23 feb. 2006

Weber , Tolstoi y la búsqueda de maestros

Mi querido Teófilo,
Alguna vez nos hemos preguntado Qué hacemos en Leaving-Salónica?. Por cierto, no es mi intención dedicarme en este momento a esbozar posibles respuestas o a polemizar al respecto. Sí observo en la elección de las citas y de los temas cierta preocupación "ética" por llamarla-y muy provisoriamente- de algún modo. Pues bien, he aquí la conferencia "La ciencia como vocación" pronunciada por Max Weber "por invitación de la Asociación Libre de Estudiantes de Munich durante el invierno revolucionario de 1919" y publicada "por vez primera en su forma actual durante el verano de 1919", según nota de Marianne Weber.
(...) Dados estos supuestos y teniendo en cuenta que, como acabamos de decir, han naufragado ya todas esas ilusiones que veían en la ciencia el camino "hacia el verdadero ser", "hacia el arte verdadero", "hacia la verdadera naturaleza", "hacia el verdadero Dios", hacia la felicidad verdadera", ¿cuál es el sentido que hoy tiene la ciencia como vocación? La respuesta más simple es la que Tolstoi ha dado con las siguientes palabras: "La ciencia carece de sentido puesto que no tiene respuesta para las únicas cuestiones que nos importan, las de qué debemos hacer y cómo debemos vivir."
(...) Sobre estos dioses y su eterna contienda decide el destino, no una "ciencia". Lo único que puede comprenderse es qué cosa sea lo divino en uno u otro orden o para un orden u otro. Aquí concluye todo lo que un profesor puede decir en la cátedra sobre el asunto, lo cual no quiere decir, por supuesto, que con eso concluya el problema vital mismo.
(...) Según la postura básica de cada cual, uno de estos principios resultará divino y el otro diabólico, y es cada individuo el que ha de decidir quién es para él Dios y quién el demonio.
(...) A todo lo que acabamos de decir una parte de nuestra juventud contestaría diciendo: "Sí, pero, de todas formas, nosotros asistimos a clase para algo más que para escuchar análisis y verificaciones de hechos. El error en que esta actitud incurre es el de buscar en el profesor algo que éste no puede dar. Buscan en él un caudillo y no un maestro, pero sólo como maestros se nos concede la cátedra.
(...) Frente al profesor que tiene delante, el muchacho americano piensa que le está vendiendo sus conocimientos y sus métodos a cambio del dinero de su padre, exactamente del mismo modo dque la verdulera le vende a su madre una col.
(...) Y si se siente llamado (el profesor) a intervenir en los conflictos existentes entre las distintas concepciones del mundo y las diversas opiniones, que lo haga en la plaza pública, en donde discurre la vida, en la prensa, en reuniones, en asociaciones o en donde quiera, no en las aulas. Resulta demasiado cómodo mostrar la fortaleza de sus opiniones allí en donde los que le escuchan, que quizá piensen de otro modo, están condenados al silencio.
(...) Y cuando, sin nuevas y auténticas profecías, nos obstinamos en constituir nuevas religiones se producen internamente esperpentos semejantes, cuyas consecuencias han de ser peores aún. Las profecías lanzadas desde la cátedra podrán crear sectas fanáticas, pero nunca una auténtica comunidad. A quienes no puedan soportar virilmente este destino de nuestro tiempo hay que decirles que vuelvan en silencio, llana y sencillamente, y sin la triste publicidad habitual de los renegados, al ancho y piadoso seno de las viejas Iglesias, que no habrán de ponerles dificultades. Es inevitable que de uno u otro modo tengan que hacer allí el "sacrificio del intelecto". (el de la máxima agustiniana de "credo non quod, sed quia absurdum est")
(...) Hay que ponerse al trabajo y responder, como hombre y profesional, a las "exigencias de cada día". Esto es simple y sencillo si cada cual encuentra el demonio que maneja los hilos de su vida y le presta obediencia.

Suya siempre.
Teófila.

1 comentario:

Teofilo dijo...

Cara Teófila,
¿Cuándo dejaré de buscar en los libros sólo la confirmación de mis hipótesis y creencias? A este momento, seguiré destacando las frases como las que siguen, extraídas de vuestro último opúsculo, y cito textual:
"La ciencia carece de sentido puesto que no tiene respuesta para las únicas cuestiones que nos importan, las de qué debemos hacer y cómo debemos vivir."
Claro que no es nada nuevo, pero fíjese Vd. yo siempre insistía, en la cuestión de que la ciencia era ajena al Arte, por ser este una actividad de resultados y comportamientos y no de postulados comprobables. A veces puede ser necesario insistir sobre ciertas delimitaciones: ¿hasta que punto puede el "sentido común" soslayarse en pos de la obra artística?
Hay que ponerse al trabajo y responder, como hombre y profesional, a las "exigencias de cada día". Esto es simple y sencillo si cada cual encuentra el demonio que maneja los hilos de su vida y le presta obediencia.
Nada, en este caso simplemente destaco una frase dicha 60 años antes de una de Ferdinando Taviani por nosotros tantas veces citada?
Suyo,
Teófilo