21 feb. 2006

Escuela a la griega y a la romana.

Mi querido Teófilo,
En una de nuestras amables conversaciones, citábale yo este texto de Paul Veyne:

Mientras tanto, los jóvenes prosiguen sus estudios. ¿Para convertirse en buenos ciudadanos? ¿Para aprender su futuro menester? ¿Para adquirir los medios de comprender algo en el mundo en que viven? No, sino para adornar su espíritu, para cultivarse en las bellas artes. En Roma, no se enseñaba materias formativas ni utilitarias, sino materias de prestigio, y en primer lugar la retórica. La educación en las regiones griegas del Imperio era diferente. Mientras que la escuela romana es un producto de importación y, como tal, se mantiene separada de la calle, de la actividad política y religiosa, la escuela griega formaba parte de la vida pública. Tenía como escenario la palestra y el gimnasio, ya que el gimnasio era una segunda plaza pública a la que todo el mundo tenía acceso y donde no era gimnasia todo lo que se hacía. Pero también se hacía, y en mi opinión la enorme diferencia entre la educación a la griega y la educación romana radica en que el deporte ocupaba la mitad de la primera; incluso las materias literarias (la lengua materna, Homero, la retórica, un poco de filosofía y mucha música, aún en tiempos del Imperio) se enseñaban en un rincón del gimnasio o de la palestra.

Una vez le hablé de Foucault; él insistía en esto de la tarea filosófica como un "emprender el saber cómo y hasta dónde sería posible pensar distinto"; Veyne hablaba de la historia como "viaje hacia lo otro". Gran viajero fue Elisée Reclus, geógrafo y anarquista que en 1895 durante la sesión de apertura de la Universidad Nueva de Bruselas pronunció un discurso "Del heroísmo en los estudiantes y en los profesores" en el cual reivindica con fuerza el pensamiento libre. Aún no he acabado con él, otro día le citaré seguramente algún párrafo.

Con pasión y suya.
Teófila.



1 comentario:

Teofilo dijo...

Elisée Reclus... un amigo mío vivirá en esa ignota calle de la zona norte de una ciudad que se llamará Rosario en el sur de un continente aún inexplorado.
Teófilo.