19 ene. 2006

Materia, Conciencia y Tiempo. Borges, Hume y Berkeley.

Mi querido Teófilo,
Sé cuánto le he molestado y cuán vanas le han parecido ciertas conversaciones mías; sé cuántos disgustos le he deparado. Lo hecho, hecho está y no puede repararse, mas quizás pueda encontrar mi alma consuelo si estas nuevas palabras pudieren acercar claridad al asunto.
El texto a continuación es un extracto de "Nueva refutacion del tiempo", de Borges, en Otras inquisiones, Obras Completas, Emecé ediciones, Buenos Aires, 1974.

"El idealismo es tan antiguo como la inquietud metafísica. (...) Berkeley usó de esos argumentos contra la noción de materia; Hume los aplicó a la conciencia; mi propósito es aplicarlos al tiempo. (...) Berkeley negó la materia. Ello no significa, entiéndase bien, que negó los colores, los olores, los sabores, los sonidos y los contactos; lo que negó fue que, además de esas percepciones, que componen el mundo externo, hubiera dolores que nadie siente, colores que nadie ve, formas que nadie toca. Observó (Priciples of Human Knowledge, 3): 'Hablar de la existencia absoluta de cosas inanimadas, sin relacion al hecho de si las perciben o no, es para mi insensato. Su esse est percipi; no es posible que existan fuera de las mentes que las perciben'. (...)
Berkeley negó que hubiera un objeto detrás de las impresiones de los sentidos; David Hume, que hubiera un sujeto detrás de la percepción de los cambios. Aquél había negado la materia, éste nego el espíritu; aquél no había querido que agregáramos a la sucesión de impresiones la noción metafísica de materia, éste no quiso que agregáramos a la sucesión de estados mentales la noción metafísica de un yo. Corrobora Hume (Treatise of Human Nature, I, 4, 6): 'Somos una colección o conjunto de percepciones, que se suceden unas a otras con inconcebible rapidez... La mente es una especie de teatro, donde las percepciones aparecen, desaparecen, vuelven y se combinan de infinitas maneras. La metáfora no debe engañarnos. Las percepciones constituyen la mente y no podemos vislumbrar en qué sitio ocurren las escenas ni de qué materiales está hecho el teatro'.
Admitido el argumento idealista, entiendo que es posible -tal vez inevitable- ir más lejos. (...) Negadas la materia y el espíritu, que son continuidades, negado también el espacio, no sé con qué derecho retendremos esa continuidad que es el tiempo. Fuera de cada percepcion (actual o conjetural) no existe la materia; fuera de cada estado mental no existe el espíritu; tampoco el tiempo existirá fuera de cada instante presente. Elijamos un momento de máxima simplicidad: verbigracia, el del sueño de Chuang Tzu (Herbert Allen Giles: Chuang Tzu, 1889). Éste, hará unos veinticuatro siglos, soñó que era una mariposa y no sabía al despertar si era un hombre que había soñado ser una mariposa o una mariposa que ahora soñaba ser hombre. No consideremos el despertar, consideremos el momento del sueño; o uno de sus momentos. 'Soñé que era una mariposa que andaba por el aire y que nada sabía de Chuang Tzu', dice el antiguo texto. Nunca sabremos si Chuang Tzu vio un jardín sobre el que le parecía volar o un móvil triángulo amarillo, que sin duda era él, pero nos consta que la imagen fue subjetiva, aunque la suministró la memoria. La doctrina del paralelismo psicofísico juzgará que a esa imagen debió de corresponder algún cambio en el sistema nervioso del soñador; según Berkeley, no existía en aquel momento el cuerpo de Chuang Tzu, ni el negro dormitorio en que soñaba, salvo como una percepción en la mente divina. Hume simplifica aun más lo ocurrido. Según él, no existía en aquel momento el espíritu de Chaung Tzu; sólo existían los colores del sueño y la certidumbre de ser una mariposa. Existía como término momentáneo de la 'colección o conjunto de percepciones' que fue, unos cuatro siglos antes de Cristo, la mente de Chuang Tzu; existían como término n de una infinita serie temporal, entre n-I y n + I. No hay otra realidad, para el idealismo, que la de los procesos mentales; agregar a la mariposa que se percibe una mariposa objetiva le parece una vana duplicación; agregar a los procesos un yo le parece no menos exorbitante. Juzga que hubo un soñar, un percibir, pero no un soñador ni siquiera un sueño; juzga que hablar de objetos y de sujetos es incurrir en pura mitología. Ahora bien, si cada estado psíquico es suficiente, si vincularlo a una circunstancia o a un yo es una ilícita y ociosa adición, ¿con qué derecho le impondremos depués, un lugar en el tiempo? Chuang Tzu soñó que era una mariposa y durante aquel sueño no era Chuang Tzu, era una mariposa. ¿Cómo, abolidos el espacio y el yo, vincularemos esos instantes a los del despertar y a la época feudal de la historia china? Ello no quiere deir que nunca sabremos, siquiera de manera aproximativa, la fecha de aquel sueño; quiere decir que la fijación cronologica de un suceso, de cualquier suceso del orbe, es ajena a él, y exterior. (...)
Otros textos budistas dicen que el mundo se aniquila y resurge seis mil quinientos millones de veces por día y que todo hombre es una ilusión, vertiginosamente obrada por una serie de hombres momentáneos y solos. 'El hombre de un momento pretérito -nos advierte el Camino de la pureza- ha vivido pero no vive ni vivirá; el hombre de un momento futuro vivirá, pero no ha vivido ni vive; el hombre del momento presente vive, pero no ha vivido ni vivirá', dictamen que podemos comparar con éste de Plutarco (De E apud Delphos, 18): 'El hombre de ayer ha muerto en el de hoy, el de hoy muere en el de mañana'.

