta el biógrafo de ella. Así comienza la primer carta fechada alrededor de 1833:
Mi querida madre, mi buena mamá: No sé qué decirte y tengo que decirte toda clase de cosas. Por lo pronto que siento un gran deseo de verte. Qué diferente estar en casa de extraños -y no son precisamente tus caricias y nuestras risas lo que hecho de menos, es un no sé qué que hace que nuestra madre nos parezca siempre la mejor de las mujeres y que sus cualidades nos conformen más que las cualidades de otras mujeres: hay un acuerdo tal entre la madre y un hijo, viven tan bien uno al lado del otro- de manera que a fe mía, desde que estoy en casa del señor Laségue me siento muy incómodo.
Ah, el spleen... El calor me agobia y añoro unos días frescos en los que caminábamos por senderos de montañas amarillas.
Con cariño.
Teófila

3 comentarios:

Teofilo dijo...

Teófila
¿Debemos poner freno a nuestra curiosidad? ¿Nos perdemos en los detalles? Me pregunto esto luego de darme cuenta que al escuchar las canciones que Vd. me mostró con letra de Baudelaire he notado algo raro: el juglar no pronuncia las erres nasales, como los franceses, sino las erres fuertes, como el antiguo trabalenguas castellano "Erre con Erre guitarra/ erre con erre carril/ que rápido ruedan las ruedas/ las ruedas del ferrocarril." Debo intuir que eso se debe a la procedencia italiana del músico, astrólogo y licenciado en Filosofía italiano Joe Fallisi. Y no me extiendo más porque me parece que es perderse en detalles. Sigo en otro comentario. Las canciones son muy bellas, un gran hallazgo suyo que me parece que deberíamos repetir en otras epístolas.
Suyo,
Teófilo

Teofilo dijo...

Teófila,
Dice Vd. que mientras investigaba sobre Cabrera Infante y la Caguama, le vinieron a la mente esos versos de Baudelaire. Si esto no ofendiera a vueso particular estilo, sería de mi agrado ver que Vd. citara a modo de eslabón perdido, la palabra o concepto que unió en su alma al cuento del cubano con los versos del francés. Yo creo que es la estrecha relación del sexo con poder. Pero dígame Vd.
Atento siempre,
Teófilo.

PS: Definitivamente Vd. me va a obligar a leer a Baudelaire, despertándome de esa manera la curiosidad.

Teofila dijo...

Teófilo,
Sepa que en mi creencia actual, ningún freno debemos poner a las pasiones y varias veces le he citado hermosos versos que nos invitan a perdernos de tanto en tanto en donde sea, en los detalles, en las ciudades, en nosotros mismos... (A lo que agregaría, "iniciar una búsqueda de máximas en que nos inviten a perdernos de nosotros mismos")
Innumerables veces un simple, pequeño, desdeñado -por simple, pequeño, nimio, insignificante- "detalle" ha conducido a cosas magníficas. Empecinarse en esos detalles, esforzarse en lo gris puede alumbrar azules inmensos.
Coincido con las conclusiones sobre la pronunciación de las erres a las cuales ha arribado.
Mucho contenta mi corazón el saber que las canciones le han acercado belleza a su sentir.
Pensativa y admirando el azur.
Teófila