13 mar. 2006

Algunas citas de unas cartas de Sade

Mi estimado Teófilo,
Ya con el tiempo creo estaré en condiciones de abundar más. Mientras, le acerco algo de las cartas de Sade desde la cárcel de Vincennes.
Miserables criaturas, arrojadas por un momento sobre la superficie de este montón de lodo, ¿es pues necesario que la mitad del rebaño persiga a la otra mitad? Hombre, ¿eres tú a quien corresponde decidir lo que está bien y lo que está mal?

Decís que no puede aprobarse mi manera de pensar. ¿Y a mí que me importa? ¡Bien loco es el que adopta una forma de pensar para los otros! La mía es el fruto de mis reflexiones; depende de mi existencia, de mi formación. No soy dueño de cambiarla; y si lo fuera no lo haría. Esta forma de pensar, que reprobáis, es el único consuelo de mi vida; es lo que alivia mis pesares en la cárcel y constituye mis placeres en el mundo; a ella me aferro más que a la vida. No es a mi manera de pensar a quien debo mis desgracias, sino a la de otros. El hombre razonable que desprecia los prejuicios de los tontos se convierte necesariamente en su enemigo; tiene que saberlo y no importarle. Un viajero transita por un hermoso camino. Está lleno de trampas. Cae en ellas. Decid de quién es la culpa, ¿del viajero o del malvado que las puso? Si, como decís, el precio que se pone a mi libertad es el sacrificio de mis principios o de mis gustos, podemos decirnos adios por la eternidad, pues antes que ellos, sacrificaría mil vidas y mil libertades si las tuviera.

Aprended que es el punto donde uno se encuentra lo que hace que una cosa sea buena o mala y no la cosa en sí. A los campesinos rusos se les cura la fiebre con arsénico; no obstante, el estómago de una linda mujer no se curaría así.

Con gran disposición, buen ánimo y feliz en estos días.
Teófila.

5 comentarios:

Teofilo dijo...

Cara Teófila,
Imagínome que ese fragmento sería respetado como un primitivo canto a la libertad del hombre si el remitente fuera otro. Debo decirle sin embargo que en mi búsqueda del "encuadre" de las ideas nunca se bien dónde poner al señor de poco ilustre apellido. Buceando brevemente en la biblioteca encuentro a aficionados puestos en defensores arrebatados ("uno de los más grandes escritores de todos los tiempos"), o bien a los surrealistas, que lo ensalzaron. Y luego los siquiatras, que lo resumen como "sádico".
Este señor se adelanta me imagino en la cuestión de las libertades individuales, el derecho a la blasfemia (tan discutido incluso hoy) y cuestiones similares, aunque no se si el hecho de ser "adelantado" le da carta de validez filosófica actual, más allá del intrínseco valor histórico. Cuando los temas a los que se refiere son luego reformulados en formas, por decirlo de alguna manera, más acertadas. Sobre esta cuestión del valor del "adelantado" sobre consecuencias y movimientos más "finos" creados luego volveré cuando le cuente algo sobre Andy Warhol.
Suyo.
Teófilo.

Teofila dijo...

Mi estimado Teófilo,
Cuando el desdén es fruto del prejuicio y de la ignorancia, no vale más que mi más profundo desprecio y desazón.
Con afecto.
Teófila.

Teofilo dijo...

Mi ahora y siempre comprometida Teófila,
Veo que por primera vez prescinde de todo anclaje teórico y científico para descalificar una epístola. Signifique esto tomar bandera y dejar de lado todo lo demás, o bien negar cualquier seriedad al comentario objeto de vuesa descalificación,
Con afecto siempre,
Teófilo

Teofila dijo...

Mi querido Teófilo,
Su perspicacia infinita me deja sin palabras. Mucho, mucho, más de lo que usted mismo sabe me conoce.
También con eterno afecto y suya.
Teófila.

Teofilo dijo...

Sensible Teófila,
Como abiertamente auscultó Teófilo en vueso ojo, no vio él sin embargo en el propio que también eludió todo sentido científico, aunque intentara disimularlo regando la epístola con banales conceptos para que el eje de su respuesta era una postura emotiva. Contrario a lo que habitualmente insiste Teófilo de acotar los comentarios al texto de la epístola, en este caso evitolo, y se dedicó al autor citado en la misma. Usó además bajas tácticas para reprimirla a Vd o al menos, para reprenderla, mediante el milenario abuso de la retórica.
La pasada noche tuvo Teófilo una serie de sueños. Escenas tranquilas, encuentros y reencuentros con viejos conocidos, familiares, antiguos amores. Al despertarse, unos veinte minutos en su lecho quedose, fijando imágenes y leyendo recuerdos que sólo podían estar hablando de que los sueños y los deseos son ineludibles. Ninguna filosofía es posible sin estos presupuestos, y más aún para estos correspondentes, que fijan el interés en lo material después de tantos años de idealismo romántico, usado este adjetivo en el más popular y negativo sentido del término.
Dice ahora Teófilo que hay que leer y releer la cita que Vd. enviara oportunamente en la epístola que comentamos. Y recién luego aventurar conclusiones que nada tendrán que ver con la moral de la vida privada que vanamente Teófilo intentara censurar.
La saluda respetuosamente,
Teófilo.