And yet, and yet... Negar la sucesión temporal,negar el yo, negar el universo astronómico, son desesperaciones aparentes y consuelos secretos. Nuestro destino (a diferencia del infierno de Swedenborg y del infierno de la mitología tibetana) no es espantoso por irreal; es espantoso porque es irreversible y de hierro. El tiempo es la sustancia que que estoy hecho. El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río; es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre; es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego. El mundo, desgraciadamente, es real; yo, desgraciadamente, soy Borges."

El contenido, espero que para usted, tanto como para mí, justifica su extension.
Suya.
Teófila

2 comentarios:

Doctus Lupus dijo...

Estimada Teófila,

No entraré en detalles sobre el fondo de la cuestión de vuesa epístola, ya que Vd. sabe que no es mi menester. Debo sin embargo hacerle llegar dos o tres apreciaciones que el vulgo ubicaría en la categoría de "técnicas". Ante todo las dos textos que recomienda sobre sendos doctos escritores Hume y Berkeley. Recuerde siempre Vd que este tipo de epístolas son de rápida lectura, por lo que en general los vínculos deben ir dirigidos a recursos de rápido entendimiento, por ejemplo, una definición de Wikipedia o de otro lugar. Las páginas que recomiendan tal vez sean los mejores recursos en español de estos autores, pero yo quiero al entrar saber quienes son, de qué época, que estilo, sus principales ejes. Por el contrario, no quiero entrar a un sitio que me da muchas opciones, invitándome a un estudio profundo de estos autores me impide continuar con lo que tenía en ese momento: la lectura de vuesa epístola. En caso de que considere importante la lectura en profundidad de un tema, conviene aclararlo desde el vinculo que agrega en la epístola.

Por otro lado y espero que no se ofenda cuando le hablo de temas que atañen a lo personal, debo pedirle encarecidamente que ninguna crisis o guerra le impida a Vd. releer las epístolas antes de enviarlas para evitar de esa manera el oprobio de las faltas ortográficas.

Su siempre leal servidor, Doctus Lupus

Teofilo dijo...

Cara Teófila,
El texto que Vd. me acaba de enviar es harto útil y claro, no sabiendo yo qué cosa agregarle que lo haga más útil aún. Solo resta enviarle la cita que recordaba cuando comencé a leer el texto y pensaba que Vd. había tenido alguna recaída en sus habitual mal estado de sus nervios. -Por cierto, le han hecho efecto esas hierbas que le envié?- Aclaro que el ultimo párrafo de su larga epístola me dio esperanzas de que su salud esté evolucionando favorablemente.
Siempre a sus órdenes y sepa disculpar la nimiedad de mi cita en comparación con la profundidad de su epístola,
Teofilo.

"Si un hombre atravesara el Paraíso en un sueño, y le dieran una flor como prueba de que había estado ahí, y si al despertar encontrara esa flor en su mano… ¿entonces qué?"
Samuel Taylor Coleridge (citado literalmente, según dice Borges)