5 feb. 2006

Aventuraciones filosóficas

Excelentísimo Teófilo,
Digamos que me he metido en un mar de lecturas, pensamientos, recuerdos y reflexiones. Via longa erit (el camino será largo).
Comencemos entonces.

Respecto de todas las ciencias, artes, habilidades y oficios vale la convicción de que para poseerlos se necesita un reiterado esfuerzo de aprendizaje y de ejercicio; y que, si bien todos tienen ojos y dedos, y se les proporciona cuero e instrumentos, no por ellos están en condiciones de hacer zapatos. En lo referente a la filosofía, en cambio, parece ahora dominar el prejuicio de que cualquiera sabe inmediatamente filosofar y apreciar la filosofía porque para ello posee la medida en su razón natural -como si cada uno no poseyera también en su pie la medida del zapato.
HEGEL.
Recordar Stanislavski. Pensar en cómo valuamos lo que leemos. Reflexionar acerca de las tecno-cracias, teo-cracias, aristo-cracias.

Que ninguno por ser joven vacile en filosofar, ni por llegar a la vejez se canse de filosofar. Pues no hay nadie demasiado prematuro ni demasiado retrasado en lo que concierne a la salud de su alma. El que dice que el tiempo de filosofar no le ha llegado o le ha pasado ya, es semejante al que dice que todavía no ha llegado o que ya ha pasado el tiempo para la felicidad. Así que deben filosofar tanto el joven como el viejo; éste para que, en su vejez, rejuvenezca en los bienes por la alegría de lo vivido; aquél para que sea joven y viejo al mismo tiempo por su intrepidez frente al futuro. Es, pues, preciso que nos ejercitemos en aquello que produce la felicidad, si es cierto que, cuando la poseemos, lo tenemos todo y, cuando nos falta, lo hacemos todo por tenerla.
EPICURO

Estos filósofos olvidados, excluidos del panteón de la cultura general occidental, amontonados en las historias y manuales en un único y solitario capítulo donde cada uno es beneficiario de no más que unas pocas líneas...

Se trata de la curiosidad, esa única especie de curiosidad, por lo demás que vale la pena de practicar con cierta obstinación: no la que busca asimilar lo que conviene conocer, sino la que permite alejarse de uno mismo. ¿Qué valdría el encarnizamiento del saber si sólo hubiera de asegurar la adquisición de conocimientos y no, en cierto modo y hasta donde se puede, el extravío del que conoce? Hay momentos en la vida en los que la cuestión de saber si se puede pensar distinto de como se piensa y percibir distintode como se ve es indispensable para seguir contemplando o reflexionando. (...) Pero ¿qué es la filosofía hoy -quiero decir la actividad filosófica- si no el trabajo critico del pensamiento sobre sí mismo? ¿Y si no consiste, en vez de legitimar lo que ya se sabe, en emprender el saber cómo y hasta dónde sería posible pensar distinto? Siempre hay algo de irrisorio en el discurso filosófico cuando, desde el exterior, quiere ordenar a los demás, decirles dónde está su verdad y cómo encontrarla, o cuando se siente con fuerza para instruirles proceso con positividad ingenua; pero es su derecho explorrar lo que, en su propio pensamiento, puede ser cambiado mediante el ejercicio que hace de un saber que le es extraño. El "ensayo" -que hay que entender como prueba modificatoria de sí mismo en el juego de la verdad y no como apropiación simplificadora del otro con fines de comunicación- es el cuerpo vivo de la filosofía, si por lo menos ésta es todavía hoy lo que fue, es decir una "ascesis", un ejercicio de sí, en el pensamiento.
FOUCAULT.


Me quedo pensando.
Animosa,
Teófila.

1 comentario:

Teofilo dijo...

Doña Teófila,
En búsqueda de definiciones, rescato caprichosamente vuesa cita de Foucault 'El "ensayo" -que hay que entender como prueba modificatoria de sí mismo en el juego de la verdad y no como apropiación simplificadora del otro con fines de comunicación'.
La selección de estos 3 textos me pareció harto interesante y su mutua interacción valen el largo de la epístola. En la búsqueda constante del concepto de la perfección (cartesiana prueba de la existencia de Dios), debería sugerirle una mayor "valentía literaria". Es decir, un título y primeras líneas más descriptivas del contenido. Si luego de escribirlas las ve demasiado rudas o simplificadoras, las mismas letras le permiten la salvedad de "relativizarlas", provocando un texto más periodístico que igual no pierde su fuerza formal.
Atte suyo, Teófilo.