27 feb. 2006

Weber y Reclus

Inolvidable Teófilo,
En la conferencia que ya le nombré, Weber se pronuncia por una Universidad más bien no masiva y señala un objetivo ideal pedagógico en los siguientes términos:
Una experiencia más que suficiente y una sobria reflexión me han enseñado a desconfiar profundamente de los cursos masivos, por inevitables que sean. La democracia está bien dentro de su propio ámbito, pero la educación científica que, por tradición, hemos de procurar en las Universidades alemanas, es una cuestión de aristrocracia espiritual y sobre esto no cabe engañarse. También es cierto que la exposición de los problemas científicos de tal modo que resulten comprensibles para una mente no educada, pero capaz, y ésta llegue (y esto es para nosotros lo único decisivo) a tener sobre ellos ideas propias, es quizás la más difícil de las tareas pedagógicas.
Anteriormente le he comentado de un discurso de Reclus. El comienzo de este discurso es muy intersante por la habilidad retórica para plantear el problema básico de individuo/sociedad. Pero no quiero apartarme del eje que me ocupa: la escuela, la educación, los maestros, los ideales pedagógicos e institucionales. De tal orden podría decirse que son las siguientes citas:
(...) La ciencia, tal como la concebimos, tal como trataremos de interpretarla, tiene el ligamen por excelencia que da el respeto sin límites al pensar del hombre. Tendrá también el lazo que nos aseguran la comunidad del método, la voluntad firme de no sacar conclusiones que no se deriven de la observación y de la experiencia, de descartar escrupulosamente todas las ideas preconcebidas, puramente tradicionales o místicas. En fin, contamos con un tercer lazo, el que los alumnos y los oyentes anudarán entre nosotros por su amor a la verdad, por su alto espíritu de estudio sincero y desinteresado.
(...) Lo mismo que Emerson, nos dirán con toda justicia que la primera cualidad del hombre que se consagra a la verdad científica es el heroísmo.
(...) Al contrario, lo ponemos vivamente en guardia contra todos los formularios y los guía-asnos que no gustan de los libros ni tampoco de la Naturaleza; le decimos que desconfíe de los programas que limitan la inteligencia, de los cuestionarios que la anquisolan, de los resúmenes que la empobrecen, y le aconsejamos que estudie por sí mismo, con todo el entusiasmo del descubrimiento.
(...) Su grave preocupación consistirá no en aparentar que saben, sino en saber.
Quizás podría decirse que el discurso entero de Reclus trata sobre esa difícil tarea pedagógica señalada por Weber.
Suya, siempre.
Teófila.

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