9 feb. 2006

Limericks de Edward Lear

Mi querido Teófilo,
De mis achaques me he recuperado haciendo ingesta de algunas combinaciones halladas en una excelente farmacopea ubicada en uno de los estantes de la biblioteca de mis aposentos. Dicha farmacopea recomienda, entre otras, la combinación de 2 gramos de limerick untados con 1 pizca de Bashô y 1 pizca de Salustio.
Excelente es el estudio "La poesía disparatada" de George Orwell para introducirnos al limerick de Edward Lear. Transcribo:
Hasta que el surrealismo hiciera una voluntaria incursión en el terreno del inconsciente, la poesía que pretendía ser disparatada -dejando aparte los absurdos estribillos de las canciones- no parece haber sido muy corriente. Este hecho otorga una posición relevante a Edward Lear, quien fue uno de los primeros escritores en tener por tema la pura fantasía -con países imaginarios y palabras inventadas- sin ningún propósito satírico. Sus poemas no son todos ellos igualmente disparatados: algunos consiguen su efecto mediante una distorsión de la lógica, pero todos se asemejan en el hecho de que el sentimiento que subyace en ellos es de tristeza y no de amargura. Expresan una suerte de simpática locura: una simpatía natural por todo lo que es débil y absurdo. (...) Más tarde aparece una dama con algunas gallináceas y de ahí se sigue una relación amorosa trunca. Mr. Megroz cree, de forma bastante plausible a mi entender, que puede estar refiriéndose a algún incidente en la vida del propio Lear. Este nunca se casó y es fácil conjeturar que hubo algo que funcionó muy mal en su vida sexual. Sin lugar a dudas un psiquiatra podría detectar significaciones de todo tipo en sus dibujos y en la reiteración con que aparecen palabras inventadas del tipo de runcible (runflante). Su salud fue muy mala y, como fue el menor de los veintiún hijos de una familia pobre, debió haber conocido las estrecheces y la precariedad en los primeros años de su vida. Es evidente que fue poco feliz y además solitario por naturaleza, a pesar de tener buenos amigos. Aldous Huxley, al elogiar las fantasías de Lear como una especie de afirmación de la libertad, ha señalado que los "ellos" de los limericks representan el sentido común, la legalidad y, en general, las más aburridas de las virtudes. "Ellos" son los realistas, los seres prácticos, los ciudadanos sobrios tocados de sus sombreros hongos que están siempre dispuestos a impedirle a uno hacer algo que valga la pena. Por ejemplo:
There was an Old Man of Whitehaven,
Who danced a quadrille with a raven;
But they said, "It's absurd
To encourage this bird!"
So they smashed that Old Man of Whitehaven.
Con afecto.
Teófila

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